Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

Archivo de Junio 2007

TOME NOTA, SR. PRESIDENTE…

Publicado por Miguel Contissa en Junio 25, 2007


Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

El resultado de las elecciones del último domingo en la Capital Federal no resultó distinto al esperado: ganó quien ya había superado en número en la primera vuelta, es decir, Mauricio Macri, hijo del controvertido personaje de la década menemista.

Sería injurioso o estúpido decir, como dijo un famoso filósofo próximo al Ejecutivo Nacional (para mi sorpresa, claro) que el “pueblo de la Capital es un pueblo pelotudo” por votar a Macri.

Cuando un individuo vota, en un sólo acto, elige a uno entre varios candidatos. Puede que el elegido porte su deseo político o no. Es posible también que utilice ese instante tanto para catapultar a su candidato como para manifestar algo que no pueden hacer de otra forma. Por lo tanto, cada elección es una fotografía instantánea tomada a la sociedad, quien no será igual en el instante previo ni en el siguiente. Al votar, se manifiesta la pura voluntad, no siempre el deseo.

Decir hoy que Filmus no era el candidato ideal del oficialismo, es ocioso. Todo lo que se diga hoy es ocioso.

Lo que sí puede servir para el análisis, es determinar si este recurrente y anacrónico estilo para encontrar candidatos puede seguir vigente. Me refiero a esa costumbre de “digitar”, de “nominar”, “bendecir” que se estuvo utilizando durante mucho tiempo en el terreno político cuando llega la hora de cubrir cargos electivos, esquivando así a la voluntad popular que puede expresarse mediante los mecanismos institucionales pertinentes.

Concretamente, y ante las distintas derrotas sufridas por los candidatos que digitó el presidente de la Nación, sería prudente que dé paso a procedimientos más ajustados a la democracia, tal como prescribió el General Perón oportunamente.

Más allá de las dificultades y vicios que pueda tener una interna partidaria, nadie está en mejor condicion que el afiliado para elegir un candidato a un cargo político. ¿Por qué si así no es, cómo es?

En cuanto a la decisión del electorado porteño que no dudó en ningún momento sobre el modelo de sociedad y de política que propone el hijo de Macri, sugiero algo ligado al perfil de su ideología neoliberal respaldada en las urnas. Por ejemplo: Abandonar la confrontación odiosa y bochinchera con las privatizadas por el asunto precios y hacer que ellas (teléfonos, trenes, subtes, gas, petróleo, etc.) ajusten tarifas de acuerdo a las reglas del mercado que dicen que, cuando hay mucha demanda (… y vaya si en Bs. As. hay demanda!!!…), el precio del producto aumente proporcionalmente. Por el contrario, cuando la demanda es menor (por caso el resto del país, ese país que los porteños miran desde el balcón), el precio baje también proporcionalmente. ¿No les parece buena idea?… Al menos, habrá coherencia ideológica, política y económica; y el interior de la Nación dejará de “financiar” los gastos y consumos de la gran Capital hoy a todas luces (gracias al Chocón) neoliberal. Eso sería saber interpretar la voluntad popular y proceder en consecuencia.

Finalmente: Sr. Presidente, con el respeto que su investidura merece, tome nota y permita que los afiliados y militantes peronistas a partir de su conciencia política, puedan determinar quién debe ser el candidato de cada distrito. Con Formosa, Río Negro, Ushuaia, Neuquén, tenemos como “para hacer dulce”. Del mismo modo para los futuros candidatos: eviten la búsqueda de “bendiciones” y que sea el Pueblo quien los designe. No sólo será una honra, sino algo legítimo.

25 DE JUNIO DE 2007

Publicado en Notas, Sobre Peronismo | Deja un Comentario »

EL APOYO POLÍTICO DESCENDENTE

Publicado por Miguel Contissa en Junio 23, 2007

Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

Cualquiera de nosotros tuvo la ocasión de leer en castigados paredones urbanos afirmaciones como estas: “Pepe, el concejal del Intendente José”; o esta otra: “Tito, el diputado del gobernador Plaza”; y cuando no: “Miguel, el gobernador de Néstor Kirchner” (en este caso, no me pregunte a cuál “Miguel” puede referirse. Yo, seguro que no soy).

Claro, seguir en escala ascendente de pertenencias y apoyos derivados para cuando uno pretende un cargo político para conducir la administración del estado, puede transferirnos directamente a Dios, por lo que puede inferirse que la “teoría del poder descendente” aún sigue vigente.

La teoría descendente del poder

Como todos saben, “la teoría descendente” de gobierno halló en el imperio bizantino su manifestación práctica: cada funcionario, de cualquier rango, tenía con el emperador la misma relación que éste con Dios y Dios era el que otorgaba el poder al emperador, quien a su vez, estaba por encima de los súbditos y no les debía rendir cuentas. Es decir, verticalismo puro. La doctrina oficial de entonces, era una amalgama del ideal cristiano, concepciones helenísticas y, por encima de todo, orientales. Su pleno auge se alcanza bien entrado el siglo IV, tras el traslado de la capital a Constantinopla por el emperador Constantino y duró hasta el siglo VI. Así, la “voluntad del príncipe” (no el consentimiento de los súbditos) era la materia prima de las leyes imperiales. Más tarde y llegada la monarquía, si bien se disoció ese vínculo entre el poder de la teología y el poder secular, lo difícil de cortar fue la conexión del rey con Dios como proveedor de derecho para el ejercicio del poder. Es a partir de la modernidad y la aparición de la burguesía que se le fue quitando lentamente a la nobleza en nombre de “el Pueblo” esa prerrogativa, estableciéndose en consecuencia una modalidad distinta: el poder para gobernar, ya no vendría del cielo. Tendrá origen en el Pueblo y él será quien lo otorgue.

Este recorrido que incluye un cambio sustancial en la concepción y ejercicio del poder hasta llegar a los sistemas democráticos actuales, estuvo jalonado de enormes tensiones y luchas cruentas que, por ser conocidas, me eximen de comentarlas.

En buena parte de lo que podemos considerar “democracia burguesa” con la división en sus tres poderes, la intermediación del ciudadano con el gobierno se realiza a través de la figura del “representante” que se elije mediante elecciones. Por lo tanto, el título de “representante” lo otorga el Pueblo que lo transfiere y legitima a través del acto eleccionario. Las constituciones occidentales, en su mayoría, señalan que sólo estos representantes del poder soberano son los autorizados para deliberar y gobernar. Obviamente, ninguno de ellos esgrime otra representación que la obtenida mediante estas reglas. Tampoco intenta si no quiere aparecer como un anacrónico, invertir la teoría que, de “descendente” se fue convirtiendo y según lo expresado, en “ascendente”.

Buscando la bendición

Por lo tanto, la pregunta que hoy nos hacemos es: ¿cuál es la razón de este anacronismo político? ¿Por qué ahora todos los candidatos políticos quieren ser “bendecidos” por una instancia superior, si es posible, nacional, internacional e interplanetaria? ¿Por qué necesitan la “voluntad del príncipe”?

El sistema político argentino, se fue perfilando desde comienzos del siglo XX atravesando distintas etapas. Algunas democráticas y otras mediante repugnantes dictaduras. Fue en este siglo cuando tuvieron lugar las más importantes conquistas sociales y políticas. Fue en él cuando las masas populares hicieron valer su conciencia política y lucharon para alcanzar mayor justicia social. Fue el momento en el que el representante político de ese pueblo, verdadera y efectivamente “representaba”. Por otro lado, el representante estaba contenido en un proyecto de liberación que, obviamente, tenía conducción orgánica, y esa conducción, a su vez, estaba en estrecho vínculo con las bases, cerrando así un círculo virtuoso.

Durante los años trágicos de las distintas dictaduras y mientras se llevaba adelante el proceso de “resistencia” popular, la falta de funcionamiento orgánico de vastos sectores sociales como consecuencia de la proscripción, persecución y muerte de muchos militantes y dirigentes políticos, impuso una modalidad distinta. Las órdenes políticas se impartían desde un punto estratégico y los cuadros activos debían obedecerlas, pues el objetivo buscado era volver al ejercicio de la democracia. Dentro de la esfera del peronismo, éste fue el período del “verticalismo”, en el que por razones obvias no era conveniente discutir democráticamente en medio de la lucha.

Cuando se superó esa situación y el pueblo pudo volver a ejercer su poder democráticamente, el conductor natural del peronismo sugirió para el futuro un método distinto para alcanzar la conducción y ejercicio del poder político: la democracia. “Mi único heredero es el pueblo” dijo antes de morir, cerrando de esta manera un estilo de conducción verticalista, puesto que el pueblo sólo podrá organizarse y expresarse mediante el sistema democrático legitimando así cualquier candidatura.

Se abre la brecha

La defección en la que entró parte de la dirigencia política durante los años 80’ y 90’ fue la causa por la que el pueblo, la masa popular tomó distancia de la misma y comenzó a retacearle apoyo, desdibujando así muy lentamente la necesaria legitimidad del cargo ocupado. Esta crisis de representación alcanzó ribetes insospechados. Alcanzó incluso a los grandes referentes de los distintos partidos políticos. “La gente”, como se suele referir al pueblo, sólo comenzó a conectarse con alguno que otro dirigente de modo “directo” a través de los medios de comunicación. Se puso en práctica un nuevo sistema de relación entre el conductor de un partido y no ya seguidores, sino “la audiencia” que, obviamente, dejó de ser pueblo, masa popular organizada para convertirse en un solitario, aislado y desmovilizado “televidente/oyente”. El apasionado ejercicio político tal como se conoció en décadas anteriores que era el sostén de las aspiraciones sociales, había recibido su acta de defunción.

Tal vez por esa razón los “Pepes”, los “Titos”, los “Miguel” que, percibiendo su desconexión con el pueblo y para mejor captar votos futuros, hoy esgriman supuestos vínculos con dirigentes poderosos. “¡Soy el candidato del gobernador o del presidente!”, dirá cualquiera que se sabe desestimado por la “audiencia”, no apoyado por sus cuerpos orgánicos partidarios o con escasa ascendencia sobre su territorio. Si el mensaje alcanza su objetivo, si penetra en el subconsciente del televidente/oyente, si le creen, evita una elección interna y alcanza su exclusivo propósito personal, reeditando de este modo la “teoría descendente”.

No obstante, para que este método tenga éxito y cierre el círculo vicioso, no basta con el mensaje que alude a una supuesta aprobación superior que disparan los candidatos a la audiencia, sino que hace falta que esa instancia superior (la “voluntad del príncipe”), haciendo uso en este caso de un poder especial no otorgado, efectivamente los “elija”, los “señale” con el dedo índice de modo indubitable en nombre de “su proyecto” que seguramente estará aprobado por Dios. Cuando ese momento llega, al encontrarnos en ese punto, se esfuma el poder popular y se nos anula como organización política y social. También se niega o subestima nuestra conciencia política, pues se nos quita la posibilidad de suponer la existencia y manifestar interés por otro candidato que no sea el “elegido”, habida cuenta que “alguien”, que ostenta “mucho poder” ya decidió por nosotros, pobres mortales ignorantes. Por lo tanto, si la política ya tenía su acta de defunción, este último “acto divino” no es otra cosa que su entierro en nombre de un “proyecto descendente” que el Pueblo debe aceptar para no caer en la antinomia ni aparecer como hereje desquiciado.

Conclusión

Este anacronismo como es el de la bendición de la instancia superior para alcanzar un cargo político, podría ser resuelto siempre y cuando dentro de cada organización social, volvamos a la ideología, a la democracia como estilo integral de vida, al compromiso con la comunidad, al interés por el otro, a la lucha por la liberación del hombre contra las injusticias y, fundamentalmente a la recreación de la organización político partidaria mediante la formación intelectual y técnica de los futuros dirigentes, para que sea el mérito y no la trenza o el dedo el camino. De lo contrario, la brecha entre poder político y poder del pueblo será cada vez mayor. Y en esa situación, no tenga dudas que gana “el mercado” y pierde la comunidad.

Septiembre de 2006

Publicado en Notas, Sobre Peronismo | 1 comentario

GOBIERNO Y PODER

Publicado por Miguel Contissa en Junio 23, 2007

Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

Es común escuchar en muchos actores políticos, especialmente aquellos de “ideología líquida”, esos andinistas de la política, prometer o advertir sobre acciones futuras para “cuando se llegue al poder”, como si esa instancia fuese un sitio ubicado a la vuelta de la esquina o componga algún circuito turístico.

En realidad, el discurso contiene una proposición: “el día que se logre estar en el gobierno” (tal vez) se cumplirá con lo expresado públicamente, confundiendo indebidamente el gobierno con el poder. En el mundo real, es posible acceder al gobierno, pero eso no implica necesariamente “tener el poder”. En este sentido, la historia del peronismo tiene muchos antecedentes al respecto cuando, especialmente en épocas de su proscripción, lograba incidir sustantivamente en el desarrollo de los acontecimientos políticos y sociales.

Ahora bien, el poder que sirve, que trasciende, que revoluciona, no es un “objeto” ni un sitio. Por ello, la ideología peronista, en su esencia, no lo piensa para la “dominación”, sino para la “liberación”. Lo considera propio de las relaciones humanas que serán, de una u otra manera, sociales y políticas. De ahí que la “construcción” de ese poder se ajustará, al igual que para los sujetos, a una intensa lucha por “el reconocimiento” por parte de los demás. Una vez logrado el “quién, cómo y cuándo” se es reconocido, podemos afirmar que estamos en presencia de, al menos, una porción de “el poder”.

En otro sentido, el gobierno, en términos de administración del Estado, desde ya “objeto” y como tal, no tengan dudas que puede ser aprehendido dentro del sistema democrático mediante sus prácticas, si la sumatoria de adherentes a ese proyecto es suficiente como para superar a los adversarios. Un solo voto más, alcanza. Pero esta conquista, sólo habilita a utilizar los recursos coactivos que tiene el Estado y que constituye el extremo opuesto de gobernar mediante la persuasión y el reconocimiento. De este estilo de gobierno, la historia argentina tiene sobrados y tristes recuerdos. Por eso, “gobernar es persuadir”, decía Juan Perón.

El “otro poder”

No obstante lo expresado precedentemente, existe otro modo de construcción del poder que se aleja del que posibilita el reconocimiento.

Nuestra provincia, desde hace 23 años tiene a un partido político en el que confluyen “gobierno y poder”: la UCR. ¿Sirvió para algo? ¿Fue trascendente? ¿Revolucionó? ¿Creció la provincia desde lo social, político, económico? ¿Sus habitantes gozan de mejor educación, de mejor salud y mejor justicia? ¿Se sienten seguros los rionegrinos?. Las respuestas Ud. las tiene, lo que me libera de brindárselas.

Ahora bien, esta confluencia que tiene soporte y estrecha vinculación con “el líder radical” y su aceitada maquinaria electoral, no es precisamente el mejor de los “poderes”, puesto que sirve sólo como “poder de dominación” que, cuando llega, lo hace para quedarse. Es un poder coactivo, sórdido, tejido con finos hilos prebendarios en el que todo está ligado por distintos intereses personales y cuyo único fin es el de perpetuarse en la administración pública para utilizarla en beneficio propio.

El “nuevo poder”

La realidad nos muestra que los rionegrinos necesitamos recrear una nueva sociedad, más solidaria, más justa y más libre. El poder que hoy necesitamos construir, el “nuevo poder”, el que nos conduce a la “liberación”, deberá ser popular a partir de nuevas relaciones sociales y políticas y, en orden de prioridades, eso tendrá que ser antes de que la mayoría que busca denodadamente “un cambio”, llegue a ocupar el gobierno. Es decir, primero convencer. Pero atención, porque no se convence con tanques de guerra ni con misiles, sino con discurso sólido que incluya una idea superadora de la realidad alienante; con ejemplo cívico; lejos del egoísmo personal, de la trenza; cerca del “otro”, de la cooperación.

Por lo tanto y para que algo cambie, en la construcción del “nuevo poder” y dada su indelegable misión histórica, el peronismo rionegrino deberá esforzarse en realizar un mejor desarrollo de estructuras organizacionales que presenten individual y colectivamente signos de verdadero y sentido “reconocimiento” por parte de la sociedad; que respondan claramente a las aspiraciones siempre vigentes de los sectores populares. Ese poder, ese “nuevo poder”, el peronismo debe construirlo desde la base como son sus organizaciones barriales, municipales y territoriales que, actuando solidariamente y en red, podrán configurar un proyecto de desarrollo común en el que se deberá rescatar las utopías y se revalorizará el trabajo. Entonces, estará a la vista que no hacen falta “padrinazgos” ni “bendiciones presidenciales” cuando se piense en el gobierno provincial, pues esa organización peronista será el fiel reflejo de los intereses del pueblo, y contra eso nadie se atreve y todo se alcanza.

Es por lo tanto necesario rescatar el concepto de organización, pues las voluntades individuales, por válidas que sean, no son suficientes y en muchos casos sólo representan apetitos personales que suelen no estar a la altura de las circunstancias.

El gobierno no es el poder. El poder no es el gobierno. No obstante, ambos tienen que servir para liberar al Hombre.

Septiembre de 2006

Publicado en Notas, Sobre Peronismo | Deja un Comentario »

SER Y PARECER

Publicado por Miguel Contissa en Junio 23, 2007

Publicado en el Diario Digital de S. C. de Bariloche

Opina Miguel Contissa.

Retoma el tema de la libertad y la igualdad dentro del mundo “civilizado”, a partir del comentario de la jueza civil Isabel Grillo.
10 enero 2007

El Diario Digital de Bariloche, publicó semanas atrás un muy interesante artículo titulado “Ser y parecer” a cargo de la jueza en lo Civil y Comercial de la ciudad de Resistencia, Chaco, que invita a la reflexión sobre la libertad, la igualdad y la ley dentro de nuestro mundo “civilizado”. Hace referencia también a la escisión que sufre el individuo como ciudadano entre el ser y el parecer. La doctora Iride Isabel María Grillo nos trajo a Rousseau y su “Contrato”, sugiriéndonos explorar también dentro de la filosofía y la historia.

Bien. Me atrevo a retomar su título sólo para dar la necesaria relación y coherencia al diálogo.

Sabemos que durante el siglo XVIII se produjo la revolución industrial que trajo aparejada la subsunción del “trabajo” al “capital”, es decir, la separación del hombre como productor de los “medios de producción”. Esta primera escisión logró quebrar, romper, destruir todas las totalidades orgánicas que existían y en las que el individuo era contenido: la familia ligada a la tierra, el gremio, la Iglesia. De resultas, el individuo se aísla, queda solo y desvalido frente a un mundo nuevo que le ofrece coercitivamente distintas alternativas: trabajar en una fábrica, ser asaltante o convertirse en mendigo. Es el nacimiento de aquello que Hegel denominó la “sociedad civil”, o sociedad burguesa. Es la llegada de la modernidad cuyos filósofos tratarán de escrutar a fin de encontrarle “racionalidad”.

Justamente es Hegel, -según algunos “el filósofo de la burguesía”-, el que presenta una de las cosmovisiones más atrevidas: la dialéctica, es decir, la superación del particular en el universal. Si el sujeto no se hubiese escindido del universal, o sea del mundo que lo contenía, como consecuencia de la llegada del capitalismo, Hegel no habría desplegado su teoría. El tema que ocupó entonces a los filósofos, fue cómo explicar y resolver esa desestructuración que atomizaba a los individuos al separarlos de su ámbito y que incubaba una anarquía potencial que ponía en peligro el orden social, económico y político que se acababa de establecer.

Algunos, como Thomas Hobbes, no dudaron en proponer un estado absolutista, es decir un orden por medio de la fuerza, de la coerción, bajo el argumento que el hombre, cuando está fuera de este tipo de gobierno, vuelve a su “estado de naturaleza”, pre social, en el que cada uno vela por sí mismo y es capaz de agredir a los otros. La solución entonces será celebrar un pacto, un contrato en el que se cede la soberanía particular a un individuo, en este caso “el soberano”, para que mantenga la paz y el orden. Será el gran Leviatán.

Otros en cambio, liberales como John Locke (verdadero filósofo de la burguesía naciente) o Adam Smith, no dudaron en prescribir que la existencia de un “estado” debía ser la más mínima posible. No debía inmiscuirse dentro del ámbito económico y sólo tenía que ocuparse de proteger mediante el sistema jurídico, la cosa más valiosa de esa nueva clase social emergente como era la burguesía: la propiedad, a partir de la cual, el sujeto se realizaría. El resto de la actividad social y económica sería resuelta por medio de “la mano invisible”.

Luego y como consecuencia de la lucha por quitar poder al rey y su “origen divino”, otros como Jean Jacques Rousseau proponen un estado democrático. Al igual que Hobbes, opina que el hombre debía realizar entre todos un “contrato”, pero en este caso a través de la “voluntad general” para alcanzar el bien más preciado: la libertad.

Finalmente y volviendo a Hegel, este propone para la plena realización del hombre la constitución de un “estado ético”, en el que se superarán todos los conflictos para culminar en la eticidad, es decir, una matriz de los más altos valores humanos que se expresan mediante el arte, la filosofía y la religión. Pero a diferencia de Hobbes y Rousseau, Hegel no estima favorable la constitución de un “contrato” para alcanzar la realización del hombre. Opina que tal acuerdo es inepto y contradictorio, pues sólo se establece para garantizar “la propiedad” que es en aquellas teorías, la realización del sujeto. Contratar, acordar, significa que la intención “del otro” está en colisión con mis pretensiones. Además, al ser un convenio entre partes, es sólo voluntad común y no general o universal, y la suma de voluntades individuales no necesariamente conduce a la universal. Sólo se alcanza la voluntad común. Por otro lado, nada garantiza que a través de la celebración de un contrato se constituya un acto de justicia.

Hacia una nueva eticidad

Sin apartarnos de Hegel, opina que toda eticidad contiene en su seno la moralidad. Así, el ser ético o la eticidad, no es otra cosa que un Pueblo con sus valores, sus instituciones, sus leyes, su idioma, su religión. Es la misma “idea de la libertad” que puede realizarse y que potencia al individuo posibilitando su expansión en el mundo existente. Es allí donde se realiza el sujeto porque es él quien lo crea y se recrea. Es el caso de la “polis” griega, en la que se adoraban a todos los dioses que ellos mismos imaginaron y obedecieron leyes que sólo ellos dictaron. No había dudas ni omisiones. Estaban integrados a su propio ethos, a su propio refugio, sumergidos plenamente. Sólo con la aparición del individuo como tal se rompe en pedazos la eticidad y el hombre se vuelve una partícula apoyado sobre su propiedad.

Por ello, tal vez para superar el momento actual en que el hombre se encuentra y que tan bien describe la doctora Grillo sea necesario no sólo analizar las injusticias, distorsiones y corrupciones que, entre tantos, denunciaron “los Rousseau”, sino intentar por todos los medios y desde todos los sectores de la sociedad, superar, trascender el “estado de naturaleza roussoniano” y alcanzar una Comunidad Organizada en la que el sujeto pueda realizarse como tal; en la que no exista el sentimiento de pérdida de derechos y libertad que brinda el trabajo. Intentar indubitablemente que la ley no esté al servicio del poderoso ni sea moldeada por éste, sino alcanzada por todos y que a todos alcance. Es decir, que lo que parezca, sea.

Respuesta de una lectora del diario:

Después de Hegel, Marx
Escribe la lectora Enriqueta Ciarlo. Retoma el análisis planteado ayer por Miguel Contissa respecto a la libertad y la igualdad y agrega al debate el nombre de Karl Marx (“me parece justo, pues de otro modo le faltaría una pata a la reflexión”) Y pregunta: “Si como dice Marx el ser es lo que produce y cómo lo hace, ¿cómo somos nosotros en el contexto en el que vivimos actualmente, visto nuestro hacer y el modo?”.

11 enero 2007, jueves

Algo para agregar al comentario de Contissa

El señor Miguel Contissa nombró a Thomas Hobbes, John Locke, Jean Jacques Rousseau y G. W. F Hegel. Yo añadiría a Karl Marx (me parece justo pues de otro modo le faltaría una pata a la reflexión de Contissa), quien formándose como discípulo de Hegel le criticó su teoría sobre el espíritu absoluto, y el ser a partir de la idea del pensamiento abstracto.Sin embargo, sí tomó de Hegel su método dialéctico, creando el materialismo histórico, el cual considera al ser como resultado de su hacer, y ese hacer en la sucesión temporal hace la historia. Así postula que el hombre produce y se produce a sí mismo como hombre a través del trabajo y su producto, y el cómo produce.Habla de los modos de producción, las relaciones de producción y caracteriza al capitalismo como un modo de producción basado en relaciones de dominación, donde la propiedad de los medios de producción y la división del trabajo tienen importante papel. Es decir, que la historia de la humanidad es la historia de los modos de producción y la lucha de clases a partir de las relaciones de dominación.El plantea finalmente que el cambio se da cuando la clase proletaria a través de la lucha política desarma al Estado y produce el cambio del modo de producción capitalista al modo de producción socialista. No hay otro modo de cambiar la historia. Porque la moral, el ethos nace de las relaciones sociales de producción de los hombres, de los modos en que produce y distribuye el producto. La idea surge del hacer y no al revés como postulaba Hegel (idealismo) Mi pregunta es: si como dice Marx el ser es lo que produce y cómo lo hace, ¿cómo somos nosotros en el contexto en el que vivimos actualmente, visto nuestro hacer y el modo?

Cordialmente, Enriqueta Ciarlo

RESPUESTA AL COMENTARIO DE ENRIQUETA

Escribe Miguel Contissa. Días pasados, la lectora Enriqueta Ciarlo sugería incorporar el nombre de Karl Marx a una serie de reflexiones sobre la igualdad y la libertad. Contissa recogió el educado guante y respondió de la misma manera, incluso con más preguntas: “Sencillamente, amiga mía (y permítame contarla entre ese grupo), creo que hoy tenemos importantes principios ausentes que servirían para apuntalar nuestra pobre existencia. Ellos son el milagro del amor, el estímulo de la esperanza y la perfección de la justicia”, dice.19 enero 2007,

Estimada Enriqueta Ciarlo: Mucho lamento no haber respondido rápidamente su pregunta formulada hace varios días sobre cómo somos en el contexto actual en que vivimos. La suya, es una pregunta que es constante en el tiempo, es formulada en cada momento histórico en el que el hombre cambia sus coordenadas. Por lo tanto, dada su profundidad, está muy lejos de mí siquiera suponer que puedo responderla. Sólo podría aportar más preguntas, anhelos o esperanzas.

Es cierto, no fue incluido en mi breve síntesis histórica la figura de uno de los grandes pensadores del siglo XIX como es Carlos Marx y que avanza con el método dialéctico de Hegel hacia el materialismo histórico. Mi intención fue detenerme en la idea, en la posibilidad (utópica, diría) de alcanzar la superación de la alienación del hombre por otro camino que no sea el de esperar que la burguesía termine de profundizar el capitalismo y ceda luego su lugar a la “dictadura del proletariado”.

¿Por qué? Porque parece demostrado que la profecía marxiana dista mucho de alcanzar su objetivo y porque si seguimos abonando su labor, si avanzamos crédulamente hacia aquella futura instancia post capitalista, nos quedaremos sin naturaleza, sin mundo vital, sin aquello que pueda serle útil al “futuro gobierno proletario”. Y lo que es peor, nos quedaremos sin el Hombre. Por otro lado, porque el marxismo convirtió en materia política la discusión filosófica e hizo de ella una bandera para la interpretación materialista de la Historia.

Pero su pregunta es ¿cómo somos en este contexto, en este momento histórico en el que nos encontramos? Como afirmé que no tenía más que dudas, no hago más que plantearlas:

* ¿Cabe esperar que “la lucha de clases” nos conduzca al gobierno proletario marxista o existe otro camino que pase por el amor y la concordia, por el abandono del egoísmo utilitarista y del individualismo?

* ¿Existen en esta época las “clases sociales” tal como las definía Marx o la licuación social, económica y política que impuso el liberalismo y el neoliberalismo burgués constituyó otra forma de identificar a los grupos sociales dentro de una comunidad?

* ¿El modo de producción post capitalista actual es igual al del capitalismo maduro?

* ¿Existe el proletariado laborando o existen grandes masas de desocupados y excluidos? ¿Quedan aún en pie las fábricas con grandes concentraciones obreras o por el contrario hoy la “globalización” impuesta a “sangre y lodo” (frase que tomo de Marx) por el imperialismo acentuó la división internacional del trabajo?

* ¿Es “la burguesía”, como icono del capitalismo, la que está al frente del sistema u hoy el régimen financiero internacional que se maneja desde una PC, tiene la conducción del proceso?

* ¿La “periferia”, proveedora de materias primas y mano de obra baratas (cuando no esclava) que enriquecieron a aquellas burguesías que Marx alentaba, se integró al “centro” en la etapa capitalista madura o sigue cumpliendo su rol de “sostén natural” del primer mundo actual y futuro?

En el centro de todas esas preguntas está el ser humano, y no hay dudas de que el progreso alcanzado a través del tecnocapitalismo sólo nos condujo a una mayor separación entre el hombre y la naturaleza. Si bien se intentó advertir al mundo del peligro que suponía ese hecho, ni siquiera se preparó al hombre desde lo espiritual; no se le ofreció aquella coraza que brinda una verdad sólida que le hubiese establecido la relación entre su yo, como medida de todas las cosas, y el mundo que lo circunda.

¿Cree usted, Enriqueta, que en ese contexto, el hombre, empujado como víctima por ese mundo tecnocapitalista, es conducido hacia algún lugar?

¿Es posible suponer (y esto tiene que ver con su pregunta) que la medida del hombre es su producción material y su posibilidad de acumulación o podemos imaginar y hasta desear otro parámetro más ligado a lo espiritual, a lo supremo?

Sencillamente, amiga mía (y permítame contarla entre ese grupo), creo que hoy tenemos importantes principios ausentes que servirían para “apuntalar” nuestra pobre existencia. Ellos son el milagro del amor, el estímulo de la esperanza y la perfección de la justicia. Aquí, cito a Juan Perón cuando decía en 1949 que “los rencores y los odios que hoy soplan en el mundo, desatados entre los pueblos y entre los hermanos, son el resultado lógico, no de un itinerario cósmico de carácter fatal, sino de una larga prédica contra el amor. Ese amor que procede del conocimiento de sí mismo e, inmediatamente, de la comprensión y la aceptación de los motivos ajenos”.

Por ello, el ethos que debemos construir y reconstruir -y esto expresado como anhelo-, debe sustentarse en los valores del pueblo todo, porque nuestra comunidad actual y futura no debe tender a ser de bestias sino de hombres; es decir, una comunidad en armonía como sentido de plenitud de la existencia.

Y aquí, volviendo a Hegel de mi anterior, imagino que al principio hegeliano de realización del yo en el nosotros, es preciso agregarle la necesidad de que ese “nosotros” encuentre su realización y perfección por el yo. Repitiendo a Perón, termino adhiriendo a su principio que dice que “el progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad. La náusea está desterrada de ese mundo, que podrá parecer ideal, pero que es en nosotros un convencimiento de cosa realizable. Esta comunidad que persigue fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo puede realizarse y realizarla simultáneamente, dará al hombre futuro la bienvenida desde su alta torre con la noble convicción de Spinoza: «Sentimos, experimentamos, que somos eternos.»Un gran abrazo y ha sido un gusto “dialogar cibernéticamente” con usted.

Miguel Contissa

miguel@contissa.com.ar

Publicado en * Actualidad Barilochense, Notas | Deja un Comentario »

¿ÁGUILAS O GALLINAS…?

Publicado por Miguel Contissa en Junio 23, 2007

Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

En el ámbito popular existe una fábula interesante que quiero compartirla con Uds. a riesgo de que ya la conozcan: se trata de la historia de un águila que fuera criada en un gallinero. Dice así: “Exploraba un jovencito aquellos lugares particularmente bellos de la cordillera, cuando de pronto se encuentra con un huevo de ave sobre el que no pudo precisar a cuál especie pertenecía. Con mucho cuidado lo guarda en su mochila. Ya en su casa, decide agregarlo a uno de los nidos de sus gallinas que empollaban en el gallinero. Con el correr de los días, junto a los polluelos de gallina también aparece aquel traído con tanto esmero de las cumbres. Resultó ser un polluelo de águila al que la gallina adoptó sin advertirlo.
Sus días transcurrieron sin sobresaltos. Fue tiernamente atendido por la gallina que lo consideró uno más de los suyos. Aprendió todo lo que una gallina puede enseñar y vivió según sus hábitos: recorría el corral en buscando granos e insectos para comer y, por las noches, solía saltar hasta las ramas más altas de un viejo árbol para pernoctar.
Un día, sobre un limpio cielo azul alcanzó a divisar una imponente ave que volaba majestuosa. Inquieta, le pregunta a una vieja gallina qué tipo de ave era aquella que, por alcanzar tanta altura, demostraba disponer de mayor libertad.
-Es un águila-, le contestó su amiga. Las águilas se caracterizan por lograr esas alturas y volar felices y libres.
-¿Y nosotras?-, le pregunta angustiada.
-¡Ah, no! Nosotras no podemos hacerlo. Por lo tanto, ni sueñes con imitarla. Vive la vida que te enseñamos. Vive como una gallina, pues nosotras no podemos ser otra cosa.
Sumisamente el águila-gallina aceptó la sentencia y así vivió hasta sus últimos días: sin saber que podía volar. Sin siquiera intentar desplegar sus alas tal como veía en aquella que le había despertado admiración. Y lo más grave: sin percibir, sin tomar conciencia de que ella era un águila.”

A partir de aquí, los invito a salir de la rutina cotidiana y dejar de saber “lo que tenemos que saber” de los noticieros teatralizados de la TV para reflexionar sobre nuestro pasado, presente y futuro. Sobre qué cosa somos como Pueblo; sobre nuestra identidad como país dentro de la Nación Suramericana; sobre nuestro potencial como Comunidad; sobre nuestra Conciencia Nacional.

La fábula precedente, puede servirnos también para lograr “calificar” críticamente a muchos de nuestros hombres del pasado y del presente en función de su conciencia y de sus hábitos. De sus dichos y de sus hechos. Puede ser útil para despertar conciencias dormidas, mal educadas o “colonizadas”. Para traer desde el fondo de la Historia el aliento de nuestros olvidados, distorsionados o mal interpretados próceres. Para reivindicar sus esfuerzos y, muy especialmente, para devolvernos la esperanza. Para encontrar las respuestas que los “ Felipe Pigna”, “Halperin Dongui”, “Agüinis”, “García Hamilton” nos escamotean a través de la difusión de la anécdota intrascendente. Es decir, para dar prospectiva.

¿Cómo hacerlo? Fácil: pregúntese, por ejemplo, si Moreno o Monteagudo eran “águilas o gallinas”; lo mismo con Rivadavia, Dorrego, San Martín; Si Mitre, Sarmiento, Urquiza (más allá de nombres de ex ferrocarriles), eran “águilas o gallinas”. Igual para los que hicieron historia en el siglo XX. Por ejemplo: Irigoyen y Perón; Aramburu, Rojas, Martínez de Hoz. Si quiere entrar en este siglo, métale nomás y elija entre los “famosos” que escuchamos o leemos diariamente. Repito: es fácil. Lo importante es preguntarse quiénes quisieron o quieren “volar alto” y quiénes nos propusieron o nos proponen seguir siendo “gallinas”. Es decir, libertad o gallinero.

A propósito… le hago una “pregunta indiscreta” con el mayor de los respetos y en voz muy bajita mientras me acerco a su oído: ¿Ud. se considera águila o gallina?…

Febrero de 2007

Publicado en Notas, Varios | 2 Comentarios »

…Y FINALMENTE RECORDÉ…

Publicado por Miguel Contissa en Junio 23, 2007

Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

… recordé especialmente aquello que no recuerdan los historiadores de moda ni los actuales referentes de los Derechos Humanos, para quienes la historia de las violaciones comienza aquel día en que Videla es preso de una tremenda duda existencial: salir de pic-nic al Delta con Masera o tomar la Casa Rosada por asalto… claro, como todos hoy sabemos, optó por esta última alternativa por ser más “emocionante” y ajustado a “su” ideología, es decir, combatir al enemigo “marxista leninista” que ponía en riesgo a las instituciones de la república…(¿?)

…una vez más atravesamos otro 24 de marzo… Estos últimos años, nos vemos empujados por la profusa difusión mediática que invita a recordar el genocidio de miles de personas; que propone hoy inteligentemente un “nunca más”… es decir, un apoyo irrestricto al sistema democrático que, leído al revés, sería algo así como “no llamar más a los milicos para voltear gobiernos constitucionales”… en fin…

Pero en ese ejercicio, en ese buceo por la memoria, encontré muchas más cosas… como cuando uno revuelve el viejo arcón de los cosas pasadas… al abrirlo, encontré muchas de las raíces de este “24 de marzo”… y entonces recordé…

…recordé que aquel peronismo derrocado en 1976 por una banda de forajidos, no era la primera vez que sufría un ataque similar. Ya en 1955 había tenido su preludio y que sobre eso nadie habla… nadie habla de las fuerzas colonizadas y antipopulares ocultas en el sistema democrático (civiles, militares, eclesiásticos, políticos)…

…Recordé que desde 1945, año en que el pueblo decide apoyar a Perón en su proyecto de liberación nacional, esas fuerzas (repito) colonizadas y antipopulares enmascaradas en algunos partidos políticos o en instituciones de la república, no dudaron en utilizar toda su fuerza para vencer a su enemigo coyuntural: el peronismo. Es más, dentro del mismo siglo ya lo habían hecho con Irigoyen. Si quieren, podemos ir más atrás…

…por ejemplo y sin proponérmelo, recordé lo expresado por el Partido Comunista en una suerte de bienvenida al golpe: “Ayer, 24 de Marzo, las F.F.A.A. depusieron a la presidenta María E. Martínez, reemplazándola por una Junta Militar integrada por los comandantes de las tres armas. No fue un suceso inesperado. La situación había llegado a un límite extremo ‘que agravia a la Nación y compromete su futuro’, como dice en uno de los comunicados de las F.F.A.A.”… y rematan el comunicado afirmando: ““El P.C. considera auspicioso que la Junta Militar haya desechado una solución ‘Pinochetista’. (…) Los imperialistas y fascistas sueñan con el pinochetazo, con un baño de sangre”…
…recordé programas de radio en Bs. As. en los que aparecían, como dice Baraibar, “La Unión Cívica Radical, con la retórica evanescente y citas de Almafuerte de Ricardo Balbín, dando, unos días antes, un ultimátum a la presidente. También el proso-popéyico y siempre engolado Oscar Alende, el mismo que había sostenido con el énfasis habitual en él a Roberto Levingston – aquel oscuro generalote de “inteligencia” que sucedió a Onganía –, había tenido su turno para apostrofar al gobierno. Ellos, más Horacio Sueldo de la democracia cristiana; Francisco Manrique, el ex bombardeador de Plaza de Mayo; Fernando Nadra y Rubens Iscaro del partido comunista; los estólidos hombres de negocios del frondizismo; los socialistas de Américo Ghioldi y Luis Pan; aquel olvidado Héctor Sandler, heredero de Aramburu y hoy “utilísimo y satelital” empresario televisivo; Raúl Alfonsín y el siempre atribulado Ernesto Sábato; el diario La Nación y Clarín; Jacobo Timerman desde La Opinión y Juan Carlos Coral y Nahuel Moreno desde la secta trotskista llamada Partido Socialista de los Trabajadores – traducción directa del Socialist Workers Party norteamericano –; las conducciones de Montoneros y del ERP, todos, toditos con la excepción del Frente de Izquierda Popular (FIP), el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y, por supuesto, el callado y no consultado pueblo argentino, todos bregaban por voltear a la presidente”. ¿Qué cosa, no?…
…de pronto, bajo unos papeles del arcón, apareció la editorial del 1 de abril de 1976 del diario Clarín, dirigido en aquel entonces por doña Ernestina Herrera de Noble, y mediante la cual afirmaba sin rubor y con una decisión hobbesiana que “El esfuerzo del nuevo gobierno estará centrado en operar la reorganización nacional. Uno de sus principales campos de acción será la reconstrucción del Estado, cuyo ordenamiento permitirá dotar al país “del instrumento capaz de impulsar una profunda tarea de transformación”. En primer lugar, le tocará a él ejercer el monopolio de la fuerza y cumplir las funciones vinculadas con la seguridad interior. Demás está decir que esa fuerza será empleada sin vacilaciones en el combate frontal contra la delincuencia subversiva en cualquiera de sus manifestaciones. “… ¿qué me cuenta?… Sin embargo, hoy este multimedio, este “Grupo Clarín”, es junto a otros, uno de los apóstoles de la democracia!!!…
…por momentos, mis oídos ganan libertad y me traen aquella frase justificativa de las gordas y gordos de clase media cuando se enteraban de algún secuestro o asesinato: “algo habrán hecho”… lamentablemente, hoy esa frase se utiliza sin empacho para nominar un lavado programa de TV pseudo histórico que propaga el sistema para tapar la verdadera historia de los argentinos. Seguramente esas gordas y gordos hipócritas, habrán estado y estarán en cada acto conmemorativo del golpe de estado en su lucha por el “nunca más”… eso si, los que “hicieron algo”, para nuestro dolor estarán ausentes… como desaparecidos, diría…

…pero ¿qué pudo hacer el peronismo para merecer tanto odio y tanta venganza?… y claro!!!… ahí recordé relatos, testimonios de muchos viejos peronistas y otros que adherían críticamente… y para abundar en datos, revisé archivos, leí bibliografía que no pertenece a los historiadores a sueldo del sistema o a la bibliografía sugerida en colegios y universidades y ahí encontré algunas razones…

…aparecieron las conquistas sociales en todos los ámbitos laborales y una cosa grave para ciertos grupos sociales: despertó y organizó la conciencia del “cabecita”… se logró un fuerte desarrollo de la pequeña y mediana industria… la sustitución de importaciones por productos nacionales… es decir, se vivieron 10 años de pleno crecimiento económico con Justicia Social… ¿será esto lo que tanto molesta a las fuerzas colonizadas del anti pueblo?…
…al revolver el montón de fotos, cartas, recortes, más abajo, casi perdido en el arcón pude ver traspapeladas unas frases impresas en letra de imprenta sobre un amarillento papel… en realidad, más que frases emblemáticas podrían ser considerados principios ideológicos nacionales. Ellos son: “Justicia Social”, “Independencia Económica” y “Soberanía Política” y estaban coronadas por el símbolo distintivo del peronismo: su escudo. La Justicia Social significa para el no enterado la solución de la problemática social derivada de la explotación del hombre por el hombre. Es decir, la forma de realizar la equidad de todos los sectores de la comunidad. La Independencia Económica y la Soberanía Política, son banderas que representan la reivindicación nacionalista para lograr la Liberación Nacional reclamada, sin endiosamiento al Estado, como planteaba el fascismo, o a razas superiores como había pretendido el nazismo… En este día me pregunto: ¿estos principios filosófico políticos puede desatar tanto odio hacia el pueblo y hacia su conductor?… ¿Quién que ame a su país puede negarse a ellos y armarse contra su pueblo sin incurrir en Traición a la Patria?…
…alejé la vista del arcón y miré por la ventana… me perdí en un punto de mi viaje al pasado… allí, pude recordar algunas voces… por ejemplo la de mi viejo cuando decía que el Peronismo también busca la Tercera Posición ideológica como solución universal a la lucha de clases y que es distinta a la del marxismo internacional dogmático y a la del demoliberalismo capitalista, pues estas últimas conducen al dominio imperialista en el mundo. El peronismo según su creador, era una ideología del tipo socialista que oscilaba entre lo ortodoxo y lo heterodoxo de esa doctrina. Obviamente, no se podía ser inocente y había que saber moverse dentro de ese marco sin caer en las trampas que tendía el imperialismo ruso o la socialdemocracia europea… ¿será por eso que el peronismo se granjeó el odio de la izquierda y de la derecha argentinas?…
…muchas veces escuché en reuniones clandestinas y de boca de viejos peronistas decir que el Movimiento Peronista tiene una doctrina obrera y popular; independiente de las decisiones e influencias de cualquier régimen foráneo; que es en su esencia cristiano y profundamente revolucionario; defensor de la industria nacional y decididamente antiimperialista…. ¿habrá en esto razones para que las empresas multinacionales, los grandes importadores y exportadores y los organismos de crédito internacional siempre “pateen en contra”, armen revoluciones y decidan el exterminio de militantes utilizando a los colonizados internos?…
…no se porqué, súbitamente, recordé que en 1976, año en que es derrocado el gobierno constitucional, el país debía 7.800 millones de dólares… ¿cuánto estamos debiendo aún hoy y después de haber pagado al FMI una deuda ilegítima e ilegal?… Eso me hizo recordar la recomendación de Perón en cuanto a no pedir prestado….y menos a los usureros…
…y así seguí recordando… recordé especialmente aquello que no recuerdan los historiadores de moda ni los actuales referentes de los Derechos Humanos, para quienes la historia de las violaciones comienza aquel día en que Videla es preso de una tremenda duda existencial: salir de pic-nic al Delta con Masera o tomar la Casa Rosada por asalto… claro, como todos hoy sabemos, optó por esta última alternativa por ser más emocionante y ajustado a “su” ideología, es decir, combatir al enemigo “marxista leninista” que ponía en riesgo a las instituciones de la república…(¿?)
…después recordé los fusilamientos de peronistas en los basurales José León Suárez en 1955 (ver el film de Rodolfo Walsh “Operación Masacre”)… los bombardeos a la Plaza de Mayo en los que murieron cientos de inocentes transeúntes… los fusilamientos del General Valle, de Cogorno y tantos otros militares y civiles que defendieron la Constitución en 1955… recordé la desaparición de muchos militantes sindicales… Recordé las persecuciones de obreros y empleados en las fábricas y en las empresas del estado… las cesantías…las apretadas en los lugares de trabajo…
… y así, mientras recorría capitulo tras capítulo de la historia argentina contemporánea que es traslapada por la pléyade del sistema, volví a recordar a muchos compañeros muertos o “desaparecidos” (triste eufemismo de asesinados) por el antiperonismo…
…recordé entonces a esta altura que es preciso ratificar que el peronismo es un Movimiento de Liberación Nacional y que por lo tanto, el accionar de sus militantes no será gratuito ni aliviado, pues si cumple con su misión histórica, se enfrenta al poder real y concreto, al que te saca los recursos naturales, al poder que oprime y explota sin dudarlo un segundo. Al poder que no jode ni perdona, porque si es necesario, te crucifica; al que aumenta los precios y le saca ventajas al laburante; el que secuestra a los “López” para demostrar que aún puede; es decir, el sempiterno enemigo del peronismo y amigo de los cipayos internos…
… por eso, en este nuevo aniversario del 24 de marzo y en nombre de los caídos en la lucha, espero que su dirigencia lo recuerde y no traicione el mandato popular como hizo el menemismo, ese engendro político económico de lo colonizado, antipopular y antinacional…
Por todo esto, que no nos falle la memoria…

24 de marzo de 2007

Publicado en Notas, Sobre Peronismo | Deja un Comentario »

RESPONSABILIDADES COMPARTIDAS

Publicado por Miguel Contissa en Junio 23, 2007


Por Miguel Contissa

miguel@contissa.com.ar

…Jamás debiera haberse llegado a esta instancia trágica si cada sector hubiese entendido que quien se tiene delante no es un enemigo; y que quien lo acompaña en la protesta, o es su subordinado en la tarea policial, necesita ser sosegado, asesorado, contenido y protegido.
.

Tengo una pregunta para hacer: En una sociedad que se autodefine como racional, democrática y progresista, la violencia, en cualquiera de sus formas y direcciones, ¿puede ser resuelta con otra de signo contrario o existe otro camino?

Me cuesta creer que algunos actores políticos, sociales, gremiales y religiosos pierdan el marco de referencia. No puedo suponer que ignoren que estamos dentro de un estado de derecho en el que no existe una categorización de los mismos. Saben que todos los derechos tienen el mismo valor y cualquiera que se viole, afecta a la totalidad. Es posible entonces que el accionar de aquellos dirigentes sea consecuencia de cierta incontinencia protagónica (a veces extemporánea y/o oportunista) o de simple y lamentable irresponsabilidad, sea quien fuere. Cuando me invade el dolor por los Fuentealba, lo acompaña un efecto: la sensación de estar sin rumbo cierto; que vamos a la deriva; que estamos casi en un estado de naturaleza hobbesiano, en un sálvese quien pueda. Entonces mi temor y dolor aumentan, porque no quiero un Estado autoritario que imponga el derecho a palos ni tampoco reclamos que pongan en riesgo la vida. Hay otros caminos para solucionar problemas de política interna.

Si me apura y pregunta qué veo, le diré que observo una situación dual. Por un lado a un Estado nacional que está sentado sobre miles de millones de pesos fruto de los impuestos internos. Por otro, maestros, jubilados, empleados de la salud y la justicia cobrando sueldos indignos; como si hubiese un escondido deseo de privatizar servicios vía ahogo presupuestario; veo que la Patria Financiera no paga impuestos por especular desde l976 y, en la contracara, a los trabajadores que son acosados por el impuesto a las ganancias; veo a los grupos económicos aumentando precios sin razón y en el reverso a la prensa anticipándonos que los ajustes salariales acarrearán “inflación”; veo el dolor de los deudos o de los damnificados, mientras algunos por otro lado, parados sobre la sangre o el barro intentan sacar ventaja sectorial de un asesinato o una catástrofe climatológica.. Como si fuera poco el triste espectáculo, tanto Ud. como yo, vemos cómo el Estado gasta cifras millonarias en campañas publicitarias para impedir la evasión y, contemporáneamente, se las ingenia para pagarle en negro a sus empleados de la salud, educación y justicia; veo cómo se siguen entregando o mal negociando recursos estratégicos, mientras que nuestros representantes políticos no atinan política en su defensa y desarrollo; veo cómo un grupúsculo de violentos dan motivo para que “el otro” grupúsculo haga postergar millones de esperanzas; Es decir, veo mucha roña humana donde debería haber sensibilidad y sensatez; prudencia y conocimiento. Para mi pesar, como peronista veo cuán lejos estamos de los ideales básicos del Movimiento y cuánto tiene que hacerse en Río Negro y en el país (especialmente aquellos que se están “haciendo los rulos” en busca de cargos en el gobierno) para superar esta ignominia reconocida como “injusticia social”.

Abordar este asunto, es responsabilidad de todo rionegrino y de todo argentino bien nacido, y muy especialmente de las distintas dirigencias, desde las políticas a las religiosas.

Esta dualidad es inaceptable porque genera tensión social y pérdidas de vidas. Mirar para otro lado, disimular o trasladar culpas como si fuese el juego del gran bonete debe considerarse una afrenta a la persona humana.

Bien, ahora quiero compartir con Uds. una reflexión que me hiciera llegar un amigo mientras debatíamos por medio de la Internet los últimos acontecimientos de Neuquén y otras regiones del país. Atiendan especialmente su último párrafo. Dice Julián Larrea:

Nuestra región tiene nuevamente las rutas bañadas de sangre. A pesar de ser una historia recurrente, me niego a estimarla como algo casual o producto del destino. Estas muertes, evidentemente están enlazadas con una concepción violenta de la política. Una concepción irresponsable del legítimo derecho a peticionar de los ciudadanos, y una concepción irresponsable del legítimo derecho del monopolio de la fuerza pública por parte de los gobernantes.

Pero tratemos de abstraernos por un momento del presente. ¿Cuándo recuerdan que se haya hecho un análisis profundo de las consecuencias que ha tenido para nuestra sociedad la utilización de la violencia como método de acción política?. Habitualmente se polarizan las miradas, se demonizan los sectores, se simplifica la realidad.

Nuestras leyes consagran el derecho individual de los ciudadanos tanto para “peticionar a las autoridades” como para “entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino” (Art, 14º CN); y los poderes públicos tienen el deber de garantizarlos por los medios que considere apropiados, inclusive con el uso de la fuerza.

Ahora, el derecho a peticionar también se corresponde con el deber de ser escuchado por las autoridades, y el uso de la fuerza pública también tiene que corresponderse con la fuerza que se le opone cuando se transgreden las normas.

Es tan violento no atender los reclamos de los peticionantes como violentar los derechos de terceros para ser escuchados; y si bien, la utilización de la fuerza es un instrumento legítimo de poder público para defender los derechos y garantías de los ciudadanos en general, utilizar una fuerza desmedida para reestablecerlos es un acto criminal.

Y creo que en este punto hay que hacer una distinción. Cuando nos hallamos con el accionar de peticionantes colectivos que poseen cierta organicidad, es decir, responden al mandato de un conjunto organizado de sujetos, evidentemente las consecuencias recaen sobre el conjunto y muy especialmente sobre las representaciones formales de ese conjunto. De la misma manera, la acción disuasiva-represiva no es exclusiva responsabilidad del individuo que la ejerce pues éste responde a un todo orgánico que se alinea con responsables concretos en la programación y ejecución de los actos de fuerza.

Pero volviendo al presente; un reclamo sectorial o el restablecimiento de una vía de comunicación, ¿justifican la pérdida de una vida?. A mi entender existen responsabilidades compartidas, tanto de las autoridades gremiales como de las gubernamentales, aunque en diferente grado y mucho mayor de quienes ejercen la administración de lo público. Jamás debiera haberse llegado a esta instancia trágica si cada sector hubiese entendido que quien se tiene delante no es un enemigo; y que quien lo acompaña en la protesta, o es su subordinado en la tarea policial, necesita ser sosegado, asesorado, contenido y protegido.

Abril de 2007

Publicado en * Actualidad Rionegrina, Notas | Deja un Comentario »

(3) PERONISMO: ¿Eje de un Movimiento de Liberacón …

Publicado por Miguel Contissa en Junio 23, 2007

Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

ÚLTIMA PARTE

MOVIMIENTO Y PARTIDO COMO SUJETOS HISTÓRICOS

Nuestros países, al dar comienzo a su organización social y política, sólo atinaron a adoptar el mismo esquema que ya se comenzaba a desarrollar en los países centrales: el de la representación de los intereses sectoriales a través de partidos políticos. Como otras “importaciones directas”, venía con características ajenas a la realidad local, lo que dificultaba la relación entre representantes y representados, entre presente y futuro.

El partido político moderno y sus características de alto nivel organizativo y visión totalizadora de la estructura social, aparece en realidad en los “partidos obreros” británicos, ya que los “partidos clásicos” de ese país como el “whigs” (liberales) y el “tories” (conservadores), tenían como función central el brindar opinión sobre diferentes aspectos del sistema, a favor o en contra, pero nunca cuestionándolo, habida cuenta que los que opinaban eran los “propietarios privados” que, razonablemente, preferían sostener el status quo. Por el contrario, el sector “dependiente” (obreros en general), que sólo conocía la asociación sindical, incorpora un nivel organizativo diferente desde lo cualitativo con relación a los anteriores. Éstos sí, y como consecuencia del enfrentamiento en el plano teórico por esa correspondencia de privilegio entre propiedad privada y racionalidad política, incorporará una nueva visión del sistema social que, lejos de emitir opiniones sobre el mismo, intentará modificarlo críticamente. No obstante, es importante destacar que su derecho a asociación y libertad es en realidad, antes que una “conquista” como clase, una concesión del Estado Representativo hacia todas las personas jurídicas a fin de incorporar las expresiones de la clase obrera a la democracia burguesa.

A diferencia de lo que sucedía en Europa, los trabajadores argentinos no contaban con una estructura organizativa política que representara fielmente sus intereses de clase en el momento en que aparece Perón. Por caso, como “partido político obrero”, el Partido Comunista podría haberse convertido en un representante legítimo de los trabajadores dentro del esquema liberal burgués, pero su “dependencia ideológica” fue excluyente y sólo atinó a importar experiencias europeas irreproducibles de modo lineal en economías periféricas. Ésta, y no otra, es la razón de su falta de adhesión, de inserción en la clase trabajadora argentina. Como dolido reflejo, su odio profundo a quien supo interpretarla y conducirla.

Es cierto, el proletariado argentino no se organizó “democráticamente” en un partido “político obrero” de acuerdo a la clásica prescripción liberal eurocéntrica. Simplemente eligió a Perón. No obstante, no convalida la calificación gratuita de “irracional” que proviene de intelectuales del tipo “germanianos”. Tampoco invita a suponer que la carencia de una estructura política propia como clase, impedía la existencia de conciencia política como tal. Fue esa misma conciencia política que hizo que se hablara de “movimiento” antes que de “partido”, ya que como país dependiente y en la dialéctica “centro-periferia” es necesario dotar de criterio político a la unidad y organización.

En nuestro país, antes que la experiencia peronista, existió la acometida por el Irigoyenismo que, tras una ardua tarea, intentó aglutinar dentro del “Partido Radical” además de los gauchos, trabajadores rurales y desposeídos, también a los inmigrantes recién arribados a nuestro país. Desde luego no fue fácil conducir esa corriente política que desbordaba los límites del parlamentarismo dominante. Es por ese desborde que, antes que partidos, representaron tanto el irigoyenismo como el peronismo, verdaderos “movimientos nacionales” que alcanzaron su organización no mediante el diseño de un “partido” sino a través de la fidelidad a una persona: su Líder. Y aquí, con la aparición del “caudillo”, del “líder”, asoma el nudo “irracional” que no logra desatar el pensamiento eurocéntrico impidiéndoles la correcta lectura de la realidad política y social de nuestro país.

Yendo a la cercanía “partido – movimiento”, en la praxis y desde el punto de vista de la organización y teniendo en cuenta la contradicción principal (Nación/imperio), el “movimiento” tiene como ventaja comparativa frente al “partido político obrero” de la democracia burguesa, una mayor dinámica, permitiéndole cobijar en su estructura a todos los sectores afectados por el poder de dominación y que comparten la idea de movilizarse tras la esperanza que ofrece un Proyecto Nacional.

En aquel esquema de hierro impuesto a través del sistema electoral vigente, es posible que el “movimiento” necesite un “partido político” como herramienta en tiempos de elecciones, pero es preciso aclarar que éste último tendrá relevancia siempre y cuando el movimiento logre impregnarlo de los contenidos populares que le deposita el Pueblo. Así sucedió con el Partido Laborista que utilizó Perón para acceder con el aplastante voto popular a su primera presidencia. Así lo entendió el que se sentía peronista durante las décadas transcurridas desde el 17 de Octubre, el ejercicio del gobierno y luego la proscripción y persecución.

EL PRESENTE Y FUTURO DEL MOVIMIENTO NACIONAL

Si bien la realidad de los últimos años mostró una inversión conceptual relativa al rol del “Partido” para el actor principal del Movimiento Nacional como es el peronismo, es necesario y urgente volver al concepto original y revitalizarlo. En esa acción deben estar presentes todos aquellos sectores políticos, sociales, económicos, culturales y militares que comprendan que la única salida hacia una Comunidad Organizada está en la elaboración y puesta en marcha del Proyecto Nacional. El momento histórico que vive nuestro país en particular y Sudamérica en general, hace que el peronismo tenga una misión trascendental a la vez que indelegable e inexcusable: articular ese Movimiento Nacional para reconstruir un sistema que evite la polarización y la alienación economicista que sólo conduce a la destrucción de la Humanidad. Para ello debe rescatar de la historia política argentina la vivencia sufrida por el irigoyenismo cuando fuera disecado por el “alvearismo” que convirtió a ese movimiento en un cuerpo sin alma y al servicio de las fuerzas conservadoras que respondían al sistema imperial. Esta experiencia debe permanecer por siempre en la memoria colectiva del Movimiento, porque cuando la memoria se pierde, es el sujeto el que se pierde transformándose en objeto histórico.

En función de aquella lección, el Movimiento Nacional no puede perdonar la traición propinada al Pueblo por parte del menemismo, ni disimular su presencia dentro de sus filas. El presente económico, social y político es por demás elocuente sobre las consecuencias que acarrea su tolerancia. Que quede absolutamente claro: lo que hizo Menem luego de utilizar cínicamente el voto de la inmensa mayoría del Pueblo, NO ES PERONISMO. Es exactamente lo contrario como principio ideológico. Es conservadurismo. Es lo que el Pueblo no votó.

En estos días, el presidente Kirchner en función de su liderazgo indiscutido, tiene la enorme tarea de recrear al MOVIMIENTO NACIONAL. También el de encontrarle la verdadera dimensión al Partido Justicialista para que no vuelva a repetir el error de los últimos 20 años que resultó funcional al sistema: desmovilizar y vaciar de contenido político al Pueblo organizado.
Todos los sectores políticos y sociales de la vida nacional, deben tener presente que la realidad histórica, el sujeto histórico es el Movimiento Nacional y no el “partido”. Este último es instrumento de la vida movimientista.

Por ello, quienes desde otras corrientes del campo popular y nacional quieran acompañar, deberán saber que lo prudente no es incorporarle a este sujeto indiscutido nuevos eslóganes o rótulos, como si se tratara de un concurso político semántico. Cuenta, gracias a la participación y aporte del Pueblo, con una ideología de liberación que puede enfrentar con éxito a la ideología de la fuerza de dominación. Tampoco el Movimiento es una escalera para trepadores profesionales de la política que sólo buscan ocupar cargos por simple banalidad. Concretamente: el peronismo no puede perder, en términos gramscianos, su rol hegemónico. En términos peronistas, debe conducir. Los que adhieran, comprenderán que no es otra cosa que simple relación de fuerzas. Si no lo entienden, sabremos que sus objetivos no se ajustaban al Proyecto Nacional. Es simple.

Hoy más que nunca, debe encontrar unidos a todos los sectores populares para llevar adelante un nuevo proceso histórico que revestirá características de “Segunda Guerra de Independencia”.

Resumiendo: el “Movimiento” no necesita sinónimos. Necesita compromiso de quienes estén compartiendo su ideología que siempre fue esencialmente “transversal” y “horizontal” porque nació del Pueblo.

Que cada argentino sepa ocupar su lugar.

FEBRERO DE 2004

Publicado en Notas, Sobre Peronismo | Deja un Comentario »

(2) PERONISMO: ¿Eje de un Movimiento de Liberación…

Publicado por Miguel Contissa en Junio 22, 2007


Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

II PARTE

LA IDEOLOGÍA DENTRO DEL MOVIMIENTO NACIONAL

El capitalismo, como sistema hegemónico, bajo ningún concepto es el fin de la historia. Tampoco una etapa insuperable de la visión de futuro. Existen demasiadas evidencias sobre su avanzado estado de senilidad. Ni siquiera el uso de la fuerza como método de sujeción al sistema imperial, es suficiente para revitalizarlo ya que se auto expone como siempre, a su propia lógica de destrucción. El derrumbe de las famosas Torres de Nueva York, que se erguían majestuosas e imponentes en el suelo norteamericano, fue además del símbolo fálico del capitalismo financiero y económico del mundo, la muestra más elocuente y asombrosa de la debilidad que durante decenios ocultó el país mejor preparado técnicamente para la guerra fronteras afuera de su territorio.

En la periferia, los argentinos también tuvimos la oportunidad de ver otro signo del derrumbe del sistema neoliberal capitalista que, al igual que las Torres Gemelas, dejaron sólo escombros sobre el suelo nacional: fue la caída del gobierno del ex Presidente De La Rúa, continuador consecuente de la nefasta política iniciada por el menemismo. Aquel menemismo que sumado a la vulgata neoliberal conservadora, pronosticaba el “fin de la historia”, el “fin de las ideologías”.

Es necesario entonces reinstalar la “discusión sobre ideología” dentro del Movimiento Nacional. Para enriquecerlo y fortalecernos internamente antes que batallar fuera del mismo.

Pero, ¿qué entendemos cuando usamos el término “ideología” dentro de los países del Tercer Mundo? Ciertamente, el peronismo, ¿es una ideología?

Como afirma Mario Casalla, Doctor en filosofía de la UBA, “curiosamente, hablamos de “ideología” cuando nos encontramos atravesando un ciclo histórico que se autoproclama como el “fin de las ideologías”. Se trata por cierto de un eslogan que –superficialmente entendido- suele presentarse a conclusiones equivocadas y erráticas, las cuales no hacen sino agravar más aún la crisis.”
En realidad, este eslogan tiene inicios allá por los años sesenta, cuando integrantes de la “Escuela de Frankfurt” como Theodor W. Adorno y Max Horkheimer, comienzan a considerar al término “ideología” como algo poco preciso debido a su vulgarización dentro de las naciones desarrolladas. No obstante, esa afirmación no puede trasladarse sin tropiezos a los países de la periferia, porque en ellos, más bien puede alegarse lo contrario.

Está claro entonces que aquella afirmación provenía del núcleo de las zonas centrales del poder y que estaban apoyadas en explicaciones no científicas de la realidad y conectadas, antes que con la verdad objetiva, con un “programa” que tiene que ver más con la dominación que con la liberación del Hombre. Es desde ese mismo núcleo desde donde algunos intelectuales constantemente elaboran explicaciones de todo el universo social, atreviéndose incluso a realizar su programación “racional”, es decir, eliminando los caminos erróneos que nacen de la libertad humana y concluyen en el caos. Por lo tanto y desde esa posición, para ellos el Tercer Mundo no es “racional” ya que no se ajusta a la razón científica del capitalismo, como tampoco a la razón histórica del marxismo. Derivado de ello, muchos marxistas enmudecen ante un militar como Perón cuando conduce una reforma social y política en un país distante, periférico.
Desde otro ángulo de análisis como es el cultural, el Profesor de postgrado en Universidades Nacionales Adolfo Sequiero, nos propone un “alivio” para esta tarea de encontrar el marco ideológico del peronismo, tal vez apoyándose en lo esquivo que fue el mismo General Perón cada vez que abordaba este asunto en los años ‘50: “…El peronismo puede ser reconocido –en el marco descripto- como una construcción socio-política emergente de la necesidad de conformar instrumentos para el tránsito histórico más adecuado a los dictados de época. Conviene entonces librarlo de la condición de ideología, que nunca quiso asumir, y comenzar a tratarlo como la expresión actual (y todo parecería indicar que la más pertinente) de fondo cultural iberoamericano, con la particular ventaja de haber tenido el proceso de mestización más equilibrado de toda la ecúmene”. No obstante esta tentadora oferta, será importante avanzar en el análisis, ya que sobre el final de su vida el propio Perón en su “Proyecto Nacional” nos invita a desarrollar una ideología nacional a partir de nuestros propios valores para evitar la “importación” de modelos ajenos a nuestras aspiraciones.
Volviendo al Dr. en Filosofía Mario Casalla, nos dice que “…Para algunos, la ideología es el pensamiento encarnado en la vida, en las sensaciones, y su fin último es esencialmente práctico (en este sentido, ideología se opone a saber abstracto o a doctrinas inmutables). Para otros, en cambio, la ideología es el enmascaramiento de la realidad, su visión deformada que impide la acción verdadera (en este caso, ideología suele oponerse a ciencia)”. En la primera línea está el mismo Desttut de Tracy, quien recoge la tradición antinapoleónica que viene en lo inmediato de Condillac y, más atrás, de Bacon, Locke y Hume, y es también una reacción contra el trascendentalismo kantiano. En la segunda línea, están Hegel y Marx y, de otra manera, Schopenhauer y Nietzsche.

“…Para Desttut de Tracy, “pensar es sentir una sensación. Pensar es siempre sentir”. A la fórmula cartesiana (“pienso, luego existo”), opone otra: “siento, luego existo”…”

“…para Hegel, en cambio, la idea nace fuera del mundo de la vida y debe llegar a reencontrarse con él …(a través) del arte, primero; la religión, más tarde y, en su momento culminante, la filosofía…” “…las ideologías son para Hegel, formas de la “conciencia desgarrada” (desdichada), productos necesarios de una separación de lo real y preludios dialécticos de su breve encuentro.”
Y el Dr. Casalla concluye preguntándose: “…¿de qué hablamos propiamente cuando hablamos de “ideología”?. El término dista mucho de ser unívoco, aun en el pequeño sumario que hemos realizado. Las dos filiaciones descriptas implican diferencias notorias. ¿Nos referimos a ese pensamiento ligado a lo real, o a la sensación que proclama Desttut? ¿O acaso hablamos de ese “enmascaramiento” que denunciaran –desde diferentes posturas- Hegel y Nietzsche?. (por eso) cuando se expresa el fin de las ideologías, ¿por cuál de las dos filiaciones del término nos decidimos? Atención, en un caso estaríamos proclamando la muerte del pensamiento político y en el otro, su resurrección. ¿O acaso nos da lo mismo embrollar una cosa con la otra, porque de lo que en verdad se trata es de referirnos a una tercera, que queda como en sordina?. Llegar al fondo de la cuestión implica aceptar el debate siempre abierto de la conexión entre el pensamiento y la realidad –entre el ser y el pensar-, en cuyo marco la cuestión de las ideologías toma peso ontológico. Es necesario volver a plantear, situadamente, una filosofía de la praxis acorde con nuestras circunstancias. Caso contrario, seguiremos alimentando un juego en sí mismo estéril, pero peligroso por sus equívocos y consecuencias sociales.”

En el marco democrático en que se desenvuelve la historia de los distintos países Sudamericanos y a sabiendas de las dificultades con las que tropiezan recurrentemente, no pueden existir dudas: debemos retomar la vieja tradición americana.
Nuestro pasado, a diferencia de de la América sajona o portuguesa, está colmado de intelectuales y pensadores que supieron dar marco ideológico a la liberación de España. Así, el Siglo XIX contó con ideólogos que se destacaron en la Revolución de Mayo. Cada Caudillo que abrazó la causa de nuestra Sudamérica, supo contar a su lado con un “ideólogo”. Monteagudo es la figura que supo transmitir a Libertadores como San Martín y Bolívar sus ideales emancipadores. Ya en el siglo XX, tanto el radicalismo como el peronismo contaron con fuerza ideológica suficiente como para enfrentar a la ideología de la dominación. Resumiendo: siempre en Sudamérica existió ideología. Sirvió como escudo contra las presiones del “orden establecido”, de allí que fueran consideradas peligrosas en diversas etapas de nuestra historia.

El General Perón expresaba así su concepto de Ideología en su “Proyecto Nacional”: “Nuestra Patria necesita imperiosamente una ideología creativa que marque con claridad el rumbo a seguir y una Doctrina que sistematice los principios fundamentales de esa ideología. Para ello debemos tener en cuenta que la conformación ideológica de un país proviene de la adopción de una ideología foránea o de su propia creación. Con respecto a la importación de ideologías –directamente o adecuándolas- se alimenta un vicio de origen y es insuficiente para satisfacer las necesidades espirituales de nuestro Pueblo y del país como unidad jurídicamente constituida. El mundo nos ha ofrecido dos posibilidades extremas: el capitalismo y el comunismo. Interpreto que ambas carecen de los valore sustanciales que permiten concebirlas como únicas alternativas histórico-políticas. Paralelamente, la concepción cristiana presenta otra posibilidad, pero sin una versión política, suficiente para el ejercicio efectivo del gobierno. Los argentinos tenemos una larga experiencia en esto de importar ideologías, ya sea en forma total o parcial. Es contra esta actitud que ha debido enfrentarse permanentemente nuestra conciencia. Las bases fértiles para la concepción de una ideología nacional coherente con nuestro espíritu argentino has surgido del mismo seno de nuestra Patria”
Más adelante agrega: “El Modelo Argentino” no quiere ser otra cosa que la expresión representativa y la síntesis prospectiva de una ideología y una doctrina nacionales”

Respondiendo positivamente a la propuesta del Dr. Mario Casalla en cuanto a su idea de volver a plantear una filosofía de la praxis acorde con nuestras circunstancias, se puede afirmar que el peronismo cuenta con bases filosóficas y experiencia de vida suficiente como para configurar una ideología nacional que dé sentido a un proyecto común. Esas bases filosóficas conforman un sistema de pensamientos con sus valores y categorías, con una concepción del Hombre, de la Familia, del Estado, de la Economía, de la Justicia, del Trabajo y de la Organización social y Política del Pueblo que le son propios, que surgen de la experiencia ganada tanto cuando ejerció el gobierno del Estado Argentino como cuando tuvo que padecer la proscripción y persecución. Experiencias que, lejos de dar lugar a la revancha se convirtieron en capital inspirador del Modelo Argentino que Perón propone en 1974.

La actual situación de senilidad del sistema capitalista (no obstante el “viagra” que representa el neoliberalismo) y la abrupta caída del comunismo en la década pasada, fruto ambos procesos de sus propias contradicciones, facilita la revalorización del planteo de la Tercera Posición enarbolado por el peronismo con tanta claridad en los años cincuenta. Esto no significará encontrar un punto intermedio entre ambos procesos históricos, sino levantar la ideología y doctrina que proponen un destino diferente a los Hombres; un destino libre de toda forma de dominación imperial provenga de donde proviniere; un destino en el que el Hombre no sea esclavo del Hombre ni una mercancía del mercado. Lejos del individualismo egoísta y del colectivismo insectificante. Libre de las cadenas que lo atan a las cosas materiales que limitan su libertad. Un Hombre que busque la hermandad universal en paz y con armonía en el inexorable proceso histórico hacia el que se dirige la humanidad.

Bajo esta perspectiva, nos queda abordar la última parte que incluye dos segmentos: Movimiento y Partidos como sujetos históricos y Presente y Futuro del Movimiento Nacional.

Febrero de 2004

Publicado en Notas, Sobre Peronismo | Deja un Comentario »

(1) PERONISMO: ¿Eje de un Movimiento de Liberación…

Publicado por Miguel Contissa en Junio 22, 2007


Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar
“Si lo he entendido bien –le dijo Stalin a Leopoldo Bravo-, Uds. serían capitalistas,
pero no tanto. Pero también socialistas, aunque casi nada. Llegan al poder por elecciones, pero no creen en la democracia burguesa…; Eso mismo, contestó el embajador”
“Eternos misterios del peronismo” por Abel Posse; La Nación – 31/7/03

PRIMERA PARTE

INTRODUCCIÓN

Abordar el análisis político y social del peronismo como sujeto histórico y columna central del Movimiento Nacional fuera de la dialéctica Centro-Periferia, constituye de por sí, el clásico error de quienes se sumieron en esa aventura filosófica. El resultado se presentará entonces como una recurrente y envejecida incomprensión de lo que representa, dentro de la historia de nuestro país, ese importante fenómeno social, político y cultural. Esta incomprensión tiene dos componentes: la formación eurocentrista que recibieron en las universidades, tanto nuestros intelectuales como los del Primer Mundo, y la deformación u ocultamiento de la verdadera historia de nuestros países por parte de los ganadores en la Batalla de Pavón. Irremediablemente esa “eurovisión” de nuestro pasado y la información defectuosa de los procesos históricos, los conduce faliblemente a medir al mundo periférico con la rígida vara de los países centrales, en los que se desarrolla un “régimen exportable de partidos políticos” como eje exclusivo de la democracia del sistema económico capitalista. Desde esa plataforma conceptual, construyen con audacia todo un modelo universal. Obviamente, desde esa óptica “racional” y “científica” es improbable que pueda encontrarse en nuestra región otra cosa que no sea contradicción e irracionalidad.

De ahí que no sea aconsejable para quien pretenda acercarse a ese sujeto de la historia, a esa construcción histórico política que es el peronismo, revelarlo a través de aquellos intérpretes como los “Sebrelli”, los “Gino Germani”, los “Borges”, los “Antonio –Toni- Negry”, los “Sidicaro”, etc. ya que el resultado resulta previsible: incomprensión y consiguiente negación. Es más, cada una de sus visiones de “nuestro mundo”, es un refritado de lo anterior.

Los mejores acercamientos provienen de intelectuales que compartieron, que co-sintieron lo mismo que los sectores populares que adhirieron al Movimiento. De ellos podremos extraer mejores resultados, pues se caracterizaron por no extrapolar del sujeto histórico una de sus facultades como es la del “sentimiento-pasión” que, junto a la “razón” configuran su totalidad. Me refiero a Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, J. J. Hernández Arregui, J. A. Ramos, Roberto Carri, entre tantos, que impidieron que el engaño o autoengaño propio del “intelectual puro” los llevara, al decir de R. Dri, a “posiciones aventureras o al ponciopilatismo, es decir, lavarse las manos frente a acontecimientos políticos en los que se juegan valores fundamentales del ser humano como la libertad, la vida, la dignidad y la justicia.”

José Pablo Feinmann solía decir que “el peronismo debe entenderse desde el peronismo”, lo que implica para quien se aliente en esa “aventura”, tener impresa una necesaria pertenencia conciente y pro activa al Movimiento Nacional dentro del cual, el peronismo, interactúa como su columna vertebral junto a otros sectores políticos, sociales, y económicos de la comunidad. Tampoco es prudente trajinarlo sin olvidar la noción de “dependencia”, ya que la misma constituye la raíz de todo modelo de dominación no colonial de la periferia. Para aclarar este concepto que difiere de la de necesaria “interdependencia” que los países deben sostener, Fermín Chávez afirma que “un país es dominado cuando su economía está sujeta a reglas de juego que lo colocan en situación de desigualdad con relación a los países o poderes dominantes, de los que recibe presiones que no pueden ser contestadas por contrapresiones de sentido opuesto e igual intensidad. Esto en un orden puramente material. Pero también (y esto es esencial), somos dependientes en sentido cultural, diríamos como una necesidad (de los poderes centrales) anterior al dominio material. Más de uno habrá advertido que hemos entrado a esa esfera que otro de nuestro más lúcidos y eficientes pensadores llamó “colonización pedagógica”.

QUÈ ES EL PERONISMO DENTRO DEL MOVIMIENTO NACIONAL
El peronismo no es otra cosa que una ideología que tiene un claro carácter afirmativo antiimperialista y de liberación nacional, con sus tres conocidas banderas: independencia económica, soberanía política y justicia social.

A través de esta sencilla definición, no se intenta polemizar con los que pertenecen a la corriente clásica del pensamiento y que padecen de “malinchismo político o académico”, sino comenzar a desplegar ideas, conceptos, intenciones, sueños, utopías entre todos aquellos que, como decía, suponen y anhelan un destino distinto al que nos encamina el sistema capitalista de dominación y que concluye inexorablemente en la miseria y hambre de los Pueblos. Por ello, es preciso y urgente encontrarnos y re-conocer el origen de este fenómeno, sus causas y el futuro que propone a la Comunidad.

Lo que plantea Feinmann, -discutir sobre peronismo desde el interior de la frontera de una ideología nacional-, tiene que ver con la economía del tiempo y del esfuerzo, para evitar que se sumen al proyecto quienes no estén dispuestos a compartir sus principios, quienes defiendan otros intereses, o adhieran conciente o inconscientemente al poder de dominación colectivo de la triada EE. UU., Europa y Japón.

Retrotrayendo la mirada en el proceso histórico nacional, vemos que el peronismo se acuña en el momento en que las ideologías nutrían, al decir del filósofo y ensayista Jorge Bolívar, las formas de organización de los Estados y las formas jurídicas que regían a las sociedades. Se presentaban como sus utopías, como sus cosmovisiones políticas. Fue así que las dos guerras potenciaron a los Estados nacionales hasta convertirlos en verdaderos “sujetos históricos” del momento, aún por encima de las correspondientes burguesías y proletariados, lo que demuestra esta praxis una verdadera contradicción tanto para la ideología liberal como para la marxista que aspiraban a minimizarlo o abolirlo.
El fin de la Segunda Guerra marcó el comienzo de un mundo bipolar como resultado del acuerdo de Yalta: de un lado, el Primer mundo con EE.UU. y Europa Oriental; del otro el Segundo Mundo con la Unión Soviética, Europa Oriental y China. Dos modelos en pugna: Estados nacionales con medios de producción en general privados y Estados nacionales con medios de producción estatales. Dos ideologías: la capitalista y la comunista. Las dos dejaron atrás la abstracción para pasar a componer, a estructurar dos sistemas económicos de producción, que a su vez, servían de soporte a los respectivas burguesías o a sus “burocracias” que controlaban a sus estados. También las dos llevaron adelante un proceso de expansión imperialista sobre el resto del mundo.

Es en ese marco, en el que los países periféricos que no querían integrar aquel universo bipolar (especialmente el nuestro, razón de nuestros desvelos), deben enfrentar la realidad histórica que definiría su futuro como comunidad: integrarse a cualquiera de los bloques como satélites y padecer las consecuencias económicas, políticas y sociales de esa dependencia y de esas ideologías de extremas o, afirmarse en un proceso de liberación nacional con aspiraciones originarias como corresponde a todo Pueblo que quiere ser verdaderamente Libre. Argentina, con Perón como conductor y con el apoyo de la inmensa mayoría del Pueblo, eligió la segunda alternativa enarbolando la filosofía de la Tercera Posición que, luego en 1955 en la Conferencia de Bandung y mientras en nuestro país se preparaba su derrocamiento, sería reconocida y adoptada en la creación del Movimiento de Países No Alineados como nueva perspectiva ideológica. La economía política concebida y en algunos casos ejecutada por aquellos países suscriptores, no fue otra cosa que el resultado de importantes movimientos sociales que se levantaban contra la lógica de la expansión capitalista y tenían como objetivo esencial el construir un sistema productivo nacional moderno y autocerrado que concluyeron, obviamente, chocando contra las fuerzas hostiles del capitalismo dominante.
Hoy, mediante la utilización de sus “comunicadores” serviles y gustosos de las “relaciones carnales”, esas fuerzas de la ideología hegemónica sigue recusando como ayer cualquier intento de “desconexión”, toda posibilidad de construcción nacional. Para la vulgata neoliberal, cualquier política proteccionista que signifique privilegiar el interés nacional será “regresiva” o “nostalgias de un pasado perimido”.
En consecuencia y volviendo al comienzo de este segmento, para Sebrelli, que decía hace treinta años que “el peronismo es un deseo imaginario”, o para aquellos que aún hoy se siguen preguntando qué es el peronismo, es oportuno reiterar que no es otra cosa que una ideología que tiene un claro carácter afirmativo antiimperialista, de liberación nacional, con sus tres banderas: independencia económica, soberanía política y justicia social.

En la próxima entrega, se hará referencia a la Ideología dentro del Movimiento Nacional, justo en el momento que desde el núcleo del Poder se nos invita a suponer que “la historia ha muerto”, llegó el “fin de las ideologías”, en consecuencia, arriemos las banderas…

Febrero de 2004

Publicado en Notas, Sobre Peronismo | Deja un Comentario »