Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

Archivo de Mayo 2009

El valor de las palabras

Publicado por Miguel Contissa en Mayo 24, 2009

Por Jorge Rachid

 La inmensa catarata de palabras sin contenido que origina la lucha electoral, hace que la semiótica adquiera valor cotidiano en la interpretación de cada una de ellas como significado en si mismo.

 Así nos asomamos a términos peyorativos como “la caja” cuando se expresa, desde la crispación, la búsqueda de recursos del ejecutivo, y que constituye su obligación natural para cumplir los objetivos del Estado Nacional.

 Se utiliza, maliciosamente, el término “apropiación” a la restitución del derecho constitucional al sistema previsional solidario por la eliminación de las AFJP, que además de amputar el 30% del capital aportado del ahorro interno genuino de millones de argentinos adjudicándolo maliciosamente a “gastos administrativos” y no a “ganancias” que era lo real, invertían en “paraísos fiscales” e instituciones privadas de mercados de valores extranjeros, operando en ese momento con 35 mil millones de dólares provenientes de salarios diferidos a los fines previsionales.  Cuando a esa situación se la llamó “saqueo” por parte de la prensa, los “políticamente correctos” clamaron por la “propiedad privada” como si los fondos previsionales fuesen plazos fijos individuales y no un pacto intergeneracional.

 Por supuesto que a la recuperación del rol del Estado en la economía se la llamó “estatismo o populismo” en un desconocimiento de ambos términos, producto quizás de tantos años de cultura dominante neoliberal, donde “Estado” era palabra prohibida, y “Mercado” actuaba de ordenador social. Así nos fue, en el desierto del desamparo y la desocupación de los noventa. Sin embargo, no alcanzaron las recomendaciones de que el Mercado sin Estado es “mercado negro” promotor de las políticas darwinianas en lo social donde triunfa el mas fuerte, como en la lucha de las especies por su supervivencia.

 Si “estatismo” es el rol del Estado como ordenador social y equilibrador de los intereses naturales que contiene toda sociedad, es indudable que lo único que se hizo fué recuperar “soberanía”, entendida ésta como la capacidad de tomar decisiones y ejecutarlas por parte del Gobierno elegido por el pueblo.

 “Populismo” no se utiliza, arteramente, como estar atento a los contenidos populares del reclamo social, no ejercer la violencia del Estado ante el conflicto, atender la realidad y tratar de superarla, antes que estigmatizar la pobreza y la marginalidad. Se han convertido a las mismas, pobreza y marginalidad, en banderas de críticas antes que en caminos de solución que se están ejecutando, mal o bien, formando parte esto último de otro análisis mas profundo de políticas sociales donde la hipoteca social sigue siendo alta.

 Cuando una acción de gobierno se cataloga de “populismo”, se lo hace desde una carga política que niega lo popular, que pretende ignorar que una sociedad se construye desde la búsqueda y el compromiso de Justicia Social, que significa ni mas ni menos que movilidad social ascendente a sectores de población hasta ayer nomás desplazados de la pirámide social. Si ese compromiso es “populismo” sin dudas es una política correcta desde el punto de vista de quienes pretendemos una sociedad mas justa.

 Sin embargo quienes lo enarbolan lo hacen despectivamente porque han asumido como propio y aplicable para todos, al eje culturalmente dominante de los últimos 30 años que privilegió al sector financiero por sobre el productivo, derrotó temporalmente a la cultura del trabajo y las leyes laborales de años de luchas y sacrificios del movimiento obrero y convenció que los argentinos éramos vagos e inservibles. Tomó como cierto que necesitábamos una Argentina productora de materias primas para el mundo, que el mercado interno no importaba, que el costo social (que nunca pagan los poderosos) había que asumirlo para integrarnos al mundo, que necesitábamos a las inversiones extranjeras aunque sean capitales buitres o lavados de dinero espúreo. Nos explicaron que la teoría del  derrame, del crecimiento macro, las mediciones de riesgo internacional, la opinión de los organismos internacionales de créditos y mil consignas eran “Palabras Infalibles a Aplicar”, pero la realidad sobreviniente fué que, la teoría y sus “aplicadores”, hundieron la Nación, nos dejaron sin Patria e hicieron llorar a millones de argentinos. Todo en el uso estricto de la palabra como herramienta de creación de una política.

 La Palabra es el motor de búsqueda del pensamiento. Desde ella se puede discernir la “ideología” del emisor. Es el indicador desde donde se mira la vida, la propia y del mundo.

 Quien dice “mano dura” lo hace desde algún lugar, mas allá del involucrado directo en un hecho lamentable y quien lo expresa desde la política no habla de seguridad, habla de represión.

Cuando nos presentan “inseguridad jurídica” en términos genéricos nos quieren significar que no funcionan los mecanismos republicanos de los poderes públicos democráticos.

Cual es la “seguridad jurídica” del jubilado con fallo de la Corte favorable que debe esperar el resarcimiento, frente a la “inseguridad jurídica” de la empresa monopólica privatizada que clama por justicia habiéndola vaciado, que no efectivizó las inversiones pactadas ni pagó las cargas sociales de sus empleados ni los impuestos a las ganancias.

Las seguridades e inseguridades existen de acuerdo al rol social de cada protagonista. Es un “hombre alegre” cuando el millonario se emborracha y “negro borracho” cuando lo hace un trabajador en el ejercicio discriminador, habitual y cotidiano de cierta prensa argentina.

 Así cada condena, cada diatriba cotidiana, se va instalando como una verdad absoluta, indiscutible.

La ofuscación sobre los “índices de precios” no es tema de mayorías populares, preocupadas por otras circunstancias como los precios reales y como cuidar el peso. Las candidaturas llamadas “testimoniales” tampoco impactan en lo cotidiano del trabajador que hasta ayer transitaba la angustia del trabajo y hoy lo tiene.

Los “fondos” del ANSES y su inversión en políticas anticíclicas, inversiones de corto, mediano y largo plazo, como tienen los organismos previsionales del mundo, es otro tema de agitación.

La visita del “dictador” Bolivariano, quien pese a haber ganado las últimas 12 elecciones excepto una derrota sigue catalogado como tal.

Que estamos “fuera del mundo” por no tener acceso al crédito, en el mismo mundo que se derrumba con la lógica esgrimida por los críticos de hoy, pero que sin embargo comerciamos por 50 mil millones de dólares sin restricciones ni problemas financieros. Podría seguir el listado de frases hechas a medida, en una pugna cultural que es política y que dominará los próximos años de la agenda argentina en la búsqueda de sus nuevos paradigmas para los nuevos tiempos.

 No quise ingresar por la ventana a la semiótica porque no me considero capacitado para eso, pero sí lo estoy para un análisis de la situación actual, donde los actores intentan esconder intenciones, detrás de palabras que desnudan las mismas.

 Desde la visión internacional hasta el manejo propio del Estado todo está bajo sospecha, cuando no se dirimen como corresponde los términos ideológicos de la confrontación, cuando el debate político está escondido y nadie dice lo que va a hacer en caso de triunfar su postura. El Gobierno ha trazado un camino desde hace años y en su accionar ha tenido aciertos enormes y también falencias e hipotecas pendientes. El neoliberalismo estructural está vivo y merece ser desmontado para reinstalar la cultura de la solidaridad y el trabajo.

 En realidad, lo que nos dicen, son “medias palabras”, son insinuaciones embozadas, son realidades que por alguna razón no nos dicen del todo, sino incompleta y confusamente. Las palabras son sentencias cuyo significado depende de quien las diga, donde las diga y hacia quien las diga. De esto saben todos los sesudos forjadores de imágenes de campañas electorales que trabajan sobre la foto y no sobre la película, impactando con el latiguillo, conmoviendo en la acción dirigida y escondiendo su programa político y su historia, diciendo solo “medias palabras” y sabiendo de antemano que su “palabra”, no es tal.

 Los argentinos tenemos memoria y sabemos lo que no queremos, pero también lo que nos falta recorrer para construir una sociedad mas equitativa con Justicia Social, tanto como sabemos que la palabra “Patria” proviene de “padre enterrado” o sea nuestra propia historia, y “Nación” por “nacer” de nuestra identidad. Ambos términos que deberían conjugar nuestro compromiso para con ellos.

 JORGE RACHID – C.A.B.A., 19 de mayo de 2009.

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LA BATALLA IDEOLÓGICA

Publicado por Miguel Contissa en Mayo 17, 2009

Por Jorge Rachid

Los procesos electorales suelen ser los principales responsables de desviar los ejes políticos que necesariamente debe transitar la Nación. Nada de lo que hoy se discute transcurre en carriles que alimenten el pensamiento, abonen los proyectos en marcha ni ofrezcan alternativas, sino que por el contrario la frivolización en algún caso y la judicialización en otros tiñen el mapa electoral, acompañados por la descalificación y la falta de respeto al prójimo, adversario o no.

 Miles de argentinos se están preguntando: ¿a quien voto?, cuando la pregunta que deberíamos hacernos es que quiero para mi, para mis hijos, para mi país, para mis compatriotas. Sin embargo, la artillería marketinera cotidiana y repetitiva nos ofrece opciones de personajes cuya principal virtud reside en la acumulación de dinero, en haber invertido en imagen, en ser propietario del futuro en paz y en armonía sin tener pasado, construyendo alianzas empresariales al calor de la lucha política y relaciones internacionales de clara identificación ideológica, que después niegan en nuestro país.

 Por otro lado algunos, adheridos al mesianismo apocalíptico estimulado por los medios, acumulando temores contenidos ante cada información, construyendo alianzas de signo anti, antes que consolidaciones de pensamiento crítico y propuestas estratégicas, promueven debates tipo talk show televisivos de cruces misilísticos, de picaresca criolla y   denostación del adversario, en la promoción del famoso y rentable rating mediático que entusiasma a los productores, paladean los comercializadores y transforman a nuestros compatriotas en televidentes pasivos en vez de electores activos, al pueblo en “gente” y a los ciudadanos en público o clientes. La política, bien, gracias y lejos.

 Los desafíos del país en el marco de una crisis internacional inédita no existen en campaña. Eso lo discutimos luego en las Cámaras cuando el pueblo se exprese, siempre y cuando lo haga sin presiones ni prebendas ni mucho menos con fraudes, que ocurren cuando pierden los “políticamente correctos”, en un ejercicio discriminador sobre la pobreza y la humildad rayano al racismo. Si es pobre y vota oficialismo es porque está comprado, no es porque el ser humano y su familia hoy están mejor con trabajo en blanco y los hijos pudieron estudiar en estos años. Vota oficialismo porque entre otras calamidades, no entiende lo que pasa, ni conoce las presiones a la prensa, o las alianzas con “dictadores” como Chavez, no sufre no tener crédito externo, convalida la apropiación de las AFJP. Ellos nunca van a entender semejante situación. Los trabajadores y los pobres son para ellos una subcultura que descalifica su decisión.

 La Patria sumergida en estos avatares pierde los ejes de construcción política y posterga las políticas de Estado. Se intenta impedir la consolidación nacional en un momento político internacional único, donde Argentina está en las mejores condiciones de afrontar los desafíos futuros por las previsiones hechas en los años anteriores. Sin embargo todo se niega, se tergiversa y debe ser destruido en aras de un imaginario futuro donde la “armonía” reemplace la crispación, donde los argentinos vivamos en paz sin tocar ningún interés que pueda alterar los ánimos de los poderosos dueños del país, donde la Justicia dócil y los políticos vencidos en sus utopías renueven sus votos de alineamiento internacional, con visión eurocentrista en algunos casos o proimperiales en otros, para que nuestro país deje de ser noticia por sus supuestos fracasos, como haber abonado al FMI para impedir controles virreynales con pretensiones coloniales, o intentar que las empresas monopólicas entregadas en la segunda década infame cumplan sus compromisos de inversión y paguen sus impuestos, o promover que Bush sea sometido al Tribunal Internacional de La Haya por el genocidio contra el pueblo iraquí.

 Sin dudas se juegan dos estrategias de campaña electoral que, aunque corta, es sustantiva para el futuro del país. Por un lado quienes pretenden minimizar el discurso a través del individualismo propuesto como ícono de la democracia. “Se vota candidato” es la consigna, no se vota un camino, una propuesta o un modelo de construcción social. No se vota por las leyes laborales ni por políticas sociales, sólo se ofrece el salario para la niñez al mismo tiempo que se quieren eliminar las retenciones a la soja. Un disparate y un insulto a la inteligencia de nuestro pueblo. Se pretende volver al FMI y rechazar el swaps con China por 10000 millones de dólares, y los 1500 millones de Brasil, ambos ofrecidos sin costo ni imposición de compra y de libre disponibilidad. Se estigmatiza la reunión del G-20 por la invitación argentina como si fuese un agravio al país haber participado y proponer frente a los poderosos del mundo la eliminación de los paraísos fiscales y la inversión en producción y trabajo antes que el apuntalamiento al sector financiero responsables de la crisis internacional.

 Las elecciones, como cualquier evento político, constituyen una batalla ideológica que solamente no aceptan aquellos que decretaron “el fin de la historia” en los 90 y acordaron el discurso único del neoliberalismo hasta que estalló. La ideología no sólo existe sino que es el motor de la política que deberá ser reivindicada como la herramienta de transformación de los pueblos por construir sociedades mas justas. Volver a la política es el gran desafío de la batalla electoral, sin que nadie se asuste por el término guerrero, ya que la guerra es la continuación de la política por otros medios, pero siempre termina en el mismo lugar que es la mesa de negociaciones. No mesa de imposiciones y de ninguneos de sectores sociales que ven disminuir sus ingresos y apuntalando actitudes egoístas y neoliberales pretenden hacerse dueños de la patria y de sus símbolos, como la bandera y el himno. Quizás lo hayan sido en otras épocas, pero el mundo y la Argentina cambiaron, llegó la hora de reconstruir el Estado de Bienestar después de la noche financiera para lo cual falta un largo camino, pero es el camino, sabiendo de la hipoteca social pendiente y del modelo de construcción social solidario en lo estratégico.

 No estamos eligiendo hombres y mujeres mas o menos presentables y millonarios. Debemos preguntarnos si son mas o menos comprometidos con los humildes y desprotegidos, y si su historia personal corrobora la idea que nos formamos de ellos. No son individualmente los candidatos quienes nos representen, sino las políticas que llevarán adelante, desde una conducción política como en cualquier país del mundo. Por esa razón todas las elecciones son plebiscitarias. Porque nos pueden hacer abandonar el UNASUR y sus iniciativas como el Banco del Sur y el sistema de Defensa continental, nos pueden hacer volver a las AFJP y su saqueo, derogar las leyes del trabajo para flexibilizar a los trabajadores ante la crisis, eliminar el rol del Estado que hoy alienta políticas pro activas de consolidación de empresas y empleo, dejar las rutas áreas, la aduana y el personal embarcado en manos extranjeras, bajar la movilidad jubilatoria, terminar con las Obras Sociales, firmar el ALCA con EEUU y tantas cuestiones que sería largo analizar, pero funesto el solo pensarlas.

 Si el camino es el correcto, aún con errores de gestión y de conducción, debemos apuntalarlo para profundizarlo en ese sentido, porque solo así se aventarán los temores ideológicos. En ese sentido duele la crítica por “izquierda” de sectores del campo nacional y popular que llevados por un formalismo complejo en su interpretación, terminan emparentando el camino recorrido con los procesos neoliberales y dictatoriales, aumentando la masa crítica de los sectores de la reacción. Sin dudas todos tenemos propuestas y senderos que transitar aún insatisfechos desde el punto de vista de las utopías, pero no todo debe ser a cualquier precio y menos en un acto electoral. Los peronistas sabemos cual es el aporte al movimiento nacional junto al justicialismo, al movimiento obrero organizado, las organizaciones de base de los movimientos populares, los intelectuales de Carta Abierta, los aliados al proceso de reconstrucción nacional vengan de donde vengan  siempre y cuando expresen lo genuino de la lucha por la recuperación de la identidad nacional y la soberanía política con justicia social.

 JORGE RACHID

CABA 13-5-09

Publicado en el diario BAE el 15-5-09

www.jorgerachid.blog

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