Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

Archivo de Junio 2009

La última elección del Consenso de Washington

Publicado por Miguel Contissa en Junio 18, 2009

Por Jorge Rachid

 En medio de una crisis internacional definida como estructural y que abarca lo social, lo financiero y lo económico, Argentina enfrenta un proceso electoral cuya formulación se sustenta en el caduco modelo neoliberal. Así, se pretende la construcción de un supuesto debate de pensamiento, con centro en lo macroeconómico, donde las ideas fuerza rondan el “consenso” y la “sustentabilidad”, rememorando aquellos idealizados pergaminos, tan afianzados en los 90, que otorgan los organismos internacionales cuando los gobernantes nacionales claudicando, responden a sus intereses.

 Esta situación terminal del mundo creado y regido por la especulación, la codicia y la extorsión de lo financiero por sobre lo productivo y que desprecia al hombre como centralidad totalizadora de la política, se ha agotado en su propia ignorancia: la acumulación de ganancias insolente y procaz de unos pocos terminó vaciando el consumo de las poblaciones trabajadoras y cayendo en la torpeza especulativa, quebrando así a su majestad, la lógica “del mercado”.

 Después de la crisis del 2001 y de la mano del denostado y maltratado “Peronismo”, nuestro país, en contra toda la lógica racionalista internacional de moda en ese tiempo, recorrió un camino propio emergiendo casi indemne de una crisis que los poderes internacionales proyectaban como el capítulo final de la construcción de la nacionalidad en nuestro país.

 Mal que les pese a muchos fue el Peronismo en su caprichoso derrotero histórico de enfrentar situaciones difíciles, sin ejercer la violencia ni coartar las libertades democráticas, sin proscribir a otras fuerzas sociales ni reprimir la protesta social, quien fue encontrando en la voluntad mancomunada del pueblo esa herramienta necesaria de esfuerzo y sacrificio, siempre dispuesta a recuperar la identidad nacional en horas difíciles.

 Pese a contener en su seno elementos contradictorios que van de lo ideológico a lo metodológico, el Peronismo constituye el marco necesario de la expresión del movimiento nacional, que contiene desde el empresariado nacional a las organizaciones sociales libres del pueblo, desde sectores políticos aliados hasta contar con la voluntad del Movimiento Obrero Organizado, verdadero ordenador del diseño económico social, tanto en la creación de cuatro millones de puestos de trabajo hasta la suscripción pautada, lógica y ajustada a los tiempos postcrisis, de los convenios colectivos de trabajo.

 En un país donde la democracia está en plena vigencia entrando en la adultez, la campaña política se desarrolla apelando a la consigna democracia o dictadura, instituciones o caos, transparencia o guerra civil, tal como hace setenta años, pretendiendo ocultar que los tres poderes de la República funcionan, el Gobierno actúa en el plano nacional  e internacional de acuerdo a la presencia histórica de la Argentina en la lucha por la paz y la unión de los pueblos en especial latinoamericanos y la crisis que nos invade se atraviesa con políticas activas de preservación del empleo. No es serio ni constructivo que los medios y las cuestionables discusiones de presuntas plataformas nos pretendan hacer atravesar esta etapa de manera maniquea, poniendo en tela de juicio al conjunto de la Nación.

 Sin dudas muchas reflexiones serán destacadas después del acto electoral, pero existen compromisos permanentes de la política en post del fortalecimiento como Nación, entre ellas el fortalecimiento partidario, el debate ideológico y la discusión del  modelo de país que queremos, que muchas fuerzas expresan en su afán electoral, pero ninguna termina por definirlo. Mientras tanto el peronismo construye caminos políticos y fortalece la presencia del estado, después de años de ausencia y mercado negro.

 Estos últimos años marcaron un camino sobre el cual transitar, un camino que había sido abandonado por la fuerza mayoritaria del peronismo en un proceso de tráfico doctrinario-ideológico, que lo llevó a abrazar las corrientes neoliberales dominantes entonces desde el incio mismo de la dictadura militar del 76, en una lógica del poder contraria al compromiso de “primero la Patria, luego el Movimiento y por último los hombres” referencia inequívoca a la dedicación y compromisos ineludibles, con los desposeídos y los trabajadores.

 No es posible ser Peronista y neoliberal al mismo tiempo por cuanto se representan intereses contrapuestos, por construir pensamientos antagónicos desde lo ideológico, por desarrollar alineamientos automáticos en el orden internacional por sobre los intereses nacionales, por ser acríticos a la hora de las definiciones de la situación nacional, por tener a los trabajadores como herramienta de ajuste económico y no construir dignidad. Podríamos seguir enumerando las contradicciones de un modelo que ha fracasado en el mundo como anticipó Perón, al condenar los capitalismos salvajes y deshumanizados, al alertarnos sobre la defensa de los recursos naturales, próxima estación de la voracidad multinacional que vivimos en estos tiempos.

 Saltándose la mismísima directiva de Perón (“mi único heredero es el Pueblo”) quienes hoy se pretendan adjudicar la paternidad peronista para desandar el camino desarrollado, deberán sin dudas apelar a la tijera histórica para desconocer que se puede estar en desacuerdo con las formas de conducción del Gobierno y del Partido, se puede criticar la superficialidad de algunas de las medidas adoptadas, se pueden marcar actitudes diferenciadas con personajes que hoy conducen espacios nacionales, se puede plantear legítimamente la lucha política por el posicionamiento territorial, se puede estar enojado y herido, pero para hacerlo no es necesario ni es posible para quien se dice peronista, tejer alianzas con exponentes de la dictadura militar, ni con los responsables del vaciamiento del Estado, ni con los desesperados y tardíos ingresantes a un primer mundo utópico de la globalización financiera, ni con quienes atacan la Unidad Sudamericana de Naciones de la cual el Peronismo fue pionero de la mano de Perón en los 50.

 Se  acusa al Peronismo de violento, cuando en realidad fue el Pueblo Peronista la víctima de bombardeos indiscriminados, fusilamientos inconcebibles, proscripciones electorales por décadas, desapariciones, persecuciones al movimiento obrero organizado, encarcelamiento de dirigentes, siempre ejecutados en nombre de la Democracia y la Libertad, cuando en realidad era la tiranía de los históricos dueños del poder, de los que siempre optaron por el camino fácil de la represión y del ajuste sobre los sectores mas humildes de la población, de los que descreen de una sociedad solidaria desde los albores mismos de la Patria, cuando el conflicto Unitarios y Federales teñía de sangre nuestra geografía, siguiendo con Irigoyen y Perón, expresiones populares combatidas a sangre y fuego, por los mismos intereses que hoy expresan la contienda electoral.

 Este panorama hace que se trate de la última elección en el marco del Consenso de Washington, diseñado como esquema de dominación y condicionamiento de las democracias populares, al fracasar las dictaduras militares, siendo esas democracias sometidas al manejo extorsivo y colonial de los organismos financieros internacionales, con socios locales que asumieron al Mercado como ordenador último del conflicto social, es decir represión y ajuste económico, enarbolando la teoría del ilusorio derrame económico y el pensamiento acrítico del Fin de la Historia.

 La crisis económica financiera mundial los desnudó en toda su intensidad, lo despojó de la sombra hipócrita del Estado ausente, mostrando a las Bancas del mundo pidiendo auxilio a los que antes pontificaban como “Estados Bobos”, a las empresas multinacionales asumiendo públicamente vivir de las arcas del Estado y que siempre lo habían hecho en privado, intentando el capitalismo internacional que la crisis la paguen los pobres de los países emergentes como sucedió históricamente.

 Los hombres y mujeres del campo nacional y popular, en especial los peronistas, sin dudas debemos asumir un proceso crítico de reconstrucción del movimiento nacional, fijando objetivos estratégicos en forma independiente de los procesos electorales acuñados para desviar los ejes principales de la política, dividiendo por aguas equivocadas en el afán neoliberal del protagonismo individual por la concejalía, la diputación o la senaduría, tomando como base que el ser electo no resuelve los déficit profundos del diseño estratégico del país. Resolver esta situación nos hará libres de ataduras conceptuales de los últimos 33 años de cultura dominante neoliberal para actuar y pensar libremente en los mejores caminos de construcción de nacionalidad en un mundo disperso y en crisis, donde la visión de hace 60 años de un líder como Perón, es revalorizada como categoría del pensamiento moderno y aquí estigmatizada como la marca de la confrontación que supuestamente llevó a la Argentina al descenso a los infiernos.

 Nuestro aporte será sin dudas como la vieja FORJA del siglo pasado empujando a la recuperación de las banderas nacionales, de la política como instrumento de cambio en la calidad de vida de los pueblos, a desnudar los instrumentos de la dominación conceptual y material,   reinstalando al hombre argentino y latinoamericano como eje de la política, por los caminos que el pueblo argentino esté dispuesto a transitar en la construcción de nuevos paradigmas para los próximos tiempos, en la  construcción de un modelo social y productivo mas justo, en un país mas grande con un pueblo mas feliz.

 CABA 14-6-09

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VOLVER AL FUTURO

Publicado por Miguel Contissa en Junio 7, 2009

Por Jorge Rachid

 La contradicción que encierra el título es la misma disyuntiva que enfrentamos los argentinos cuando hablamos de política, porque da la impresión que todo es ahistórico, todo significa un comienzo y en algunos casos hasta un alumbramiento de soluciones espontáneas que resolverán la vida de todos nosotros.

 Es sin dudas una de las características de los procesos electorales, en especial aquellos en donde las figuras son mas importantes que las propuestas, procesos en donde las formas dominan los contenidos y la confrontación a fondo es el signo de partida para ocupar espacio en los actuales medios de comunicación.

 Sin embargo, mas allá de la siempre despectiva y racista forma de denominar el voto popular, debemos preguntarnos si el pueblo ignora lo que es futuro y lo que es pasado, oculto detrás de una marquetinera forma de hacer política, por supuesto siempre presentada como “nueva”.

 Quizás nos enteremos de la realidad, cuando nos interroguemos acerca de si estamos dispuestos a volver a ver a funcionarios del FMI paseándose por los pasillos del Ministerio de Economía dándole órdenes al ministro de turno, o si vamos a estar nuevamente pendientes de “calificadoras de riesgo” que nos pongan notas sobre nuestro perfil financiero como si en ello descansase la suerte de millones de argentinos, olvidándonos que estas “empresas” fueron las mismas que calificaron con un “Excelente” a las que tuvo que auxiliar con billones de dólares el gobierno de los Estados Unidos. Empresas que para horror de los “liberales puros” ahora tienen como socios mayoritarios al propio Gobierno, como en el reciente caso de la General Motors, donde los ciudadanos de los Estados Unidos poseen el 60% de las acciones y el Sindicato de los Trabajadores el 17.5%.

 No olvidemos a aquellos que sienten nostalgias por los perdones alejados de la Justicia, en juicios, que son el único tema en que los “liberales puros”   no dan crédito al clamor internacional sobre la dictadura y los genocidas. Cualquier otro reclamo del exterior es expandido con megáfono en los medios de comunicación, como si “hacer bien los deberes” con los intereses económicos de otras latitudes nos garantiza la viabilidad interna, siempre y cuando esté referida al aspecto económico garantizando el Mercado y no de derechos humanos o temas del medio ambiente o el combate a la pobreza y la distribución del ingreso.

 Otros claman por paraísos perdidos que nunca existieron y menos aún cuando gobernaron, hablan de otro país, de otra geografía, de otro tiempo cuando se refieren a la seguridad social en el tema jubilados, congelados, mancillados, descontados, ignorados por décadas, en gobiernos de signo neoliberal, de crecimientos económico “macro” y acumulación de riquezas para pocos, pero con un pueblo triste, desocupado, errante en las periferias mismas de la pirámide social.

 ¿Que tiempo pasado hay que recuperar cuando la noche del dolor quedó atrás, aunque queda un largo camino a recorrer, pero con objetivos nacionales y populares que puedan recrear las esperanzas del pueblo argentino, que no sólo se nutre del día a día, sino de la posibilidad de prever un futuro para sus hijos, en un país mas justo.?

 Sería ilógico desde este análisis pretender que todo lo realizado desde la crisis del 2001 haya sido lo correcto. Es mas, decirlo sería faltar a la verdad, pero desde ese momento en que se produjo el quiebre político del neoliberalismo dominante hasta hoy, se ha recorrido un camino que si lo hubiésemos planteado en aquella situación no habríamos tenido crédito a nuestras palabras.

 Ni un paso atrás es la consigna que permite identificar claramente el camino, especialmente en estos tiempos de lides electorales, cuando los leones se visten de corderos, cuando la historia es escondida bajo la alfombra, cuando el peronismo es ocultado vergonzantemente aún en su diáspora y cuando se tergiversa la epopeya de un conductor estratégico como Perón quien nos anunció hace 34 años de donde venía el enemigo para hacerse de los recursos naturales, las reservas acuíferas y los espacios libres.

 Un Perón que, según algunos, no estatizó los ferrocarriles, ni la banca y ni el crédito, que se olvidó del comercio exterior; que el IAPI, la Fábrica Militar de Aviones,  Altos Hornos Zapla nunca existieron, como tampoco el Pulqui, ni el sedán Graciela ni la moto Puma, ni el Instituto de Reaseguros ni las cajas de Jubilaciones, ni ni la Salud ni el Hospital Público Carrillista. Claro que pudieron invertir los privados en esa época, de hecho se cuentan por millones la inversión en  industrias, pero en el marco del Estado Justicialista del Plan Quinquenal del 46 y del 52, con la Comunidad Organizada como concepto del equilibrio de intereses y de organización popular.

 Algunos pretenden que hoy no se hable de enemigo, como si en la lucha entre los intereses nacionales del pueblo argentino y los del capitalismo financiero salvaje y codicioso, estigmatizado ya en su momento por Juan Pablo ll y ahora por los mismos EEUU, pudiesen tejerse acuerdos ventajosos para la mayoría de los argentinos. En esa lucha de intereses que se plantea dentro de nuestro territorio por la distribución de la riqueza, también impera la cultura de 33 años de individualismo, de existismo y del “salvese quien pueda”, fundamento filosófico del egoísmo cultural neoliberal.

 Quienes hoy plantean desde una tribuna política conformada por los medios comunicacionales propios como se debe proceder, fueron incapaces de hacerlo cuando gobernaron y si las fallas de la actual gestión pueden enumerarse en decenas, no es menos cierto que cada vez que decidieron, lo hicieron para el lado de los trabajadores y los desposeídos. En ese sólo gesto puede enmarcarse una conducta y desde ahí puede construirse un camino.

 Algunos opinan que no alcanza para definirlo como un modelo, lo que no deja de ser una discusión semántica, pero hoy la Argentina está presente en el mundo con perfil propio, participando en las discusiones globales y proponiendo la eliminación del azote financiero y los paraísos fiscales, estableciendo los puentes necesarios de consolidación del UNASUR con su banco y su sistema de defensa, avanzando en el camino de la unión de los pueblos, no sólo de la económica que discute aranceles y desvela a los gurués liberales del otro tiempo.

 Está en marcha en nuestro país, un nuevo paradigma que sólo surge de la conciencia colectiva del pueblo en sus múltiples formas de expresión. Las elecciones construyen caminos, con altibajos propios de los tiempos que se toman las mayorías populares para construir su destino, apostando a la paz y a la democracia en su autenticación correcta que es la democratización del poder, con herramientas plebiscitarias en cada jalón del camino, abandonando actitudes del coloniaje mental, del seguidismo acrítico y del anclaje político externo,  pero siempre adelante, hacia objetivos que devuelvan la identidad y el orgullo de ser argentinos.

 CABA 2-6-09

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LOS MUERTOS INVISIBLES

Publicado por Miguel Contissa en Junio 7, 2009

Por Jorge Rachid

  Las crónicas diarias de los medios de difusión nos entregan dramáticas escenas de tiroteos, asaltos, accidentes de tránsito y últimamente, epidemia de dengue, en una sucesión sin fin de calamidades que nos llevan a un estado colectivo de angustia y crispación, buscando culpables por doquier, de manera de aliviar culpas y dolores propios. En general el Gobierno, por acción u omisión, es el principal destinatario de acusaciones, especialmente durante esta etapa electoral.

 Invitados a leer los principales medios del mundo, uno encuentra que casi todos remiten los hechos violentos a las secciones policiales, los accidentes de tránsito a las páginas de sociedad y los episodios médicos a la sección correspondiente. Pero en nuestro país el repiqueteo constante instala una sensación de pánico colectivo, aunque los índices delictuales sean iguales o inferiores a otros países. Sin embargo muchos otros hechos son silenciados, ocultados y sesgados de la información cotidiana, en especial los referidos a sectores que no interesan en la pugna política ni forman parte del tironeo de intereses siempre presentes en el formato de la información.

 Si contásemos diariamente los muertos por accidentes de trabajo, que suman casi tres por día, sumados a la cantidad de accidentes no fatales pero invalidantes que se producen a cada instante en los mismos lugares de trabajo, estaríamos frente a un Cromañón cada sesenta días. Sin embargo esta estadística no publicada, no tiene ni siquiera seguimiento desde la página oficial de quien supuestamente es la autoridad de aplicación, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Esto así, por cuanto desde el año 2006 no se publican los informes que son parte de la responsabilidad de la institución, además de velar por la salud de los trabajadores, de ese ente de ley producto de la Ley 24557.

 Es la misma ley que fue declarada inconstitucional por más de 200 fallos en el país y la Corte Suprema de Justicia de la Nación le declaró inconstitucional los artículos 39 y 46, que cercenaban a los trabajadores la posibilidad de acudir a la Justicia y establecía el pago en “cómodas” cuotas a las aseguradoras llamadas ART. Esa Ley en la práctica inviable, rige aún hoy para los trabajadores, mientras observamos impotentes como siguen sufriendo consecuencias severas en su salud ante la falta de inversión y responsabilidad de las A.R.T. , de los empleadores en Salud y Seguridad en el trabajo y ante el dolo en el tratamiento de la ecuación capital–trabajo, con absoluto desprecio del ser humano en la  cadena de producción.

 Uno se pregunta como médico y analista de la Seguridad Social, si en otros países del mundo al cual hacemos referencias y “queremos” parecernos, en la realidad macroeconómica y financiera, se manejan con tanta impunidad y complacencia con los homicidios dolosos producidos a diario en el trabajo y si estos se producen con la asiduidad como lo hacen en nuestro país. No existen los accidentes ni las enfermedades del trabajo incausadas. Ellos son producto de la falta de inversión empresarial en prevención y educación de los trabajadores. El contrato de trabajo en la Argentina conlleva el viejo slogan en negativo, (“el trabajo no es salud”), ya que las condiciones laborales en cualquier actividad  está dotada de peligros con riesgos inminentes para la salud de los trabajadores, tanto por condiciones laborales como ambientales mucho mas tóxicas que las permitidas por ley.

 En España, por ejemplo, cualquier accidente fatal de trabajo es seguido por prisión preventiva para los responsables de la empresa, al igual que cualquier homicidio doloso en nuestro país. Después se analizarán atenuantes si los hay, pero en todos los casos dentro de una causa judicial en sede penal. Los muertos del trabajo no tienen amparo, los inválidos sólo la ayuda de la Seguridad Social, los familiares la pensión y la cuota parte del muerto en cuotas con monto fijo, diferente y menor a otros argentinos muertos en otras circunstancias. Tan es así que en los accidentes ocurridos en medios públicos de transporte, la vida del chofer, piloto, azafata o personal de la empresa, vale menos que la de los pasajeros que lleva, por el sólo hecho de estar trabajando.

 Las ART según la Ley, son responsables junto a las empresas del cumplimiento de ley, y sin embargo en el caso de los exámenes en salud, desde el exámen médico preocupacional hasta los periódicos de seguimiento son incumplidos en el gran porcentual de los casos, y en otros el cumplimiento es simplemente para cumplir una formalidad. Conocemos profesionalmente casos en que el mismo contenido del exámen médico se practica para el empleado administrativo que para el trabajador hombreador de bolsas de 50 kilos; el mismo para un chofer que para un trabajador de lavaderos, sin permitirnos hablar de los peones rurales ni del trabajo infantil prohibido en toda la legislación nacional e internacional, pero presente en el trabajo diario de recolección y selección del tabaco en el norte argentino y del algodón en el Chaco y su zona. Todos los actores sociales miran para otro lado; el Fondo Nacional del Tabaco continúa liquidando con recursos de todos los argentinos mientras las tabacaleras explotan criaturas menores de 10 años y otros chicos trabajan de sol a sol en la recolección algodonera y se solicitan reintegros sobre exportaciones de aceites realizados a expensas de trabajadores infantiles. Por supuesto todo en situación de no registrados, y, fuera de cualquier amparo legal o sindical para los niños y sus familias.

 Volviendo al tema de los accidentes de trabajo, notamos que se ha instalado en la autoridad de aplicación el concepto que las hernias en general no provienen del trabajo realizado, sino que resultan defectos de los individuos y como tales se las califica como “enfermedades inculpables”. No son derivadas del trabajo que realizan, sino taras de formación en un todo de acuerdo con las aseguradoras, cuya principal finalidad es el lucro logrado al no pagar enfermedades del trabajo como tales. Se ha colocado a la Seguridad Social en el rol de atender todos los problemas de salud derivados del trabajo a través de las Obras Sociales, incluso por demandas judiciales que nunca afectan a las ART que rechazan alegremente las denuncias esperando el dictamen de las Comisiones Médicas, mientras el trabajador es atendido en su urgencia por su cuenta y riesgo. También forma parte de esta derivación de esfuerzos médicos el Hospital Público, siempre primera estación ante el infortunio, mientras las aseguradoras siguen cobrando su porcentaje de la masa salarial como antes las AFJP, cuyos principales accionistas siguen siendo los mismos, con su grado de desprecio por la calidad de vida de los trabajadores, cuyo único capital es la salud, que arriesgan diariamente por su sustento, cuando deberían estar cuidados y protegidos por las máximas medidas de Salud y Seguridad en el trabajo.

 Son casi ochocientos mil los accidentes de trabajo ocurridos por año, tomando en cuenta sólo el ocurrido a personal registrado, y si esa cifra le sumamos un 39% de trabajadores “No registrados”, mas el trabajo infantil ya denunciado, es dable  sospechar una cifra mayor. De los ocurridos y denunciados, casi un 7% tienen lesiones gravísimas que llevan a la invalidez, o sea decenas de miles de trabajadores en edad económicamente activa que ingresan a la Seguridad Social como inválidos por accidentes de trabajo anualmente. Ni un solo responsable es juzgado por ello, ni una sola aseguradora fue juzgada por enviar a trabajos no aptos a individuos que padecían determinada conformación o patología no detectada en esos análisis burocráticos para cumplir con la ley. Así vemos jóvenes de 30 años con discopatías múltiples por levantar mas de 50 kilos en carga y descarga durante 12 horas, medias reses durante jornadas enteras, rollos textiles de 80 kilos, presentando todos ellos columnas envejecidas, con envejecimiento precoz, que son rechazadas por las ART con la complicidad de la SRT, cuando todos sabemos que en el mundo, por legislación internacional, está prohibido levantar a mano por los seres humanos, mas de 23,500 kilos.

 Cuidar a nuestros trabajadores, es cuidar el trabajo argentino, es cuidar el crecimiento y recuperar la solidaridad como eje de construcción de un modelo social diferente al neoliberal que instaló la flexibilización laboral, las jubilaciones privadas extorsivas y falaces, y las ART como forma de privatizar el control de la higiene y seguridad del trabajo. Así, con masas desocupadas pugnando por entrar al mercado laboral, las condiciones de quienes conservaban el trabajo se deterioraban, las demandas salariales disminuían y quienes reclamaban quedaban fuera del mercado y de la vida. Esto no debe volver y debemos transitar un duro camino aún para desmontar lo estructural del neoliberalismo en el marco del trabajo, principal sector afectado junto a la deuda interna por la irrupción de una cultura contraria al modelo social solidario de la cultura del trabajo.

 Si los trabajadores, los niños explotados, los jóvenes pobres sin proyecto de vida, siguen figurando fuera de agenda excepto para programas televisivos morbosos en mostrar la marginalidad, cuando sólo sirven para sesudos congresos de analistas sociales en donde las estadísticas reemplazan la corporización humana del drama cotidiano, la lucha cotidiana por la supervivencia se da en las peores condiciones, con muertos invisibles, con niños sin futuro, con inválidos ocultos , con toxicopatías diseminadas en adolescentes sin destino, todos ellos aún en vida sin respuestas de compromiso social solidario, no saldremos nunca de una sociedad enferma. No se movilizan las capas medias por esos hechos dramáticos, no forman parte de la crónica diaria, no se cortan rutas ni se llenan espacios vacíos de noticieros con los cadáveres de obreros ni de niños que no deberían morir, que forman parte de las estadísticas de enfermedades pero que se desarrollan sobre cuerpos deteriorados e inmunodeprimidos por condiciones  de vida.

 El Estado Nacional ha mejorado en estos últimos años su presencia en las necesidades sociales básicas, pero hace falta avanzar en políticas sociales y sanitarias desde un marco estratégico de resolución del drama estructural ocasionado por treinta y tres años de ejercicio activo de políticas neoliberales. Es necesario plantearse un modelo de construcción social que además de ampliar como lo ha realizado el mercado del trabajo en 3,5 millones de trabajadores incorporados al mundo laboral desde el 2003, las condiciones de trabajo garanticen su salud y su continuidad, que contenga socialmente a los niños y adolescentes, a sus madres y su familia, con pautas de inversión social que determinen indicadores de vida en alza, con presencia diaria del Estado y contención permanente al desamparo social ocasionado por años de abandono, desidia e incomprensión.

 Derrotar la concepción paternalista del Estado, la forma perversa de la beneficencia, la privatización de la responsabilidad en las ONG, son cuestiones duras a resolver con política, con visión a largo plazo, con políticas de Estado y con compromiso social pleno, humanizando la práctica y el discurso porque cada argentino, viva donde viva, sea del origen que sea, piense como piense, merece las mismas condiciones  de vida y de desarrollo que quienes tienen presencia mediática y protagonizan presión social sectorial permanente por sus propios intereses. Los trabajadores, los niños explotados, los adolescentes sin educación ni trabajo, los desamparados, siguen siendo el subsuelo de la Patria al decir de Scalabrini Ortiz, en los medios de comunicación y en el inconciente colectivo del país.

CABA, 11 de abril de 2009

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