Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

GOBIERNO Y PODER

Posted by Miguel Contissa en junio 23, 2007


Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

Es común escuchar en muchos actores políticos, especialmente aquellos de “ideología líquida”, esos andinistas de la política, prometer o advertir sobre acciones futuras para “cuando se llegue al poder”, como si esa instancia fuese un sitio ubicado a la vuelta de la esquina o componga algún circuito turístico.

En realidad, el discurso contiene una proposición: “el día que se logre estar en el gobierno” (tal vez) se cumplirá con lo expresado públicamente, confundiendo indebidamente el gobierno con el poder. En el mundo real, es posible acceder al gobierno, pero eso no implica necesariamente “tener el poder”. En este sentido, la historia del peronismo tiene muchos antecedentes al respecto cuando, especialmente en épocas de su proscripción, lograba incidir sustantivamente en el desarrollo de los acontecimientos políticos y sociales.

Ahora bien, el poder que sirve, que trasciende, que revoluciona, no es un “objeto” ni un sitio. Por ello, la ideología peronista, en su esencia, no lo piensa para la “dominación”, sino para la “liberación”. Lo considera propio de las relaciones humanas que serán, de una u otra manera, sociales y políticas. De ahí que la “construcción” de ese poder se ajustará, al igual que para los sujetos, a una intensa lucha por “el reconocimiento” por parte de los demás. Una vez logrado el “quién, cómo y cuándo” se es reconocido, podemos afirmar que estamos en presencia de, al menos, una porción de “el poder”.

En otro sentido, el gobierno, en términos de administración del Estado, desde ya “objeto” y como tal, no tengan dudas que puede ser aprehendido dentro del sistema democrático mediante sus prácticas, si la sumatoria de adherentes a ese proyecto es suficiente como para superar a los adversarios. Un solo voto más, alcanza. Pero esta conquista, sólo habilita a utilizar los recursos coactivos que tiene el Estado y que constituye el extremo opuesto de gobernar mediante la persuasión y el reconocimiento. De este estilo de gobierno, la historia argentina tiene sobrados y tristes recuerdos. Por eso, “gobernar es persuadir”, decía Juan Perón.

El “otro poder”

No obstante lo expresado precedentemente, existe otro modo de construcción del poder que se aleja del que posibilita el reconocimiento.

Nuestra provincia, desde hace 23 años tiene a un partido político en el que confluyen “gobierno y poder”: la UCR. ¿Sirvió para algo? ¿Fue trascendente? ¿Revolucionó? ¿Creció la provincia desde lo social, político, económico? ¿Sus habitantes gozan de mejor educación, de mejor salud y mejor justicia? ¿Se sienten seguros los rionegrinos?. Las respuestas Ud. las tiene, lo que me libera de brindárselas.

Ahora bien, esta confluencia que tiene soporte y estrecha vinculación con “el líder radical” y su aceitada maquinaria electoral, no es precisamente el mejor de los “poderes”, puesto que sirve sólo como “poder de dominación” que, cuando llega, lo hace para quedarse. Es un poder coactivo, sórdido, tejido con finos hilos prebendarios en el que todo está ligado por distintos intereses personales y cuyo único fin es el de perpetuarse en la administración pública para utilizarla en beneficio propio.

El “nuevo poder”

La realidad nos muestra que los rionegrinos necesitamos recrear una nueva sociedad, más solidaria, más justa y más libre. El poder que hoy necesitamos construir, el “nuevo poder”, el que nos conduce a la “liberación”, deberá ser popular a partir de nuevas relaciones sociales y políticas y, en orden de prioridades, eso tendrá que ser antes de que la mayoría que busca denodadamente “un cambio”, llegue a ocupar el gobierno. Es decir, primero convencer. Pero atención, porque no se convence con tanques de guerra ni con misiles, sino con discurso sólido que incluya una idea superadora de la realidad alienante; con ejemplo cívico; lejos del egoísmo personal, de la trenza; cerca del “otro”, de la cooperación.

Por lo tanto y para que algo cambie, en la construcción del “nuevo poder” y dada su indelegable misión histórica, el peronismo rionegrino deberá esforzarse en realizar un mejor desarrollo de estructuras organizacionales que presenten individual y colectivamente signos de verdadero y sentido “reconocimiento” por parte de la sociedad; que respondan claramente a las aspiraciones siempre vigentes de los sectores populares. Ese poder, ese “nuevo poder”, el peronismo debe construirlo desde la base como son sus organizaciones barriales, municipales y territoriales que, actuando solidariamente y en red, podrán configurar un proyecto de desarrollo común en el que se deberá rescatar las utopías y se revalorizará el trabajo. Entonces, estará a la vista que no hacen falta “padrinazgos” ni “bendiciones presidenciales” cuando se piense en el gobierno provincial, pues esa organización peronista será el fiel reflejo de los intereses del pueblo, y contra eso nadie se atreve y todo se alcanza.

Es por lo tanto necesario rescatar el concepto de organización, pues las voluntades individuales, por válidas que sean, no son suficientes y en muchos casos sólo representan apetitos personales que suelen no estar a la altura de las circunstancias.

El gobierno no es el poder. El poder no es el gobierno. No obstante, ambos tienen que servir para liberar al Hombre.

Septiembre de 2006

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