Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

SER Y PARECER

Posted by Miguel Contissa en junio 23, 2007


Publicado en el Diario Digital de S. C. de Bariloche

Opina Miguel Contissa.

Retoma el tema de la libertad y la igualdad dentro del mundo “civilizado”, a partir del comentario de la jueza civil Isabel Grillo.
10 enero 2007

El Diario Digital de Bariloche, publicó semanas atrás un muy interesante artículo titulado “Ser y parecer” a cargo de la jueza en lo Civil y Comercial de la ciudad de Resistencia, Chaco, que invita a la reflexión sobre la libertad, la igualdad y la ley dentro de nuestro mundo “civilizado”. Hace referencia también a la escisión que sufre el individuo como ciudadano entre el ser y el parecer. La doctora Iride Isabel María Grillo nos trajo a Rousseau y su “Contrato”, sugiriéndonos explorar también dentro de la filosofía y la historia.

Bien. Me atrevo a retomar su título sólo para dar la necesaria relación y coherencia al diálogo.

Sabemos que durante el siglo XVIII se produjo la revolución industrial que trajo aparejada la subsunción del “trabajo” al “capital”, es decir, la separación del hombre como productor de los “medios de producción”. Esta primera escisión logró quebrar, romper, destruir todas las totalidades orgánicas que existían y en las que el individuo era contenido: la familia ligada a la tierra, el gremio, la Iglesia. De resultas, el individuo se aísla, queda solo y desvalido frente a un mundo nuevo que le ofrece coercitivamente distintas alternativas: trabajar en una fábrica, ser asaltante o convertirse en mendigo. Es el nacimiento de aquello que Hegel denominó la “sociedad civil”, o sociedad burguesa. Es la llegada de la modernidad cuyos filósofos tratarán de escrutar a fin de encontrarle “racionalidad”.

Justamente es Hegel, -según algunos “el filósofo de la burguesía”-, el que presenta una de las cosmovisiones más atrevidas: la dialéctica, es decir, la superación del particular en el universal. Si el sujeto no se hubiese escindido del universal, o sea del mundo que lo contenía, como consecuencia de la llegada del capitalismo, Hegel no habría desplegado su teoría. El tema que ocupó entonces a los filósofos, fue cómo explicar y resolver esa desestructuración que atomizaba a los individuos al separarlos de su ámbito y que incubaba una anarquía potencial que ponía en peligro el orden social, económico y político que se acababa de establecer.

Algunos, como Thomas Hobbes, no dudaron en proponer un estado absolutista, es decir un orden por medio de la fuerza, de la coerción, bajo el argumento que el hombre, cuando está fuera de este tipo de gobierno, vuelve a su “estado de naturaleza”, pre social, en el que cada uno vela por sí mismo y es capaz de agredir a los otros. La solución entonces será celebrar un pacto, un contrato en el que se cede la soberanía particular a un individuo, en este caso “el soberano”, para que mantenga la paz y el orden. Será el gran Leviatán.

Otros en cambio, liberales como John Locke (verdadero filósofo de la burguesía naciente) o Adam Smith, no dudaron en prescribir que la existencia de un “estado” debía ser la más mínima posible. No debía inmiscuirse dentro del ámbito económico y sólo tenía que ocuparse de proteger mediante el sistema jurídico, la cosa más valiosa de esa nueva clase social emergente como era la burguesía: la propiedad, a partir de la cual, el sujeto se realizaría. El resto de la actividad social y económica sería resuelta por medio de “la mano invisible”.

Luego y como consecuencia de la lucha por quitar poder al rey y su “origen divino”, otros como Jean Jacques Rousseau proponen un estado democrático. Al igual que Hobbes, opina que el hombre debía realizar entre todos un “contrato”, pero en este caso a través de la “voluntad general” para alcanzar el bien más preciado: la libertad.

Finalmente y volviendo a Hegel, este propone para la plena realización del hombre la constitución de un “estado ético”, en el que se superarán todos los conflictos para culminar en la eticidad, es decir, una matriz de los más altos valores humanos que se expresan mediante el arte, la filosofía y la religión. Pero a diferencia de Hobbes y Rousseau, Hegel no estima favorable la constitución de un “contrato” para alcanzar la realización del hombre. Opina que tal acuerdo es inepto y contradictorio, pues sólo se establece para garantizar “la propiedad” que es en aquellas teorías, la realización del sujeto. Contratar, acordar, significa que la intención “del otro” está en colisión con mis pretensiones. Además, al ser un convenio entre partes, es sólo voluntad común y no general o universal, y la suma de voluntades individuales no necesariamente conduce a la universal. Sólo se alcanza la voluntad común. Por otro lado, nada garantiza que a través de la celebración de un contrato se constituya un acto de justicia.

Hacia una nueva eticidad

Sin apartarnos de Hegel, opina que toda eticidad contiene en su seno la moralidad. Así, el ser ético o la eticidad, no es otra cosa que un Pueblo con sus valores, sus instituciones, sus leyes, su idioma, su religión. Es la misma “idea de la libertad” que puede realizarse y que potencia al individuo posibilitando su expansión en el mundo existente. Es allí donde se realiza el sujeto porque es él quien lo crea y se recrea. Es el caso de la “polis” griega, en la que se adoraban a todos los dioses que ellos mismos imaginaron y obedecieron leyes que sólo ellos dictaron. No había dudas ni omisiones. Estaban integrados a su propio ethos, a su propio refugio, sumergidos plenamente. Sólo con la aparición del individuo como tal se rompe en pedazos la eticidad y el hombre se vuelve una partícula apoyado sobre su propiedad.

Por ello, tal vez para superar el momento actual en que el hombre se encuentra y que tan bien describe la doctora Grillo sea necesario no sólo analizar las injusticias, distorsiones y corrupciones que, entre tantos, denunciaron “los Rousseau”, sino intentar por todos los medios y desde todos los sectores de la sociedad, superar, trascender el “estado de naturaleza roussoniano” y alcanzar una Comunidad Organizada en la que el sujeto pueda realizarse como tal; en la que no exista el sentimiento de pérdida de derechos y libertad que brinda el trabajo. Intentar indubitablemente que la ley no esté al servicio del poderoso ni sea moldeada por éste, sino alcanzada por todos y que a todos alcance. Es decir, que lo que parezca, sea.

Respuesta de una lectora del diario:

Después de Hegel, Marx
Escribe la lectora Enriqueta Ciarlo. Retoma el análisis planteado ayer por Miguel Contissa respecto a la libertad y la igualdad y agrega al debate el nombre de Karl Marx (“me parece justo, pues de otro modo le faltaría una pata a la reflexión”) Y pregunta: “Si como dice Marx el ser es lo que produce y cómo lo hace, ¿cómo somos nosotros en el contexto en el que vivimos actualmente, visto nuestro hacer y el modo?”.

11 enero 2007, jueves

Algo para agregar al comentario de Contissa

El señor Miguel Contissa nombró a Thomas Hobbes, John Locke, Jean Jacques Rousseau y G. W. F Hegel. Yo añadiría a Karl Marx (me parece justo pues de otro modo le faltaría una pata a la reflexión de Contissa), quien formándose como discípulo de Hegel le criticó su teoría sobre el espíritu absoluto, y el ser a partir de la idea del pensamiento abstracto.Sin embargo, sí tomó de Hegel su método dialéctico, creando el materialismo histórico, el cual considera al ser como resultado de su hacer, y ese hacer en la sucesión temporal hace la historia. Así postula que el hombre produce y se produce a sí mismo como hombre a través del trabajo y su producto, y el cómo produce.Habla de los modos de producción, las relaciones de producción y caracteriza al capitalismo como un modo de producción basado en relaciones de dominación, donde la propiedad de los medios de producción y la división del trabajo tienen importante papel. Es decir, que la historia de la humanidad es la historia de los modos de producción y la lucha de clases a partir de las relaciones de dominación.El plantea finalmente que el cambio se da cuando la clase proletaria a través de la lucha política desarma al Estado y produce el cambio del modo de producción capitalista al modo de producción socialista. No hay otro modo de cambiar la historia. Porque la moral, el ethos nace de las relaciones sociales de producción de los hombres, de los modos en que produce y distribuye el producto. La idea surge del hacer y no al revés como postulaba Hegel (idealismo) Mi pregunta es: si como dice Marx el ser es lo que produce y cómo lo hace, ¿cómo somos nosotros en el contexto en el que vivimos actualmente, visto nuestro hacer y el modo?

Cordialmente, Enriqueta Ciarlo

RESPUESTA AL COMENTARIO DE ENRIQUETA

Escribe Miguel Contissa. Días pasados, la lectora Enriqueta Ciarlo sugería incorporar el nombre de Karl Marx a una serie de reflexiones sobre la igualdad y la libertad. Contissa recogió el educado guante y respondió de la misma manera, incluso con más preguntas: “Sencillamente, amiga mía (y permítame contarla entre ese grupo), creo que hoy tenemos importantes principios ausentes que servirían para apuntalar nuestra pobre existencia. Ellos son el milagro del amor, el estímulo de la esperanza y la perfección de la justicia”, dice.19 enero 2007,

Estimada Enriqueta Ciarlo: Mucho lamento no haber respondido rápidamente su pregunta formulada hace varios días sobre cómo somos en el contexto actual en que vivimos. La suya, es una pregunta que es constante en el tiempo, es formulada en cada momento histórico en el que el hombre cambia sus coordenadas. Por lo tanto, dada su profundidad, está muy lejos de mí siquiera suponer que puedo responderla. Sólo podría aportar más preguntas, anhelos o esperanzas.

Es cierto, no fue incluido en mi breve síntesis histórica la figura de uno de los grandes pensadores del siglo XIX como es Carlos Marx y que avanza con el método dialéctico de Hegel hacia el materialismo histórico. Mi intención fue detenerme en la idea, en la posibilidad (utópica, diría) de alcanzar la superación de la alienación del hombre por otro camino que no sea el de esperar que la burguesía termine de profundizar el capitalismo y ceda luego su lugar a la “dictadura del proletariado”.

¿Por qué? Porque parece demostrado que la profecía marxiana dista mucho de alcanzar su objetivo y porque si seguimos abonando su labor, si avanzamos crédulamente hacia aquella futura instancia post capitalista, nos quedaremos sin naturaleza, sin mundo vital, sin aquello que pueda serle útil al “futuro gobierno proletario”. Y lo que es peor, nos quedaremos sin el Hombre. Por otro lado, porque el marxismo convirtió en materia política la discusión filosófica e hizo de ella una bandera para la interpretación materialista de la Historia.

Pero su pregunta es ¿cómo somos en este contexto, en este momento histórico en el que nos encontramos? Como afirmé que no tenía más que dudas, no hago más que plantearlas:

* ¿Cabe esperar que “la lucha de clases” nos conduzca al gobierno proletario marxista o existe otro camino que pase por el amor y la concordia, por el abandono del egoísmo utilitarista y del individualismo?

* ¿Existen en esta época las “clases sociales” tal como las definía Marx o la licuación social, económica y política que impuso el liberalismo y el neoliberalismo burgués constituyó otra forma de identificar a los grupos sociales dentro de una comunidad?

* ¿El modo de producción post capitalista actual es igual al del capitalismo maduro?

* ¿Existe el proletariado laborando o existen grandes masas de desocupados y excluidos? ¿Quedan aún en pie las fábricas con grandes concentraciones obreras o por el contrario hoy la “globalización” impuesta a “sangre y lodo” (frase que tomo de Marx) por el imperialismo acentuó la división internacional del trabajo?

* ¿Es “la burguesía”, como icono del capitalismo, la que está al frente del sistema u hoy el régimen financiero internacional que se maneja desde una PC, tiene la conducción del proceso?

* ¿La “periferia”, proveedora de materias primas y mano de obra baratas (cuando no esclava) que enriquecieron a aquellas burguesías que Marx alentaba, se integró al “centro” en la etapa capitalista madura o sigue cumpliendo su rol de “sostén natural” del primer mundo actual y futuro?

En el centro de todas esas preguntas está el ser humano, y no hay dudas de que el progreso alcanzado a través del tecnocapitalismo sólo nos condujo a una mayor separación entre el hombre y la naturaleza. Si bien se intentó advertir al mundo del peligro que suponía ese hecho, ni siquiera se preparó al hombre desde lo espiritual; no se le ofreció aquella coraza que brinda una verdad sólida que le hubiese establecido la relación entre su yo, como medida de todas las cosas, y el mundo que lo circunda.

¿Cree usted, Enriqueta, que en ese contexto, el hombre, empujado como víctima por ese mundo tecnocapitalista, es conducido hacia algún lugar?

¿Es posible suponer (y esto tiene que ver con su pregunta) que la medida del hombre es su producción material y su posibilidad de acumulación o podemos imaginar y hasta desear otro parámetro más ligado a lo espiritual, a lo supremo?

Sencillamente, amiga mía (y permítame contarla entre ese grupo), creo que hoy tenemos importantes principios ausentes que servirían para “apuntalar” nuestra pobre existencia. Ellos son el milagro del amor, el estímulo de la esperanza y la perfección de la justicia. Aquí, cito a Juan Perón cuando decía en 1949 que “los rencores y los odios que hoy soplan en el mundo, desatados entre los pueblos y entre los hermanos, son el resultado lógico, no de un itinerario cósmico de carácter fatal, sino de una larga prédica contra el amor. Ese amor que procede del conocimiento de sí mismo e, inmediatamente, de la comprensión y la aceptación de los motivos ajenos”.

Por ello, el ethos que debemos construir y reconstruir -y esto expresado como anhelo-, debe sustentarse en los valores del pueblo todo, porque nuestra comunidad actual y futura no debe tender a ser de bestias sino de hombres; es decir, una comunidad en armonía como sentido de plenitud de la existencia.

Y aquí, volviendo a Hegel de mi anterior, imagino que al principio hegeliano de realización del yo en el nosotros, es preciso agregarle la necesidad de que ese “nosotros” encuentre su realización y perfección por el yo. Repitiendo a Perón, termino adhiriendo a su principio que dice que “el progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad. La náusea está desterrada de ese mundo, que podrá parecer ideal, pero que es en nosotros un convencimiento de cosa realizable. Esta comunidad que persigue fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo puede realizarse y realizarla simultáneamente, dará al hombre futuro la bienvenida desde su alta torre con la noble convicción de Spinoza: «Sentimos, experimentamos, que somos eternos.»Un gran abrazo y ha sido un gusto “dialogar cibernéticamente” con usted.

Miguel Contissa

miguel@contissa.com.ar

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