Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

Para los que se preguntan qué es ser peronista o radical

Posted by Miguel Contissa en julio 28, 2007


Por Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

Hay dos cosas que considero lamentables en algunos profesionales en ciencias sociales: una, haber terminado la universidad sin conseguir entender algo. La segunda y vinculada con la primera, es que luego de alcanzar el título y sin “digerir” apropiadamente los conocimientos alcanzados se lanzan a “evangelizar” al mundo con esa supuesta “verdad revelada”.

Si. Existe mucha gente que leyó mucho y entendió o aprendió poco. De eso justamente se encarga el sistema educativo argentino, la “superestructura cultural argentina” y especialmente la universidad. El sistema forma profesionales y científicos alejados de la realidad de nuestro país (con las excepciones del caso, claro). Un sistema que no estuvo ni está al servicio de un Proyecto Nacional, liberador, independiente, soberano. Siempre tomó el modelo colonizador europeizante, con sus categorías y valores “civilizados” y postergó todo intento de análisis y estudio a través de la mirada nativa por considerarla “bárbara”. Por eso estamos como estamos. Porque nuestros intelectuales se formaron mirando Europa, despreciando cualquier manifestación cultural nativa.

Hace poco, le decía a un amigo que no existe la “Ciencia Política” porque “la política” no puede reunir los requisitos de cientificidad conocidos como necesarios para ser aceptada como tal. En ese sentido, repito lo que dijo el General Perón: es un arte. El arte de lo posible.

Sin embargo, y no obstante que esta discusión también pasa por los centros académicos, algunos insisten en “cuantificar” y en “categorizar” a los hechos políticos como si fueran naturales, clasificándolos incluso a partir de una supuesta posición personal de avaloratividad. Algo así como si estuviesen sentados a la derecha de Dios. Entonces dicen: esto es racional, esto no. Esto pertenece a lo civilizado y, esto otro, es propio del tercer mundo bárbaro, de los que “adoran imágenes” y rinden “culto a la personalidad”. En fin, mucha soberbia e insuficiente estudio.

Por eso hay gente que hoy se pregunta qué significa ser radical o peronista. A ellos, hay que decirles que antes de responder es preciso saber dónde coño uno está parado. A qué grupo social uno pertenece y cómo está ubicada la propia sociedad nacional en el contexto internacional. Es decir, ubicar el ojo en perspectiva. No “desde el trono científico”, sino desde el piso, desde la posición del humilde ciudadano que lucha por sobrevivir. No es lo mismo ser trabajador italiano, francés o español que boliviano, argentino o brasilero. Los primeros pertenecen al “centro” industrializado, capitalista e imperialista. Son los que se organizan para que nuestros productos manufacturados no les entren en su mercado (no obstante la internacional socialista y toda la bola). Los otros, el latinoamericano o cualquier otro que no pertenezca a la triada imperialista EEUU, Europa o Japón, es integrante de la “periferia”, una periferia “dependiente” de aquel “centro” y son los que luchan para “colocar” en aquellos mercados “algo” de lo que producen en estos países.

No sólo la periferia es dependiente de lo económico, sino también de lo financiero (hasta aquí, Uds. saben que no digo nada nuevo, al menos para Uds., claro…)
Desde luego, esa relación dialéctica entre centro – periferia, también suele reproducirse en el interior de cada país periférico. En nuestro caso, el ejemplo es Bs. As.- Interior del país.

Ahora bien, esa relación entre centro y periferia, entre el mundo civilizado y el bárbaro, nunca es equilibrada, justa, “racional” como les gustaría que fuese a los politicólogos europeos o europeo-norteamericanos tan estudiosos ellos. Siempre hay tensiones, en algunos casos desagradables derivadas de reclamos vulgares y poco elegantes intereses económicos. Porque parece que desde el momento en que el “centro” ejerce el poder (de múltiples formas y tiempos coloniales), establece las relaciones de intercambio a su antojo y beneficio. Es algo así como una relación dominador – dominado. Amo – esclavo. Claro, no es descabellado entonces que los muchachos de la periferia en algún momento se calienten y salgan a poner “caños” por todos lados. (¡Qué locos intolerantes!… y después quieren que no salgamos en los diarios…)

Desde luego, la superestructura cultural de cada país dominado por la triada, en un acto de estricta “obediencia debida”, saldrá presurosa y dirá que eso “debe” ser así o que es inevitable que sea así. Por lo tanto, joderse y “continuemos participando”. Es decir, entreguemos materias primas baratas y sin procesar porque ellos, en esa división internacional del trabajo que impusieron a palos, se encargarán de entregarnos productos manufacturados ( ¡es que lo hacen mejor que nosotros!, viste?).

Claro, este círculo vicioso provoca un desequilibrio en los términos de intercambio que, si continúa en el tiempo, termina hundiendo en la miseria a cualquier sociedad. Visto esto desde “el centro”, podríamos afirmar que no es un problema del centro. Por lo tanto, podríamos decir que no existe. Y si no existe, podríamos hablar de “sistemas democráticos comparados”. España – Bolivia; Francia – Paraguay; Italia – Argentina… y sí…. no hay dudas…cuando comparamos…aquellas son más estables, hasta “más lindas”… ‘lo parió estos europeos!!!

Suponiendo que está aclarada la visión “centro – periferia”, el “qué soy” y “dónde estoy”, abordemos el asunto radicalismo peronismo que intriga a mi amigo.

El radicalismo en su momento, luchó por romper ese modo de dominación política interna. Irigoyen fue su figura emblemática. El peronismo luego, con Perón a la cabeza, estableció una posición nacional frente al avance del imperialismo y constituyó un Movimiento que le dio razón filosófica y política a ese hito social. Estar en contra de Irigoyen hoy podría verse como equivalente a renegar de la democracia como sistema político. Del mismo modo, no entender o estar en contra del peronismo, significaba y aún significa, ser cómplice de fuerzas económicas foráneas que no tienen otro objetivo que dominar este mercado interno en su propio beneficio. Por eso, el tema del “escudito” o “el carné de afiliado” podrían considerarse anécdotas de baja estofa.

Por supuesto, existen infinidad de interpretaciones y/o justificaciones de esos dos hechos históricos en los que los argentinos tuvieron intenso protagonismo. Las primeras, cuando provienen del campo europeizado (no quiero decir colonizado, porque suena duro) o del anti peronismo en muchos casos sólo intentan relativizar decisiones políticas, desvalorizarlas o convertirlas en consecuencias inevitables de un proceso internacional. Es decir, intentos de tapar el sol con el dedo.

Estoy seguro que si nos ponemos a analizar críticamente estos dos procesos nacionales, únicos en Suramérica por su contenido ideológico, podríamos encontrar muchísimas fallas que merezcan mejores conclusiones. Pero NUNCA podríamos negar su valor e importancia dentro del desarrollo social y político de la región. NUNCA podríamos decir que su objetivo no valió y aún vale la pena. A tal punto, que el peronismo sigue siendo “el hecho maldito” de la historia argentina y la gran espina clavada en la política internacional norteamericana hacia este continente, al igual que otros movimientos de liberación de otras regiones del planeta.

No siempre se puede evaluar el peso específico de un movimiento político de liberación a partir de su dirigencia. Porque es posible que en su desarrollo histórico, existan marchas y contramarchas. Aciertos y desaciertos. Lealtades y traiciones. El radicalismo tuvo su Alvear y el peronismo su maldito Menem. Cualquier observador suspicaz, tendrá en cuenta todo esto antes de emitir opinión y seguramente en su discurso no confundirá al traidor con los traicionados. Salvo que intente confundir al desprevenido y/o tenga mala leche, claro…

Hoy podemos concluir en que la conducción del peronismo y del radicalismo atraviesan una crisis sin antecedentes. Hasta ahí, innegable. Pero, ¿y la masa, el Pueblo?…¿qué dicen los peronistas?… ¿qué dicen los radicales?… ¿qué dicen los “Juan pueblo”…? Habrá radicalismo y peronismo mientras en cada corazón de Juan Pueblo lata ese sentimiento. No nacieron para morir ni para ser “chupados” por cuatro vivos con intenciones subalternas.

Es incontrastable que la dirigencia está “perdida”. Fue la primera víctima de aquel proceso de desculturalización y despolitización sufrido en los últimos 30 años. Proceso en el que el sistema educativo tiene un rol central. Por eso nos hicieron bosta. Nos hicieron creer que no hay centro – periferia. Que no hay dominadores y dominados. Que no hay Tercer Mundo, por lo tanto, no somos del Tercer Mundo. Que las “inversiones” extranjeras son benéficas e imprescindibles. Que las democracias son iguales en todos lados. Que en Europa sí que saben hacer política. Que son más educados y que las canchas de fútbol no tienen alambrado y que los chicos toman la sopa. Que aquí nunca tendremos a un “líder”, a “estadistas” como “Churchill” o De Goulle porque por ser sudacas, sólo nos alcanza para un “caudillo” como Irigoyen o Perón…. Puta, qué pobres que estamos…

Es tal el grado de autodenigración que mientras los europeos o norteamericanos rinden homenaje a sus “líderes y estadistas”, nosotros sólo atinamos a juntarnos en una plaza y azotar un rechoncho bombo para “rendir culto a la personalidad”… Puta, que pavos que somos…

…Y así podría seguir hasta mañana…

Repito: para aquellos que se preguntan en algún medio gráfico de distribución gratuita de nuestra ciudad (con bastante mala leche, por cierto) ¿qué será ser radical o peronista?, antes de mezclar todo como si fuese un “barman”, les propongo algunas lecturas de autores como Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, J. J. Hernández Arreghi, Jorge A. Ramos, al filósofo Jorge Bolívar, o trabajos recientes como el de Claudio Díaz y su “Manual del antiperonismo ilustrado” o “El Modelo Argentino” de Castelucci.

Ahora, si uno quiere hacer uso de su libertad condicional y seguir en la vereda de enfrente del proceso de liberación nacional, o le interese encontrar fama denostando al radicalismo o al peronismo porque no quieren ser “dominados”, sugiero utilizar como respaldo bibliográfico esa profusa literatura y trabajos bien pagados por la contracultura que le explicarán las desventajas y lo “poco paquete” que resulta compartir esas ideologías nacionalistas. Encontrarán desde el viejito Borges hasta Agüinis. Desde “El Gran” Sarmiento y Mitre hasta el súper promocionado “historiador” Pigna.

¡A elegir!!. Estamos en una economía de mercado y somos libres para comprar lo que a uno le gusta. Además, con esto de la posmodernidad nos hicieron creer que todo da lo mismo. Estar a favor o en contra de ser un país soberano, no tiene importancia, porque lo importante es “la democracia”. Es decir, que se puede ser esclavos, pero eso sí, democráticos. Puta, habría que explicarle esto a Castro, no?…

Ay, ay, ay…Por eso estamos como estamos….

28 de julio de 2007

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