Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

Estimada Enriqueta

Posted by Miguel Contissa en agosto 2, 2007


Estimada Enriqueta:

Una discusión que cobró altura


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Escribe Miguel Contissa. Días pasados, la lectora Enriqueta Ciarlo sugería incorporar el nombre de Karl Marx a una serie de reflexiones sobre la igualdad y la libertad. Contissa recogió el educado guante y respondió de la misma manera, incluso con más preguntas: “Sencillamente, amiga mía (y permítame contarla entre ese grupo), creo que hoy tenemos importantes principios ausentes que servirían para apuntalar nuestra pobre existencia. Ellos son el milagro del amor, el estímulo de la esperanza y la perfección de la justicia”, dice.

19 enero 2007, viernes


Estimada Enriqueta Ciarlo:
Mucho lamento no haber respondido rápidamente su pregunta formulada hace varios días sobre cómo somos en el contexto actual en que vivimos. La suya, es una pregunta que es constante en el tiempo, es formulada en cada momento histórico en el que el hombre cambia sus coordenadas. Por lo tanto, dada su profundidad, está muy lejos de mí siquiera suponer que puedo responderla. Sólo podría aportar más preguntas, anhelos o esperanzas.

Es cierto, no fue incluido en mi breve síntesis histórica la figura de uno de los grandes pensadores del siglo XIX como es Carlos Marx y que avanza con el método dialéctico de Hegel hacia el materialismo histórico. Mi intención fue detenerme en la idea, en la posibilidad (utópica, diría) de alcanzar la superación de la alienación del hombre por otro camino que no sea el de esperar que la burguesía termine de profundizar el capitalismo y ceda luego su lugar a la “dictadura del proletariado”.
¿Por qué? Porque parece demostrado que la profecía marxiana dista mucho de alcanzar su objetivo y porque si seguimos abonando su labor, si avanzamos crédulamente hacia aquella futura instancia post capitalista, nos quedaremos sin naturaleza, sin mundo vital, sin aquello que pueda serle útil al “futuro gobierno proletario”. Y lo que es peor, nos quedaremos sin el Hombre. Por otro lado, porque el marxismo convirtió en materia política la discusión filosófica e hizo de ella una bandera para la interpretación materialista de la Historia.

Pero su pregunta es ¿cómo somos en este contexto, en este momento histórico en el que nos encontramos? Como afirmé que no tenía más que dudas, no hago más que plantearlas:

* ¿Cabe esperar que “la lucha de clases” nos conduzca al gobierno proletario marxista o existe otro camino que pase por el amor y la concordia, por el abandono del egoísmo utilitarista y del individualismo?
* ¿Existen en esta época las “clases sociales” tal como las definía Marx o la licuación social, económica y política que impuso el liberalismo y el neoliberalismo burgués constituyó otra forma de identificar a los grupos sociales dentro de una comunidad?
* ¿El modo de producción post capitalista actual es igual al del capitalismo maduro?
* ¿Existe el proletariado laborando o existen grandes masas de desocupados y excluidos? ¿Quedan aún en pie las fábricas con grandes concentraciones obreras o por el contrario hoy la “globalización” impuesta a “sangre y lodo” (frase que tomo de Marx) por el imperialismo acentuó la división internacional del trabajo?
* ¿Es “la burguesía”, como icono del capitalismo, la que está al frente del sistema u hoy el régimen financiero internacional que se maneja desde una PC, tiene la conducción del proceso?
* ¿La “periferia”, proveedora de materias primas y mano de obra baratas (cuando no esclava) que enriquecieron a aquellas burguesías que Marx alentaba, se integró al “centro” en la etapa capitalista madura o sigue cumpliendo su rol de “sostén natural” del primer mundo actual y futuro?

En el centro de todas esas preguntas está el ser humano, y no hay dudas de que el progreso alcanzado a través del tecnocapitalismo sólo nos condujo a una mayor separación entre el hombre y la naturaleza. Si bien se intentó advertir al mundo del peligro que suponía ese hecho, ni siquiera se preparó al hombre desde lo espiritual; no se le ofreció aquella coraza que brinda una verdad sólida que le hubiese establecido la relación entre su yo, como medida de todas las cosas, y el mundo que lo circunda.

¿Cree usted, Enriqueta, que en ese contexto, el hombre, empujado como víctima por ese mundo tecnocapitalista, es conducido hacia algún lugar? ¿Es posible suponer (y esto tiene que ver con su pregunta) que la medida del hombre es su producción material y su posibilidad de acumulación o podemos imaginar y hasta desear otro parámetro más ligado a lo espiritual, a lo supremo?

Sencillamente, amiga mía (y permítame contarla entre ese grupo), creo que hoy tenemos importantes principios ausentes que servirían para “apuntalar” nuestra pobre existencia. Ellos son el milagro del amor, el estímulo de la esperanza y la perfección de la justicia. Aquí, cito a Juan Perón cuando decía en 1949 que “los rencores y los odios que hoy soplan en el mundo, desatados entre los pueblos y entre los hermanos, son el resultado lógico, no de un itinerario cósmico de carácter fatal, sino de una larga prédica contra el amor. Ese amor que procede del conocimiento de sí mismo e, inmediatamente, de la comprensión y la aceptación de los motivos ajenos.

Por ello, el ethos que debemos construir y reconstruir -y esto expresado como anhelo-, debe sustentarse en los valores del pueblo todo, porque nuestra comunidad actual y futura no debe tender a ser de bestias sino de hombres; es decir, una comunidad en armonía como sentido de plenitud de la existencia. Y aquí, volviendo a Hegel de mi anterior, imagino que al principio hegeliano de realización del yo en el nosotros, es preciso agregarle la necesidad de que ese “nosotros” encuentre su realización y perfección por el yo.

Repitiendo a Perón, termino adhiriendo a su principio que dice que “el progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad. La náusea está desterrada de ese mundo, que podrá parecer ideal, pero que es en nosotros un convencimiento de cosa realizable. Esta comunidad que persigue fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo puede realizarse y realizarla simultáneamente, dará al hombre futuro la bienvenida desde su alta torre con la noble convicción de Spinoza: «Sentimos, experimentamos, que somos eternos.»
Un gran abrazo y ha sido un gusto “dialogar cibernéticamente” con usted.

Miguel Contissa
miguel@contissa.com.ar

 

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