Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

A partir del 11 de Septiembre, caen dos emblemas: las torres y el neo liberalismo argentino

Posted by Miguel Contissa en agosto 3, 2007


Sorpresivamente para algunos, anunciado para otros, el nuevo milenio nos va develando el desplome de emblemas que el destino nos tenía reservados a los “occidentales”. En menos de ciento veinte días, cayeron estrepitosamente las Torres Gemelas y Argentina entró en bancarota.

Publicado el 26 de Diciembre de 2001

Por Miguel A. Contissa

 

Sorpresivamente para algunos, anunciado para otros, el nuevo milenio nos va develando el desplome de emblemas que el destino nos tenía reservados a los “occidentales”. En menos de ciento veinte días, cayeron estrepitosamente las Torres Gemelas y Argentina entró en bancarota.

 

Primer desplome: Las torres gemelas

El derrumbe de las famosas torres de Nueva York, que se erguían majestuosas e imponentes en el suelo norteamericano, fue además del símbolo fálico del capitalismo financiero y económico del mundo, la muestra más elocuente y asombrosa de la debilidad oculta que ostentó durante decenios el país mejor preparado técnicamente para la guerra.

 

Fue necesario sólo un excelente trabajo de inteligencia, un poco de dinero para sostener a las “células dormidas” en el campo “enemigo” y la utilización de recursos también del mismo “enemigo” para alcanzar el golpe militar más espectacular, eficaz y eficiente de la historia de occidente. Me permito utilizar el término “militar” para evitar eufemismos propio de las diplomacias vernáculas de occidente que, según de donde vienen las balas, acomoda su dialéctica.

 

Fueron y parecen ser aún insuficientes los alertas sobre situaciones que pueden conducir a los pueblos a reacciones inimaginables y que tienen que ver con la injusticia social, apropiaciones ilegítimas de territorios, transacciones del comercio internacional desventajosas para los países más débiles, tasas usurarias en créditos internacionales, etc, etc.

 

Así, apoyados sobre un sustrato de reclamo legítimo, un grupo minúsculo de “fundamentalistas orientales” de la mano de un ex agente de la CIA, tan “fundamentalista” como el propio presidente de los Estados Unidos, reeditaron aquel relato bíblico de David y su gomera, demostrando que todos los gigantes tienen los pies de barro.

 

El segundo derrumbe: el neo liberalismo para el tercer mundo

 

Otro “derrumbe” que, indirectamente tiene que ver también con aquellas erectas torres, es el default en que entró Argentina, país que por su “milagro de los 90” estaba sirviendo de paradigma para explicar al mundo el éxito del modelo neoliberal aplicado en países emergentes, en desarrollo o que buscan el desarrollo.

 

También aquí no fueron suficientes las recomendaciones que desde hace más de treinta años se vienen realizando desde distintos sectores políticos, sociales y económicos que advertían sobre el riesgo que implicaba la aplicación de políticas económicas de esta característica. Tampoco se quisieron ver los resultados concretos que, para el caso argentino, podíamos palpar durante los últimos diez años y que afectaron al empleo, la salud, la educación, es decir al hombre. Por el contrario, sus instrumentadores tanto técnicos como políticos, fueron muy consecuentes con la teoría monetarista y el sistema financiero en desmedro de la economía y la producción. Mediante una continua y perversa coherencia, los hombres que ocuparon el Ministerio de Economía en estos últimos años, fueron guiados por el fantasma de Martínez de Hoz, aquel de grandes orejas que puso en marcha esta verdadera Traición a la Patria que es la Deuda Externa. En complicidad parte del sector político nacional, se ajustaron políticas monetarias de acuerdo a las recetas del Fondo Monetario Internacional, un organismo que sugiere a los países en desarrollo en momentos de recesión, planes contractivos desde el Estado, mientras que para países centrales o desarrollados les recomienda exactamente lo contrario, es decir, políticas expansivas. Esto fue denunciado y “criticado” por un hombre ligado al “establishmen” mundial y último premio Nóbel en economía, Joseph Stiglitz, en una nota que apareció en Clarín el 13/12/01. Sin restarle valor, este cuestionamiento puede aparecer en estos momentos y para países como el nuestro, como un acto no desprovisto de hipocresía.

 

En ese contexto, la “obediencia” y “compromiso” con el sistema financiero de nuestros técnicos instalados en el Ministerio de Economía, más la estupidez e ignorancia de muchos de nuestros políticos, fueron la combinación necesaria para que se provocara y lastimara hasta límites intolerables al pueblo argentino que reaccionó como reaccionan los pueblos puestos sobre el abismo. En este punto es bueno recordar otra advertencia no escuchada debidamente. Fue la que realizó el ex presidente Juan Domingo Perón el 20 de Junio de 1973 al regresar definitivamente al país. Dijo aquel día entre otros conceptos: “…cuando los pueblos agotan su paciencia, suelen hacer tronar el escarmiento.”

 

Ahora, la reconstrucción

 

En estos momentos, en medio de una tensa calma, agotados por el sufrimiento, la angustia, recordando aún las imagines de los “saqueos” y suponiendo que estamos viviendo y soportando los dolores del parto de una nueva Argentina, es bueno preguntarse sobre la conciencia de quién están pesando los veintitantos muertos de la última semana, los desempleados, los hambrientos, los excluidos, los exiliados…

 

Mientras el sistema democrático argentino utiliza sus herramientas para reconstituir el poder legal, el otro, el verdadero poder que está localizado en el pueblo, espera con atención qué movimientos hará la “clase política”.

 

Lo cierto es que dos emblemas han caído, permitiéndonos afirmar con tranquilidad dos cosas: que los Estados Unidos son vulnerables en términos bélicos, y que el neoliberalismo para los países en desarrollo fracasó rotundamente, dejando lugar para políticas que como gustan decir algunos tecnócratas del sistema financiero, serán “populistas” pero que seguramente no permitirán resultados como los que padecemos: exclusión social, desempleo, falta de productividad y vaciamiento de todos nuestros recursos.

 

El futuro, como siempre y más allá de las corrientes ideológicas, depende de nosotros.

 

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