Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

La “clase política”

Posted by Miguel Contissa en septiembre 24, 2007


Por Miguel Contissa

miguel@contissa.com.ar 

www.miguelcontissa.wordpress.com  

Durante el retorno al ejercicio democrático en países como el nuestro, la actividad política y su dirigencia fueron adquiriendo características que eran insospechadas en el período previo, época en que la misma se ejercía con un alto contenido ideológico y un profundo compromiso social. Ausentes hoy esas motivaciones en la mayoría de los dirigentes, cabe preguntarse qué quedó de aquello por lo que muchos militantes ofrendaron sus vidas; y además, si la política puede recuperar su rol  en sociedades como la nuestra para evitar ser víctimas de las ideologías de extrema que conducen a la miseria o a la insectificación, es decir,  si la dirigencia se pondrá a la altura de la historia.  

 

La política en la periferia 

Es sabido que la política es una herramienta para provocar cambios dentro del sistema democrático teniendo como meta el bien general, por lo tanto su existencia presupone tensiones, conflictos previos. Los políticos, son los actores principales dentro de ese régimen que está casi inevitablemente inmerso dentro del sistema capitalista. Desde su inicio, a través de sus representantes económicos y financieros, en su búsqueda insaciable de poder y dominación, ese sistema fue el generador responsable de grandes conflictos sociales y políticos, desplegando para ello y cuando no tuvo posibilidades de controlarla, una constante presión sobre la actividad política. Siempre la consideró potencialmente peligrosa en función de su interés.  Especialmente en el “mundo subdesarrollado” (eufemismo que significa “pobre”, explotado); también llamado “periferia”, como oposición dialéctica de “centro” (eufemismo de “rico”, explotador). La referida “presión” se lleva a cabo desde una simple y común descalificación personal o ideológica a través de los aparatos ideológicos que dirigen a la perfección, hasta la “compra de voluntades” de algunos actores políticos (“banelco”). En ocasiones, mediante “golpes de mercado” aumentando precios o quitando mercadería de circulación para provocar la desestabilización del gobierno de turno. En otras y cuando las circunstancias lo ameritan, mediante otro tipo de golpes: los lamentables “golpes de estado” con lo que logran el control del aparato burocrático para ejercer el poder absoluto, acarreando la persecución y/o muerte del militante político comprometido con “causas populares”. Es preciso reconocer que nunca se escatimaron ni escatimarán métodos. En estos días, abundan “correos electrónicos” anunciándole a la clase media (tan sensible ella) un próximo Apocalipsis si Cristina Fernández es electa presidente. Es una advertencia. Un “ojo que aquí estamos”. La historia de la periferia,  –salvo que me haya perdido algún capítulo –, nos dice que no fueron resueltas aún las injusticias y atrocidades que provoca el sistema capitalista interno y externo. Por ello, y aquí viene lo dramático, si gran parte de nuestros dirigentes políticos abandonaron las banderas y la ideología de liberación que en muchos casos les otorgaron el cargo público que ocupan, es fácil que esto sea visto como un aburguesamiento, como una traición. Especialmente si esos militantes, si esas dirigencias dicen representar los intereses de los explotados y desposeídos. 

De “representantes” a “clase política” 

Debemos reconocer entonces que desde la vuelta al sistema democrático, víctimas concientes o inconcientes de los aparatos ideológicos de dominación o de las prebendas que el poder económico y financiero otorgan, muchos militantes políticos de las causas populares pasaron a constituir, para el dolor y disgusto del Pueblo, una nueva clase social: la “clase política”.  Como tal, sólo buscan su propio beneficio, no porque sean verdaderas comunidades en sentido estricto como es la “clase burguesa” o la “proletaria” en términos marxistas, sino porque representan solo sus intereses lucrativos y la consecución de bienes. En busca o defensa de esa posición, todo vale para la conquista y mantenimiento de un cargo público que corone el sacrificio.   Para ello, licuan su ideología para que su función pueda ser útil a cualquier sector y, en nombre del “pragmatismo”, apoyarán toda iniciativa siempre que no altere su situación. Hoy serán K sin importar si ayer fueron M ni mañana tengan que ser L. Si ayer fueron privatistas, hoy puede que sean estatistas y mañana colchoneros o rey de basto. Primero están ellos y sus ambiciones materiales. Alcanzado el cargo público, ninguna crítica los alterará. Ni la de los “grandes comunicadores” o “editorialistas” a sueldo que los tacharán de inoperantes o coimeros (mientras lucran a destajo gracias a esa inoperancia o a la coima entregada), ni la del Pueblo que los despreciará llamándolos traidores y corruptos (mientras aguanta la puja distributiva y otras injusticias por culpa de esa verdadera traición).  El segundo acto, será la exhibición desinhibida de un doble discurso que le permita “navegar aguas turbulentas”, “escalar encumbradas montañas” o “saltar sin paracaídas”. Con este recurso, serán  “políticos todo terreno”, verdaderos “4 por 4” capaces de realizar las maniobras más audaces en beneficio del “bien general”…. Claro, el “bien” que por lo “general” es el de los grandes inversores multinacionales, sus verdaderos guías espirituales e ideológicos.  Este tipo de políticos, invirtiendo valores y como dijo alguna vez el General Perón,  en lugar de “honrar los cargos” con su conducta cívica, son los cargos los que los honran. Nacieron para ser “honrados”, aunque en realidad sean lo contrario.

La batalla perdida 

Por eso amigos y compañeros, hay que reconocer que el éxito del sistema capitalista en “la periferia” consistió no sólo en la persecución y muerte de militantes en los 70’, sino que a ello se agregó  la licuación de los nuevos dirigentes políticos a través de, si se acepta, la inserción progresiva de un cambio de paradigma en la actividad política. A diferencia de aquellos años en los que prevalecían comprometidos valores filosóficos, ideológicos y morales, hoy ya no es un premio alcanzar un puesto de lucha para cumplir con “el proyecto político”. Por el contrario, muchos dirigentes de todo el espectro, derretido su cerebro por la colonización pedagógica y la falta de moral, como grandes simuladores mudaron sus objetivos hacia metas más “prácticas” y “redituables”, escindiéndose así de quien les otorga su razón y función: el Pueblo. En buen romance, es una simple traición hacia quien los votó. Burda traición que se convirtió en constante y “natural” en muchos activistas políticos de todos los partidos. 

El desafío  

Por lo tanto, el gran desafío que tienen los pueblos de nuestros países dependientes, consiste en reconvertir el sistema democrático para que cumpla con un proyecto político nacional que abrace las banderas de Justicia Social, Independencia económica y Soberanía política. En él caben todas las corrientes políticas que quieran adherir. Cualquier otro, servirá para profundizar la dependencia y aumentar la miseria en nuestros Pueblos. Para ello, no alcanza con lo que pide Kirchner (22/9/07) cuando dice “que la dirigencia política deje de quejarse”. Con todo respeto, hay que ir más allá Sr. Presidente porque Ud. viene de filas peronistas y sabe que aún estamos muy lejos de lo que Perón y Evita realizaron y millones de argentinos pudieron disfrutar: la Justicia Social.  Hay que pedirles  a todos los actores políticos compromiso con el Pueblo y no con “su clase”. Representan al Pueblo y no a los “inversores” especulativos internos o externos. En ese marco, además de dar señales claras de lucha contra la dependencia y la miseria desde el Ejecutivo Nacional, será preciso que toda la militancia política que adhiera a la inacabable tarea de la liberación de nuestro país, purgue de sus cuadros a los que porten el virus del “político 4×4” porque solo servirá a sus intereses. Todos los sectores políticos progresistas tienen que liberarse de los portadores de “ideología líquida”, de la “clase política” útil para todo en cualquier momento y lugar. De éstos y también con todo respeto, el gobierno nacional tiene a muchos en sus verijas. ¿Ud. los eligió para esas funciones Sr. Presidente?…   

Revitalizar al Movimiento Nacional 

Es posible que algunos argentinos no sepan qué cosa es el Movimiento Nacional, que lo consideren “antiguo” o lo confundan con el “partido justicialista” obligando a algunos peronistas a buscar dentro del lenguaje aquellos sinónimos que los muestre aggiornados y aseguren adhesión.  Personalmente no creo que desde el discurso exista la necesidad de inventar nuevos “espacios políticos plurales” o nuevas hegemonías que terminan siendo “singulares”. El lenguaje no debe servir para el engaño. La injusticia no será un hecho reciente porque la llame iniquidad. Por ello, hay que dejar de amagar cambios y proceder a reforzar,  revitalizar al Movimiento Nacional mediante la inclusión de los sectores políticos progresistas (justificando así su esencia) y la pertinente discusión ideológica acorde a las nuevas circunstancias políticas, sociales y económicas. En ese ámbito político que nació naturalmente “concertador y plural” por decisión de su creador el General Perón, tenemos que decidir cuál será el nuevo rol del Estado; cómo se le pone fin a la especulación financiera que ahoga al productor; cómo se regula el mercado que esquilma al consumidor; qué se hace con las privatizadas y su “dólarducto” o con el sistema previsional y sus gerenciadoras, etc. Eso y no la diatriba ofuscada contra la pantomima de una escuálida y desarticulada oposición es lo que mantendrá vivo al Movimiento. Urge una profunda discusión en ese seno natural del peronismo, despojada de temores, de etiquetas, de prejuicios y cargada de símbolos que los argentinos supimos generar. Porque si relativizamos nuestros símbolos; si desde lo ideológico se pretende “desperonizar” al Movimiento como por ahí parece proponerse; si anestesiamos la estructura movimientista ofreciendo en paralelo alianzas políticas poco creíbles por su objetivo electoralista; si “bajamos los cuadros” de Perón, de Evita e Irigoyen estaremos a un paso de perder la identidad y ese recurso político aglutinador como es el Movimiento Nacional Justicialista. Y eso es lo que más anhelan los enemigos del Pueblo: que la dirigencia política (especialmente la peronista) pierda sus raíces históricas e ideológicas y sea maleable, es decir, una “clase política moderna”.   A no dudar: la discusión franca arrojará como resultado que el único enemigo del Pueblo y de la democracia es el capitalismo que con su exacerbado egoísmo y a través de sus representantes políticos y económicos, sólo producen miseria.  Reiterando: necesitamos una verdadera discusión política movimientista para la liberación y contra la dependencia. Consignas seguramente ridiculizadas por los neoliberales a través de sus aparatos ideológicos, pero sin duda no resueltas y que aún esperan. Sólo así se ganan elecciones y se realiza una revolución a favor del Pueblo. Sólo así la dirigencia política estará a la altura de la historia.    

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