Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

La desaparición como sujetos

Posted by Miguel Contissa en noviembre 14, 2007


 Por Miguel Contissa

miguel@contissa.com.ar

www.miguelcontissa.wordpress.com 

Desde su aparición luego de instalada la modernidad, la sociedad consumista que componemos no vacila en consumir hasta nuestra subjetividad. Fuimos mutando de sujetos a objetos en un mundo que vuelve a globalizarse y en el que aparecemos en cualquier escaparate como cualquier producto. La realidad demuestra que cada día nos integramos más a la desintegración social; a la desconexión con el otro no obstante la posibilidad de enlazarnos en red con todos. Cada vez sufrimos más la desinformación como consecuencia de la sobreabundancia de información.

Nuestros jóvenes, es decir, nuestra esperanza, caminan de modo tragicómico mirando sólo sus celulares al tiempo que alguna música parece llegar a sus oídos a través de unos mini auriculares; caminan sin ver, mientras digitan un mensaje que los integra a otros desintegrándolos; que los vincula con alguien en el ciber espacio desvinculándolos de su entorno social; que les sugiere una especial pertenencia a un mundo virtual mientras los aleja del real.

Tener para ser. Esa es la consigna de esta sociedad consumista.

Soy, sólo si alcanzo los objetos que se ofrecen en el mercado. No importa cuáles.Pertenezco y estoy, si luego me expongo públicamente junto a ellos. A partir de allí y como una cosa mas, soy medido, sopesado y colocado en la cuadrícula correspondiente para ser mejor ubicado en el momento en que me necesiten para ser consumido, devorado por otro. Otro que posiblemente esté ocupando el casillero siguiente.

A contrapelo de la onda privatista que hizo furor en los noventa, lo privado, lo íntimo, lo subjetivo pasó a ser público. El antiguo confesionario fue abandonado dando lugar a otro que cambió de formato y de objetivo. Como inmersos en una nueva religión, hoy los individuos confiesan públicamente sus pecados, sus virtudes, defectos o gustos (especialmente aquellos vinculados a la sexualidad) en cualquier medio de comunicación. No se busca descargar, aliviar la conciencia a partir de un acto íntimo, reflexivo, privado. No. Hoy es a través de una pública exposición en los medios y utilizando como recurso la ventaja del anonimato. Los “Carmen, de Patagones” o los “Antonio, de Papua” pululan en los medios vomitando intimidades. 

¡Ay los medios!… Los medios son el mejor instrumento de esta sociedad consumista que nos ofrece en catálogos. A su través, los grandes manipuladores sin escrúpulos dicen que nos “interpretan”; que nos “suponen”. Mientras tanto, el “gran público”, ese gran receptor pasivo de oídos y ojos abiertos cree que influye o que decide, cree que opina en esa perversa relación unidireccional.

A la acción de interpretación y suposición de nuestros gustos y necesidades individuales o colectivas luego le sigue otra en la que nos muestran, ofrecen, informan “todo lo que tenemos que saber” y todo “lo que queremos ver” o todo lo que “debemos consumir”. Sin dudas debe ser pobre la conclusión a la que llegan porque el resultado en TV es “Gran hermano”, “Bailando por un sueño” o “Buscando el Gen argentino”. En radio, programas como los de “andy kusnetzoff”.

A la sazón, aquel “gran público”, sin proponérselo, sin demandarlo, sin necesitarlo consume las miserias generadas por el que dice que interpreta, por el que supone el gusto ajeno. Como en un gran cuento de ciencia ficción, o como aquellos mitos que vienen desde el fondo de la historia, la realidad parece mostrar que esta sociedad consumista se está consumiendo a sí misma, se está auto fagocitando como aquella gran víbora egipcia. La esperanza que nos queda es que tal vez sea en busca de un nuevo comienzo, de un nuevo retorno. ¡Qué suerte si así fuese!

Consecuentemente,  el nuevo brote, el retoño de la humanidad debe llevar un mensaje fruto de esta experiencia. Un mensaje que cambie la vieja matriz y nos haga avanzar no hacia una “sociedad”, sino hacia una nueva  “comunidad”. Es preciso afianzar los lazos comunitarios y destruir el gen que nos ató y nos enterró en el fango del consumismo inútil, en la competencia sin sentido, en la desresponsabilización, el individualismo, el egoísmo.

Es el desafío que tenemos de hoy en adelante.

Bariloche, 14 de noviembre de 2007

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