Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

¿…y al vino, vino?

Posted by Miguel Contissa en septiembre 21, 2008


 

Publicado en Diario Digital el 25 de junio de 2004

Por Miguel Contissa

miguel@contissa.com.ar

 

Refranes populares 

Soy de los que gustan del uso corriente de los refranes populares. Especialmente y entre tantos,  el que reza  “al pan, pan y al vino, vino” puesto que se convierte en verdadera síntesis de molestos discursos que rayan la sofística. Es una invitación a llamar a las cosas por su nombre, sin eufemismos. A dar el exacto lugar a cada palabra, a  cada gesto, obligando incluso a ser justo y noble en esa acción

 

Esto guarda relación con lo que, días atrás, apareció en un diario regional: un artículo titulado “Al pan, pan”. En realidad, resultó ser toda una “disección” del peronista Eduardo Rosso.  Me inhibo de realizar cualquier defensa del mismo ya que su mayoría de edad y estado de emancipación le indicarán la mejor diligencia.  Digo que la mano que utilizaba el bisturí en esa “operación”, puso demasiado énfasis en revelar algunas supuestas características psicológicas y políticas sin tener en cuenta y como corresponde a todo analista, el marco general en que se encuentra el “objeto” en estudio.  Extraño para quien se distingue por su capital de conocimientos empíricos en política.

 

Como simple y común rionegrino, digo que si bien Rosso logra “exasperar” a algunos de la pléyade oficialista por su “personalidad compleja a la hora de hacer política” (sic) y porque en definitiva no se ajusta al perfil de las dos o tres categorías de políticos que ellos elaboraron, representa no sólo una incógnita para el “sistema”, sino y como contrapartida, una opción interesante para un vasto sector del electorado que sigue esperando algo distinto de sus dirigentes.

 

La figurita difícil: objetividad

En el “al pan, pan” de marras hay algo de cierto: Rosso, después de los resultados de agosto de 2003 es permanentemente tentado por el sector del radicalismo provincial  que hoy gobierna,  para que ocupe algún espacio en la frondosa estructura de gobierno. Es una metodología lineal que tiene el objetivo de aparecer como “gestión abierta a la participación”, cuando en realidad todos sabemos que  busca la complicidad directa o indirecta.  Es una arquitectura pensada para desplegar metastásicamente el “dominio territorial”, el control de conductas potencialmente lesivas a través de la microfísica del poder.

  

Si la objetividad en el análisis hubiera primado en el artículo “al pan, pan”, habría alcanzado a percibir y en consecuencia transmitir también objetivamente,  que  el gobierno del Dr. Saiz, que lo recibe del Dr. Verani y éste del Dr. Masaccessi y a su vez, éste del Dr. Álvarez Guerrero, todos radicales, tiene sumo interés en lograr un resultado electoral en el 2007 sin inconvenientes.  Es decir, llegar a un cuarto de siglo en el uso discrecional de la estructura de gobierno provincial. Para ello, recorrerán cualquier camino, aunque sea “transversal” al que se trazaron originalmente.  Habría notado que Saiz sabe que no tiene el poder, ya que la oposición en términos de votos, es ampliamente superior, por lo tanto apunta junto a sus correligionarios perfeccionar esa magistral estructura burocrática ampliada y mejorada para el goce de su partido. Habría percibido que Saiz  sabe que el peronismo y de acuerdo a las figuras que hoy lo conducen, salvo algún milagro, no logrará cuestionarle seriamente su dominio sobre la situación.  Incluso le habría aparecido ante sus ojos que Saiz también sabe lo que únicamente le interesa al siempre bien promocionado “Súper Intendente” Arriaga, notable “progresista” del Frente Grande y declarado admirador de López Murphy (¿qué cosa, no? ¡Lo que puede el pragmatismo!) .  Por último, se habría resignado a aceptar que Saiz también  sabe que, como fuerza política, la UCR provincial no tiene proyección ni vínculo con lo nacional.  Por lo tanto y para no perder posiciones de dominio del aparato estatal, está dispuesto a cualquier cosa, por ejemplo descuidar las elecciones para diputados nacionales y/o inclusive “ser transversales” que, entre nosotros, vaya a saber qué significa para ellos. 

 

Finalmente, “…y al vino, vino”

¿Cómo encaja Rosso en este “…y al vino, vino”, es decir,  en lo no dicho, lo escamoteado? Veamos:  Rosso no dice:  Saiz, “haceme senador”.  No lo necesita, porque Rosso tiene la llave de la puerta que otros no tienen: la del Presidente.  Rosso recuerda que no le fueron del todo leales algunos círculos próximos del presidente allá por agosto del 2003, pero no obstante, conserva intacta la amistad con el Sr. Presidente.  También recordará siempre aquella famosa frase de Julio Salto que, para prevenir desánimos, quedará en los frontispicios de futuras alianzas: “me cansé de ser oposición, por eso me voy con el gobierno” (¡Grande,  Julio!!!).  Rosso podría haber subido al palco en San Antonio solo, sin intervención de nadie del espectro radical, pero no le importó ni midió las consecuencias. Se subió y chau.  Tampoco le importaron las consecuencias al alejarse del PJ y sumarse al Proyecto del Partido de la Victoria.  Es más, aún tiene posibilidades de recomponer sus fuerzas y constituirse en alternativa; pero cuidado, porque falta camino por recorrer.  En este punto es donde comienza toda una operación de pinzas que busca desactivar desde hoy en adelante (acordando con el Sr. del bisturí) la figura de Eduardo Rosso, pues de lo contrario, se convertiría en la “síntesis” de la oposición en el 2007, dando lugar a que “se le ponga rezongona la chancha” al radicalismo. Ahí se juegan “a cara o cruz” centenares de cargos y miles de prebendas.  Se rasgaría esa fina telaraña de dominación. 

 

Operación “Lija fina”

Digo “operación de pinzas”, porque resulta evidente la coincidencia de intereses: por un lado la necesidad del radicalismo de  perpetuarse en el gobierno y por otro, dar difusión a las “preferencias” indisimuladas por determinados candidatos por parte de algunos medios de comunicación que, como si fuera poco, se manifiestan decididamente en contra del proyecto del Presidente Kirchner.

 

Porque, divaguemos, dejemos volar la imaginación, total…:  ¿Qué pasaría si se lograra oportunamente un acuerdo entre Rosso con su Partido de la Victoria, otras fuerzas políticas del Movimiento Nacional y el PJ provincial previo ineludible saneamiento? ¿No sería una solución para el Presidente, para Rosso y para los peronistas y, en su reverso, un problema para los que dominan clientelarmente la administración provincial?

 

Por lo expuesto, no resulta sencilla la posición de Rosso, ubicado junto a los que lo siguen, en el paso obligado de los que trajinan hacia la bendición del gobierno central. Valioso nodo en la circulación de influencias. También peligroso.  Tal vez por ello sus adversarios hayan preferido “lijar” su imagen con lija fina lo suficiente como para “desactivarlo”, “por las dudas”.

 

Por eso, “al pan, pan y al vino, vino” (para mí, si es malbec, mejor) y “al que le quepa el sayo, que se lo ponga”

 

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