Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

Política desde la anti-política

Posted by Miguel Contissa en septiembre 21, 2008


Opina Miguel Contissa
El tema es la reforma de la Carta Orgánica Municipal y los discursos (políticos) que se realizan en su nombre.

Publicado en Diario Digital el 23 de marzo de 2006

Días atrás, el intendente Municipal en una reunión con algunas Juntas Vecinales y antes de su casi segura desvinculación con quien le proporcionara su sostén electoral como es el partido radical rionegrino, les realizó a esas Organizaciones Libres del Pueblo (OLP) un pedido insólito: “Que no se politice la reforma de la Carta Orgánica”.

Mas allá del verdadero desconocimiento y poco interés que se observa en el ciudadano común por este trascendental acontecimiento sobre el que existe disenso por el momento en que debe realizarse, lo cierto y curioso es que muchos actores inmersos en la actividad política, absurdamente, la practican produciendo discursos desde la negación de la misma, es decir, desde la “anti política”. Se refieren a “los políticos” o “la política” sin disimular su profundo tono peyorativo y discriminador. Como si ellos, que operan en la misma actividad, no fuesen también y obviamente, “políticos”.

El esfuerzo por diferenciarse entre pares parece exigirnos, al menos, alguna interpretación. Ensayaré alguna sin que eso signifique explicación, porque el pedido de la figura política máxima del municipio, parece obligarnos a esto.

La reprobación desde sus entrañas y sin las necesarias salvedades, tal vez pueda entenderse si tenemos en cuenta el enorme deterioro sufrido por esta actividad pública como consecuencia, en parte, de tanto discurso liberal y neo liberal en su contra. Es decir, la gota que horada la piedra. No importa ahora si coincidimos o no en otros aspectos con Karl Schmidt, pero al respecto, este filósofo alemán decía allá por los ‘30 que “el liberalismo condujo a la política hacia la nada, hacia el vacío, convirtiéndose en una “maldición” que extinguió la gloria de la política, para sustituirla por la banalidad de la economía”.

¿No me diga que usted no percibe “en el aire” algo parecido? ¿Cuántas veces desde los sectores económicos, financieros y/o instituciones que pretenden “clarificar” al ciudadano habremos escuchado discursos en contra de “la política” y “los políticos”? Tantas fueron, que muchos, pero muchos, muchos ciudadanos actores o no de la política terminaron por incorporar en sus propios discursos este prejuicio.

Fueron horadados por la gota. Pero, ¿qué significa esa “doble faz”, esa contradicción entre palabra y acto, eso de que “soy político pero yo no hago política”, o la otra, “yo actúo en política, pero no soy político”? ¿Qué se esconde tras esos actos “no expresados”? Tal vez, un lamentable estado de vacío intelectual e ideológico. Tal vez pragmatismo amoral. Probablemente, política desde la anti política, dando lugar a que alguno lo considere un lamentable acto de hipocresía y cinismo.

Como diría Aristóteles 2.625 años atrás: todos, salvo un dios o un bruto, al interrelacionarse dentro de la “polis”, somos hombres políticos. Por ello, todo lo que se haga dentro de ella, es “política”. Será mala o buena, pero siempre que se refiera a los asuntos públicos, a la res pública, será política. Será mala política si los que la implementan, nos conducen, como comunidad, hacia la corrupción en cualquiera de sus variantes; será buena si, como decía el presidente Juan Domingo Perón, los funcionarios y ciudadanos se conducen con virtudes morales como la humildad, la dignidad, la modestia, la sinceridad, la generosidad, el desinterés, la solidaridad y la lealtad. ¿Cuántos de los que actúan en este momento en política están cumpliendo con las mismas? ¿Qué pregunta, no?…
En el otro universo ético, opuesto al anterior, algunos filósofos políticos, apoyándose en el criterio de “necesidades de Estado”, establecían una ética especial para la política; algo así como que aquello que era obligatorio para la moral, no lo tenía que ser para la política. El fin justificaba los medios. La moral, se juzgaría con criterios normativos; la política, de acuerdo a los resultados. Es decir que, como actor político, podría llevar adelante acciones políticas inmorales o amorales, porque serán juzgadas en función del éxito o fracaso. Se abría así un intersticio justo para “el pragmático”.

Siguiendo esta línea de pensamiento, también podría entreverarme en cualquier lista sábana, con el partido que más me ofrezca para sostenerme en el cargo sin reparar si ayer conformé otra “alianza” o si lo denosté. “Es que soy un hombre pragmático y no tengo dudas de que mi pueblo me merece. Mis razones son razones de Estado…”

Pero volviendo al comienzo y pañuelo en mano, digo que nunca será suficiente el lamento que pueda expresarse por el daño causado a todos los cuadros políticos de nuestro país mediante este ataque sistemático y fatal a la cultura cívica por parte del liberalismo y del neo liberalismo; por esta despolitización de la vida ciudadana; por el intento y casi consumación de la desideologización de la actividad política. Por eso no suena extraño que el principal actor político del municipio, la figura más alta del universo político local, “a contrario sensu”, pida desde la anti política que “no se politice la discusión de la Carta Orgánica” sin percibir que ésta, ofrece el marco a las instituciones políticas de nuestra sociedad, representando un “ordenamiento” de poder y autoridad. Si por alguna razón, cualquiera sea, los ciudadanos perciben que se puede producir una acción que altere esas instituciones, sus acciones para sostenerlas o modificarlas pasan a ser “políticas” y a integrar la “naturaleza política” porque son o están dentro de ese ámbito.

No politizar la discusión como pide el señor Intendente, significa salir del ámbito político, salir de lo público, salir de lo que me interesa como ciudadano. Ahora, si el ámbito político no es el apropiado para discutir el marco y destino político de la ciudad, en un contexto de participación y solidaridad, ¿cuál debería ser? ¿El ámbito del “mercado” en el que todo se compra y se vende y en el que reina la lógica del egoísmo individualista? Si así fuere, habría muerto la política y correríamos el riesgo de terminar, como dicen algunos, en manos de “administradores” o “gerentes” que sólo tienen un interés: sostener a toda costa “su” cargo en la administración pública; estaríamos a merced de esos a los que Max Weber calificó de “burócratas sin alma”.

Una pregunta más: ¿Debo ser optimista y suponer que lo del señor Intendente fue una frase desgraciada?

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