Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

AFJP: del Caribe a Wall Street

Posted by Miguel Contissa en octubre 10, 2008


Por Jorge Rachid

9 de Octubre de 2008

H

ace unos años, en julio de 1994, en pleno esplendor neoliberal en la Argentina, se aprobaba en las cámaras de Diputados y Senadores la Ley 24.241 que fracturó el Sistema Previsional Solidario, entregando el ahorro interno genuino de millones de compatriotas a la voracidad codiciosa de los bancos a través de las AFJP.

En el llamado “mercado de capitales” –en la Bolsa de Buenos Aires– festejaron ese instrumento legal como un campeonato de fútbol: habían ganado el partido exigido por el Banco Mundial.

El Ejecutivo de ese momento anunciaba la entrada de nuestro país al “primer mundo”; los legisladores, muchos de los cuales aún ocupan sus bancas u otros cargos ejecutivos, se abrazaban como si hubiesen recibido “un aguinaldo extra”; los comentaristas políticos hablaban de la “derrota de la corrupción” en las cajas estatales de jubilados. Los jubilados, mientras tanto, seguían reclamando en las puertas del Congreso algún aumento que no percibieron por más de 10 años, sumado al  descuento radical del 13% de los haberes jubilatorios ante la crisis del “corralito”, del año 2001.

En tanto las publicidades de las AFJP seguían mostrando cómo el futuro venturoso se abría a los jubilados, en la etapa de abuelos, jugando con sus nietos en playas caribeñas, a diferencia de las calles plagadas de jubilados mendicantes y rencorosos productos del “injusto” sistema de reparto que, según el mensaje en boga, había sido vaciado por la corruptela política.

Así teníamos los argentinos aportes socialistas obligatorios, para prestaciones liberales o sea individuales, cortando la ecuación solidaria: sencillamente quien más gana aporta por quien menos gana, el más viejo por el más joven y quien está sano por el enfermo. “Descreme” se llamó a esta ingeniería financiera donde se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias.

En definitiva, una supuesta corrupción pública se cambió por una corrupción privada, “legal”, que autorizaba y lo sigue haciendo un descuento del 30% sobre el capital depositado, en concepto de ganancias de la AFJP, seguros de  muerte e invalidez y gastos administrativos incluyendo publicidad. Los trabajadores aportando para las  pautas publicitarias de las AFJP, un verdadero despropósito.

Dicho porcentaje es irrecuperable aún con crecimiento del 5% anual ponderado por 30 años, historia no registrada en el mundo contemporáneo en ningún lugar del planeta, lo cual hace que los supuestos beneficios de la timba financiera sean sólo expresión de la estafa más escandalosa de los últimos 30 años en la Argentina.

Hoy la crisis desnuda en toda su magnitud estas denuncias realizadas por el autor y otros argentinos alrededor del sistema previsional argentino. El derrumbe de la mentirosa burbuja financiera, apuntalada por los popes de los organismos de créditos multilaterales durante años, de exigir ajuste tras ajuste a los países emergentes, fortaleciendo sus mercados de capitales y créditos insolventes como ya lo demostraron décadas atrás compañías como ENRON en Estados Unidos y Parmalat en Italia, que arrastraron papeles argentinos de AFJP en su debacle, situación jamás presentada por la prensa argentina. Esta situación se debe a la modificación introducida por el gobierno de la Alianza al menú de inversiones de la Ley 24.241, al permitir hasta casi un 9% de posiciones externas de los papeles, muchos de los cuales hoy están en Wall Street, sobre un total de 30.000 millones de dólares en poder de las AFJP.

Los analistas del mundo hablan ahora de codicia, irresponsabilidad, falta de regulación, corrupción, neoliberalismo, capitalismo salvaje, irresponsabilidad, entre otros adjetivos usados para despegarse de la responsabilidad de apuntalar durante años un sistema, que siempre es sostenido por los sectores trabajadores, sea en el país que sea. No aparecen las recetas mágicas del pasado, ni los monitoreos, ni la decisión del Estado ausente ni del mercado como dios ordenador del sistema. Todo es callado, todo ocultado, como la deuda interna argentina y la apropiación del ahorro interno genuino de los trabajadores de este país y la situación de nuestros jubilados.

Sin más, no aparece en los medios que en los próximos resúmenes de las AFJP aparecerán pérdidas mayúsculas en las notificaciones de capital acumulado. O sea: que los argentinos afiliados o empujados al sistema de AFJP, no sólo estarán pagando un 30% de su capital a quienes dilapidaron sus ahorros, sino que perderán capital acumulado durante 14 años de trabajo y de ganancias de la aseguradora. Si un trabajador hoy tiene 7.000 pesos acumulados es porque aportó 10.000, de los cuales 3.000 los pagó para que mañana le digan que gracias a la gestión de su agente asegurador, ahora tiene 5.600 pesos de capital.

Esta crisis presentada como global, dramática, terminal, destructora de empleo e ilusiones junto a proyectos de vida, seguramente llegará a la Argentina de forma algo atenuada aunque no menos dramática, por haber abandonado en su momento, el camino de la sumisión a los dictados extorsivos del llamado “imperio global”, que durante años marcó la política doméstica detrás de dictadores primero en 1976 y demócratas ilusionistas algunos, virreyes otros y conformistas administradores, testigos de la historia antes que protagonistas que les sucedieron.

La democracia producto del Consenso de Washington, sólo fue aceptada por los centros de poder en tanto fueran cultoras del mercado, como única  herramienta económica permitida por el poder, como quedó demostrado con los procesos de Bolivia, Ecuador y Venezuela, atacados sin piedad por la asunción de decisiones soberanas.

Es el momento entonces de tomar decisiones sobre las AFJP. Ese capital que hoy bordea los 30.000 millones de dólares, cuyos títulos están en manos de banqueros tan inescrupulosos como los de Wall Street y son producto del esfuerzo de 14 años de trabajo argentino, deben pasar a ser administrados por el Estado.

Una propuesta sería constituir un fondo fiduciario que conserve la titularidad de los aportes e incluso los incremente a futuro, pero sin el descuento de ganancias de las AFJP, sino del 5% para los gastos administrativos del fondo, para lo cual sólo se debería modificar la Ley 24.241, conservando las propiedades de la misma en el esquema provisional y mantener la seguridad jurídica.

Con respecto a las AFJP que se constituyan en su ámbito natural, la Superintendencia del Seguro, y operen desde ahí a demanda, sin el aporte obligatorio de la ley, sometiéndose a las leyes del mercado que tanto pregonan, donde los argentinos que quieran y tengan recursos excedentes puedan participar de la timba financiera si lo desean.

De esta manera el Estado Nacional recuperaría su potestad sobre el sistema previsional argentino, de acuerdo al artículo 14 bis de la Constitución Nacional.

Las crisis deben resolverse por arriba ya que significan peligro y oportunidad. Conservar elementos nocivos en una estructura tan sensible socialmente como la previsional, es un suicidio a futuro. Es quizás el mejor momento de avanzar sobre un poder excluyente de los últimos años de la patria financiera, que sometió por décadas al pueblo y a los gobernantes argentinos.

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2 comentarios to “AFJP: del Caribe a Wall Street”

  1. […] publicitários em seus programas. Mais opiniões a favor podem ser lidas em El Bar de Moe [Es] e em Miguel Contissa [Es]. Este último aponta que entre as despesas administrativas que as AFJPs podem cobrar de seus […]

  2. […] قراءة المزيد من الاراء المؤيدة للمشروع في El Bar de Moe و Miguel Contissa. حيث يقول الأخير أن AFJP كانت تتقاضى كلفة الإعلانات من […]

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