Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

¿Hasta cuándo?

Posted by Miguel Contissa en junio 26, 2010


Por Miguel Contissa

 Recuperada en gran medida la calma luego de los luctuosos sucesos de días atrás, sólo me queda por preguntar ¿hasta cuándo los barilochenses debemos suponer que estamos enfrentados como enemigos? ¿Quiénes instalaron esa teoría?

 En esos días escuché de todo. Especialmente en los medios de comunicación locales. ¡Qué fácil les resulta a algunos sumarse al discurso demagógico llegando incluso de modo inconciente a la apología del delito! Porque no dudo que hay inconciencia e irresponsabilidad en todos ellos cuando, luego del relato, interpretan los hechos de modo tal que aumentan el pánico y la belicosidad.  También la televisión hizo lo suyo.

 Bariloche no tiene una guerra de ricos contra pobres como se afirma rápida y livianamente desde algunos medios tanto locales como porteños. Esa es una reducción simplista de un complejo cuadro social y económico. En todo caso, y si aceptamos la existencia de un conflicto social, sería entre pobres contra pobres, que no es lo mismo. Esta ciudad tiene desde 1986 contradicciones y tensiones como cualquiera otra de nuestro país como consecuencia del gran aluvión migratorio y pésimas políticas sociales. ¿Por qué debería ser diferente a otras del país?

 En esta vorágine mediática en la que rápidamente aparecieron comunicados a granel, no se dudó en sentenciar antes que la justicia lo haga. Lo grave es que este estilo de hacer “periodismo” o política desde las organizaciones que se dicen no políticas, impide que el ciudadano común exprese otro punto de vista sin que estos “inquisidores” lo etiqueten de adicto a cualquier dictadura o proclive a la pena de muerte. Este género que sitúa en la audiencia un discurso único e inapelable, hace tiempo que está instalado y es utilizado por minorías que se sienten dueñas de la opinión verdadera, significando esto toda una calamidad para la democracia.

 No hubo límites. Dentro de ese inusitado afán de protagonismo mediático se llegó a pintar a la sociedad de Bariloche como proclive al nazismo!

Fue una atrevida carrera en la que se vertían, en busca del “micrófono de plástico”, etiquetas cada vez más audaces o todo tipo de diagnósticos apocalípticos para aquel día en se produjeran los cepelios de las víctimas.

 Amigos: La comunicación social no puede carecer de responsabilidad, idoneidad y veracidad. Es conveniente que prescinda de la futurología.

 Por eso me pregunto cuándo será el final y a cargo de quién está el compromiso de convocar a la calma y al diálogo.

 El suceso inicial fue una chispa en un pajar seco y abundante.

Los actores proceden del mismo lugar: del Pueblo. También ambos eran muy jóvenes.

¿Quiénes los enfrentaron esa noche?

 Es mucha la hipocresía que navegó sobre sangre una vez conocido el lamentable episodio. También fueron muchos los ausentes a la hora de explicar el suceso convertido en fracaso social.

 De ahí que cada cual, que cada interesado haya sacado sus propias conclusiones cortando, si quería, todo lo ancho posible. Algunos, que siempre están al acecho, para “acentuar las contradicciones”. Otros, que soslayan realidades, para desligarse de su responsabilidad social y política.

 No quiero analizar la grave crisis por la que atraviesan varias instituciones de la provincia, especialmente la policía, porque eso me desresponzabiliza como integrante social. Pero es para repetir que nuestra ciudad, al igual que su geografía,  tiene un complejo cuadro socioeconómico. Afortunadamente, la inmensa mayoría de la gente que habita barrios populares no perdió la cultura del trabajo, si bien todavía puede que no sea todo lo abundante que supo ser hace 25 años. Esto los inmuniza frente a la salida fácil que ofrece el delito y rompe la estigmatización que se hace de ellos.

 Sin embargo y paralelamente, la droga en todas sus variantes, más el alcohol de acceso fácil en cada esquina, destroza lenta y progresivamente a la juventud que no encuentra motivos para el esfuerzo.

 En este cuadro, es imprescindible que se imponga desde el propio Estado una política de contención que modifique el horizonte a los desanimados. Una política que no puedan soslayar los hipócritas de cualquier clase social, incluida obviamente “la clase política” que hace más de treinta años medra con estas miserias. Una política que vaya más allá de la asistencia clientelística. Que dignifique al que la recibe y lo convierta en ciudadano virtuoso.

 No obstante y mientras tanto, mientras los responsables despiertan de la siesta y dejan los cómodos y tibios ambientes del gobierno, cada barilochense deberá asumir su cuota de responsabilidad y solidaridad para con el otro.

 Si cada uno de nosotros hace “algo” por el vecino, por el prójimo, no sólo estaríamos actuando como verdaderos cristianos, sino que habremos derrotado a la pobreza estructural, aquella que degrada, que deshace las bases mismas de la moral popular.

 Bariloche, 25 de junio de 2010

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