Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

¿Cómo alcanzamos un Bariloche vivible?

Posted by Miguel Contissa en septiembre 8, 2010


Por Miguel Contissa

Días atrás, en una de las primeras reuniones del Consejo de Planeamiento Estratégico, nos preguntaron qué Bariloche esperábamos para dentro de 20 años.  Mi respuesta fue categórica: un Bariloche vivible.

 

El presente

 A través de la puesta en marcha de la Ordenanza Nº 1994/09 que se apoya conceptualmente en la que fuera aprobada dieciséis años atrás como es la Nº 419/94 se alcanzó a conformar una de las dos instancias institucionales previstas en sus artículos como es el Consejo de Planeamiento Estratégico. Este ámbito, integrado por representantes de los distintos sectores públicos y privados de la comunidad, tiene como finalidad realizar un inventario de proyectos y propuestas para que la Unidad de Planeamiento Estratégico considere las viabilidades pertinentes.  Es a partir de aquí que se comienza a delinear el horizonte de esta ciudad que se desea en armonía con el entorno ambiental y en pleno ejercicio de la justicia social.

 Al afirmar lo anterior, se reconoce “a priori” que en la actualidad algo nos perturba: es el serio pasivo ambiental, social y urbanístico que le otorga a la ciudad el distintivo de “casi invivible”.  Las características y efectos que tienen éstos,  pueden convertir a todo el conjunto en algo irremediable si no prospera una política sensata y activa de reparación de lo ya afectado, como también una urgente previsión de acciones futuras. Para ser efectiva, deberá ser una política multidimensional.

 No es de mi interés abundar sobre la importancia que reviste el lugar elegido originariamente para el emplazamiento de lo que hoy es Bariloche. No obstante,  quiero destacar que este entorno ambiental natural se comenzó a modificar progresivamente desde principios del siglo XX como consecuencia de la actividad humana que buscaba mejores perspectivas productivas, conformando con el tiempo un creciente conglomerado urbano.  Pero más allá de ese impacto que podríamos calificar de negativo inevitable, se produjeron otros que podrían haberse salvado. Me refiero a los realizados en nombre del “progreso”, entendido a éste como al avance irrefrenable hacia algo superior dentro de la vida humana.

 Afortunadamente, gracias a la participación activa de muchos actores sociales y políticos esa concepción va siendo acorralada por nuevos y mejores criterios a la hora de evaluar cómo queremos que sea el futuro para el Hombre; y porque también quedó demostrado que todo lo alcanzado por esa idea de “progreso” ha conducido a la infelicidad, a la deshumanización de las personas. Resultó ser sólo el triunfo del tecno-capitalismo, diría Heidegger.  Sin Justicia Social, afirmaría Juan Perón.

 El futuro:

 Luego de algunas décadas, vuelve a instalarse en la sociedad la idea de planificar el crecimiento como camino para satisfacer las necesidades de bienes de los ciudadanos.  Si tenemos en cuenta que la “planificación es consecuencia necesaria de la organización, e instrumento para la conducción concreta” –tal como se afirmaba en el Modelo Argentino de 1974 –, es urgente acelerar la organización y consensuar a fondo dentro de la comunidad la idea, el “concepto” de desarrollo que debe enmarcar cualquier proyecto de plan, sea táctico o estratégico. Debemos saber de qué hablamos. Esta noción debería ir más allá de lo que se afirmaba en el trabajo de North (1990) cuando definía al desarrollo “como un proceso de creación de normas y patrones de comportamiento, de marcos legales y regulatorios, y de organizaciones que permiten reducir los “costos de transacción” (información y negociación, vigilancia y control de contratos), gracias a lo cual es posible crear y desarrollar mercados.”   En una visión actualizada y teniendo en cuenta los resultados, debemos cambiar el eje alejándonos del mercado para acercarnos al Hombre. No hay progreso si la felicidad del Hombre no es el fin del esfuerzo colectivo.

 En ese sentido, tal vez no sea suficiente decir que queremos un “desarrollo sustentable”. Debemos superar el simpático enunciado o la usual expresión de deseos aclarando cómo se implementa su realización.  Por ello, a la sustentabilidad la imagino como a una ecuación. Las variables que intervengan para alcanzar un resultado sustentable, deben ser una vez determinadas, lo suficientemente estables como para que no lo alteren dentro del proceso histórico. Como dice Roberto Kozulj: “si de un cordero comen 10 y de pronto me aumentan los comensales, o agrego cordero o quito comensales”. Para este ejemplo, si el resultado que se busca es “saciar el apetito”, serán decisiones políticas consensuadas las que deberán modificar las variables intervinientes.

 Con nuestra ciudad podemos hacer un ejercicio similar. ¿Qué tenemos que hacer los barilochenses para hacer vivible esta ciudad de modo constante en el tiempo? ¿Cuáles son las variables que deberían intervenir para determinar el resultado que buscamos, esto es, un Bariloche vivible?

 Se me ocurren, a modo de ensayo, algunas que van de lo particular a lo general, sin dejar de percibir el grado de sensibilidad que cada una expone, o considerar la característica de economía dependiente que tiene la ciudad:

  • Espacio vital individual, entendido esto como aquel que puede ser asignado a cada familia para vivir dignamente, es decir, sin aglomeraciones perturbadoras de la psiquis de los habitantes.
  • Espacio vital colectivo, es decir, superficie del ejido municipal que contenga sin tensiones toda la actividad humana.
  • Cantidad de habitantes permanentes posibles en ese espacio vital colectivo.
  • Una Producción Bruta Interna que responda a las necesidades a satisfacer de todos los habitantes de ese espacio vital colectivo.
  • Un ordenamiento territorial que ubique espacialmente a las actividades económico-productivas, en particular, aquellas que puedan provocar impactos lesivos al patrimonio comunitario, sean éstos visuales, sociales o ambientales.
  • Y, sin que aquí se agoten las variables, todo lo anterior debe ser realizado dentro de un marco de Justicia Social, pues sin ella, no sólo no tendría sentido todo el esfuerzo empleado, sino que volveríamos a cometer el mismo error de aquel “progreso” que tanto daño causó a la humanidad.

 Como todos sabemos, la enumeración anterior de variables no es novedosa, como tampoco nuestra actual inquietud. Hace más de 2.500 años ya las planteaba Aristóteles cuando pensaba en el equilibrio que debían tener las ciudades griegas. La cuestión pasa por saber si somos capaces de llevar adelante una política que resuelva las tensiones y hasta las contradicciones que se generen por el cambio de variables. 

 Como posibilidad y porque tengo sentimientos enfrentados, me pregunto: ¿Nos animaremos a poner límite al crecimiento del Espacio Vital colectivo;  o a la cantidad de habitantes permanentes, por sólo mencionar a dos de las seis descriptas? ¿Pasan por ellas parte de las soluciones? 

 Finalmente, y teniendo en cuenta lo anterior, no tengo dudas que los barilochenses no tendremos salida de modo aislado, es decir, sin que se considere a la región que tanto influye en nuestro destino.

 Bariloche, es PARTE de un TODO, y si pensamos en esta ciudad no debemos soslayar a la región.

 Ávido de respuestas, me sigo preguntando: ¿cuál será el camino para encontrar un Bariloche vivible? 

 El tiempo dirá.

 Bariloche, 8 de septiembre de 2010

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