Miguel Contissa

…uno más de la diáspora peronista…

Fractura expuesta

Posted by Miguel Contissa en enero 5, 2013


Por Miguel Contissa

miguel@contissa.com.ar

La situación institucional barilochense me trae la imagen de una “fractura expuesta”, pues pone a la vista  el tremendo trauma interno que se generó a partir de algo tal vez accidental. Digo tal vez  para no ser duro en esta hora, porque todo parecía indicar que “el sogazo” se venía; que “el accidente” estaba agendado. Hoy lloramos sobre la leche derramada y nos espanta el dolor que provoca ese hueso que asoma, esa carne desgarrada, esas arterias y venas sangrando y que escapan del tejido que los contenía. Es tarde. Es hora de quirófano o la gangrena puede aparecer y aumentará los riesgos del paciente. Es hora de decisiones políticas en las que se debe tener bien en claro qué cosa es el gobierno y qué otra cosa es el poder.  Hora de saber si se puede gobernar sin poder, por más valiente que uno sea. Sin esta diferenciación necesaria, es el organismo social el que se verá afectado más de lo soportable.

Hace un poco más de un año, cuando todavía el peronismo no había asumido el gobierno, publiqué en mi blog este comentario que quiero compartir con ustedes en función de la actualidad que mantiene lo allí expresado. Decía en noviembre de 2011

 “Dentro de casi un mes, tanto para este municipio como para la provincia “los planetas procederán a alinearse” como no sucedía desde 1973.  A este acontecimiento los peronistas rionegrinos, y especialmente los barilochenses debimos esperarlo treinta y ocho interminables y dolorosos años en los que la desidi;, la desmovilización de los militantes devenidos en punteros; el abandono de la ideología por parte de un sector de la dirigencia; el antagonismo interno sin límite y el travestismo político fueron la característica distintiva.

No obstante, el “homo” peronista siempre estuvo ahí, a la expectativa, esperando su turno para manifestarse aunque sea con su voto en una interna o en la “general”.

Finalmente llegó el día y todo parece ser promisorio. Todo parece ser historia y, como tal, muchas veces olvidada.  Sin embargo no estoy seguro si el necesario proceso de recomposición interna alcanzó el suficiente grado de madurez como para aventurar miradas optimistas a futuro.  El peronismo alcanzó el gobierno en los tres niveles y eso estimula a muchos a suponer que alcanzamos “el poder”. Es en este sentido que quiero reflexionar, pues sólo llegamos “al gobierno”, que no es lo mismo.

Allá por septiembre de 2006 decía que  es común escuchar en muchos actores políticos, especialmente aquellos de “ideología líquida”, esos andinistas de la política, prometer o advertir sobre acciones futuras para “cuando se llegue al poder”, como si esa instancia fuese un sitio ubicado a la vuelta de la esquina o componga algún circuito turístico.

En realidad, el discurso contiene una proposición: “el día que se logre estar en el gobierno” (tal vez) se cumplirá con lo expresado públicamente, confundiendo indebidamente el gobierno con el poder. En el mundo real, es posible acceder al gobierno, pero eso no implica necesariamente “tener el poder”. En este sentido, la historia del peronismo tiene muchos antecedentes al respecto cuando, especialmente en épocas de su proscripción, lograba incidir sustantivamente en el desarrollo de los acontecimientos políticos y sociales.

Ahora bien, el poder que sirve, que trasciende, que revoluciona, no es un “objeto” ni un sitio. Por ello, la ideología peronista, en su esencia, no lo piensa para la “dominación”, sino para la “liberación”. Lo considera propio de las relaciones humanas que serán, de una u otra manera, sociales y políticas. De ahí que la “construcción” de ese poder se ajustará, al igual que para los sujetos, a una intensa lucha por “el reconocimiento” por parte de los demás. Una vez logrado el “quién, cómo y cuándo” se es reconocido, podemos afirmar que estamos en presencia de, al menos, una porción de “el poder”.

 En otro sentido, el gobierno, en términos de administración del Estado, desde ya “objeto” y como tal, no tengan dudas que puede ser aprehendido dentro del sistema democrático mediante sus prácticas habituales, si la sumatoria de adherentes a ese proyecto es suficiente como para superar a los adversarios. Un solo voto más, alcanza. Pero esta conquista, sólo habilita a utilizar los recursos coactivos que tiene el Estado y que constituye el extremo opuesto de gobernar mediante la persuasión y el reconocimiento.

 De este estilo de gobierno, la historia argentina tiene sobrados y tristes recuerdos. Por eso, “gobernar es persuadir”, decía Juan Perón.

El destino ha querido devolvernos treinta y ocho años de historia y nos ubica en la misma posición cósmica que alcanzamos con Perón en vida.

 El radicalismo y su aceitada  máquina electoral se trabaron, dejando tras su paso una tierra arrasada. Casi no hay ladrillo sobre ladrillo. Es por ello que  La realidad nos muestra que los rionegrinos necesitamos recrear una nueva sociedad, más solidaria, más justa y más libre. El poder que hoy necesitamos construir, el “nuevo poder”, el que nos conduce a la “liberación”, deberá ser popular a partir de nuevas relaciones sociales y políticas, con un discurso y una acción sólida que incluya una idea superadora de la realidad alienante; con ejemplo cívico; lejos del egoísmo personal, de la trenza; cerca del “otro” a partir de la cooperación.

 Por lo tanto y para que algo cambie, en la construcción del “nuevo poder” y dada su indelegable misión histórica, el peronismo rionegrino deberá esforzarse en realizar un mejor desarrollo de estructuras organizacionales que presenten individual y colectivamente signos de verdadero y sentido “reconocimiento” por parte de la sociedad; que respondan claramente a las aspiraciones siempre vigentes de los sectores populares. Ese poder, ese “nuevo poder”, el peronismo debe construirlo desde la base como son sus organizaciones barriales, municipales y territoriales que, actuando solidariamente y en red, podrán configurar un proyecto de desarrollo común en el que se deberá rescatar las utopías y se revalorizará el trabajo. Entonces, estará a la vista que no hacen falta “padrinazgos” ni “bendiciones presidenciales” cuando se piense en el gobierno provincial, pues esa organización peronista será el fiel reflejo de los intereses del pueblo, y contra eso nadie se atreve y todo se alcanza.

 Es por lo tanto necesario rescatar el concepto de organización, pues las voluntades individuales, por válidas que sean o respaldo institucional que tengan,  no son suficientes y en muchos casos sólo representan apetitos personales que suelen no estar a la altura de las circunstancias.

 El gobierno no es el poder. El poder no es el gobierno. No obstante, ambos tienen que servir para liberar al Hombre.

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